Brecha Digital

La izquierda esquizo

Que estamos en una época de cambios es incuestionable. Pero las transformaciones impulsadas por el partido de gobierno avanzan a los empujones, y se plasman en leyes y líneas políticas que responden a distintas constelaciones ideológicas, generando así una suerte de puzle excesivamente pragmático y contradictorio. Por ejemplo, mientras el Parlamento hace poco más de un mes legalizó el aborto en los centros de salud –con todas las limitaciones a las que nos condenó tener dentro del fa a alguien como Lima– y dio esta semana media sanción al proyecto de matrimonio igualitario, el Senado también este lunes 11 aprobó la modificación al Código de la Niñez y la Adolescencia, estableciendo ahora una pena mínima de un año para las “infracciones gravísimas” que cometan los adolescentes.

Con la legalización del aborto y la aprobación en breve del matrimonio igualitario se produce claramente una ampliación de derechos y un avance en la calidad democrática. Con el establecimiento de penas mínimas para los “menores” no se hace más que abonar la ya tradicional criminalización de los jóvenes y la teoría obsoleta de que el aumento de las penas inhibe la acción delictiva.
En el tema de las drogas se pueden percibir similares contrasentidos: mientras el proyecto de regulación de la marihuana anuncia con bombos y platillos el fracaso del prohibicionismo, el proyecto de internación compulsiva (aun en sus versiones más suavizadas) promete una enorme iatrogenia y actualiza una de las peores versiones de la estrategia de “guerra a las drogas”.
Cambios de signo muy distintos, que revelan la tensión entre una parte de la izquierda que se recuesta en lo punitivo y otra que quiere radicalizar la democracia. La izquierda punitiva apuesta a que las normas y la “prepoterapia” re-disciplinen a la sociedad y establezcan el “orden” perdido (desplazamiento al que se llegó luego de la derrota ideológica del fa en los temas de seguridad ciudadana), mientras que el impulso más libertario y garantista busca legitimar nuevas formas de ciudadanía y avanzar en la conquista de los derechos civiles. No es un secreto que el Poder Ejecutivo presiona a legisladores y legisladoras con su agenda, mientras algunos buscan por lo bajo dar largas al asunto, suavizar, y establecer instancias de negociación que pongan coto al impulso transformador punitivo. El Ejecutivo a su vez deja hacer y avanzar en la agenda garantista, mientras se cumpla con sus exigencias. Este juego de tensiones genera así un escenario de avances significativos enmarcado en un trasfondo de signo conservador muy parecido al de fines del siglo xix, que ubicaba al Estado como responsable de disciplinar y encausar para generar y construir un orden social imaginado como deseable, mientras les reconocía en forma pionera derechos a quienes consideraba sujetos deseables e integrables. En definitiva, una suerte de “ortopedia de los pobres” en ancas de un gobierno progresista, en donde se superponen acríticamente visiones contradictorias del sentido último del proyecto político de transformación social y de cómo empezar a construirlo en el acá y en el ahora. n

 

* Docente, investigador, integrante de Ovejas Negras

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