Brecha Digital

Extrovertida y dependiente

La economía política progresista y sus límites

¿Traerá el reseteo del calendario maya el ansiado viraje a la izquierda del gobierno de Mujica? No tengo certezas, pero vaya un panorama de la economía política progresista (epp) que sigue inalterada y no disimula sus límites.

LA EPP Y SUS RASGOS. La dinámica económica se basa en un modelo extrovertido, basado en recursos naturales y en la inversión extranjera directa (ied) que monopoliza tales recursos y exporta commodities de bajo valor agregado (lo llamo modelo eeddie: extrovertido, extractivista, depredador y dependiente de la ied). Su desempeño es más dinámico que su homólogo neoliberal, teniendo como base social el mismo bloque dominante aunque incorpora variantes de legitimidad. Son características centrales que resaltan su alto grado de monopolio y también el alto nivel de ganancias basadas en bajas imposiciones tributarias, libertades de movilización de recursos productivos y capitales, junto con pocos controles e inexistentes exigencias de compromiso con algún encadenamiento productivo o con un manejo intergeneracional de tales recursos. La lucha distributiva se ve atenuada por un leve crecimiento de los salarios reales, siempre por debajo del nivel de productividad, complementado por políticas sociales orientadas a sectores marginados.
La epp tiene como dogmas un conjunto de equilibrios macroeconómicos de flujo, un nivel de endeudamiento alto de mediano y largo plazo, una estabilidad de precios recostada en un atraso cambiario sistemático, hasta ahora apuntalado por una región con premisas parecidas. El crecimiento económico, la apertura externa ampliada y el atraso cambiario conforman una fantasía macroeconómica que alienta el consumo interno y complementa la euforia de los precios internacionales de los commodities exportados.
Apuntalan lo anterior un sistema tributario bondadoso con el capital y una institucionalidad para el manejo de los conflictos sociales que genera legitimidad ante las frustraciones que las bases sociales de la izquierda recogen ante el cambio estructural ausente. Entre la batería de políticas que legitiman las decisiones controversiales anteriores están las “políticas sociales”, algunas “políticas de empleo”, la institucionalidad para la negociación colectiva entre trabajo y capital, aumento de los salarios mínimos y un sistema de salud que (financiado por el ahorro forzoso de los trabajadores) busca extender los servicios al conjunto de la población.
Los cambios productivos siguieron las condiciones internacionales (precios) e internas (bajas tasas impositivas o inexistentes para el gran capital, libre flujo y pobres controles, incluso ambientales) que permitieron potenciar sectores agropecuarios y servicios turísticos.
En el agronegocio sojero la mitad del área apta para siembra (600 mil hectáreas) está en manos de ocho empresas (sólo una de capitales locales). En el complejo maderero tres empresas extranjeras controlan el 65 por ciento del área sembrada, concentrando tierra, puertos y zonas liberadas de impuestos. De las diez primeras exportadoras siete corresponden a sectores no tradicionales, como el sojero y el maderero. En el sector tradicional de la carne, la industria de exportación está monopolizada por capitales brasileños. Los complejos de exportación tienen un nivel alto de concentración y casi exclusivamente lo desarrolla la ied, con tasas de contribución impositiva bastante menores a otros sectores económicos y un deprimido “derrame” en el conjunto de la economía.

LOS LÍMITES DE LA epp. Las fortalezas en términos de dinámica económica esconden un talón de Aquiles desde una “óptica país”.
Mayor inversión y dinámica económica varias veces por encima del relativo estancamiento vivido entre 1955-2003, un de­sempleo históricamente bajo, sectores agrícola-ganaderos fortalecidos posicionan al país como principal exportador en rubros como soja, madera y carne. En contrapartida, este éxito conlleva una alta concentración de la propiedad y los beneficios, pérdida de soberanía en la utilización de recursos estratégicos de la economía, extranjerización y reglas permisivas, tasas impositivas bajas al patrimonio productivo o regímenes de zonas francas que constituyen renuncias fiscales importantes en favor de la ied y el capital trasnacional.
Efectos positivos de corto plazo: dinámica económica, equilibrios fiscales, deprimida tasa de desempleo. En contraposición: imposibilitan la construcción de un sistema nacional de decisiones, una modalidad de desarrollo estratégico, corroyendo la legitimidad y continuidad de estas políticas. La izquierda enfrenta un proceso de deslegitimación constante, por más que se intentan políticas redistributivas, típicamente asistencialistas y que indudablemente son siempre ineficaces para emparejar una balanza sesgada hacia el bloque de poder dominante.
El pacto social que sostuvo las políticas neoliberales no cambió en esencia. Ni siquiera el pacto fiscal se modificó: en la estructura de la recaudación el iva sigue explicando más de la mitad de ésta. El impuesto al patrimonio es anecdótico, mientras el impuesto a la renta de las personas físicas (buque insignia del primer gobierno del fa) recauda un 86,2 por ciento de las rentas del trabajo y sólo un 13,8 por ciento de las rentas del capital. Pero el llamado gasto fiscal, que por excelencia lo gozan los megaproyectos de inversión, recibe el 5,66 por ciento del producto nacional (datos de 2011). Como contracara, la educación –una de las áreas más sensibles y cuyos logros se cuestionan– se lleva menos de un 4,5 por ciento de la riqueza nacional (lejos del 6 por ciento aconsejado por organismos internacionales). La vivienda, otro de los sectores estratégicos, se afronta con esfuerzos solidarios de los trabajadores y con presupuestos mínimos (1,8 por ciento del presupuesto), pero a la defensa nacional se destina más del doble (4,2 por ciento).

LÍMITES EXTERNOS E INTERNOS. Las exigencias de funcionamiento económico no admiten correcciones de estilo. Se necesitan cambios drásticos. Sin embargo, los discursos ideológicos repican con mejoras en la distribución del ingreso, fin de la pobreza e indigencia, prudencia fiscal pero a la vez avance de las políticas sociales, y todo defendiendo la lógica aperturista, concentradora y excluyente de siempre (“reglas del juego”).
La apertura irrestricta de la economía y las condiciones de inversión (o “ambiente de negocios”) resultan contrapuestas al mismo manejo de los riesgos. La entrada de capitales que potencia inversión y crecimiento pero aprecia la moneda, influye en los precios, agrava las condiciones de endeudamiento y las conductas de gastos. Más temprano que tarde la lucha distributiva se desata y los controles ideológicos o la cooptación de apoyos se verán reducidos. La tensión en la epp se desplaza en un eje histórico de crecimiento basado en deuda que camina en el filo de la navaja, con dificultades de apreciación cambiaria para la estabilidad de precios y la destrucción de las capacidades productivas enfrentando los límites de los recursos disponibles.
La concentración de recursos y beneficios se vuelve condición sine qua non del funcionamiento del modelo; el sistema tributario es parte del pacto social y es congruente con el bloque en el poder en el cual los gobiernos de izquierda eligieron basarse. La pregunta más difícil es por qué la izquierda gobernante eligió ejercer el poder bajo las prerrogativas del bloque dominante. La respuesta, quizás pragmática, es que fue lo más fácil y dio mayores “seguridades” de gobernabilidad.
Cambiar los soportes que permiten el ejercicio del poder en la sociedad exigiría apoyarse más en la clase obrera, en la capacidad de movilización de masas, en la pequeña y mediana burguesía vinculada al mercado interno, potenciar la colonización, desarrollar la industria más allá de los requerimientos de logística para el sector externo, etcétera. Y los presupuestos deberían expresar esas decisiones. Las palabras de la senadora Constanza Moreira (Brecha, 12-X-12) eximen de comentarios: “Sumados, los ministerios de Industria, Desarrollo Social, Salud Pública, Ganadería, no llegan al presupuesto que se lleva Defensa”. Esto desnuda la apuesta del gobierno y lo aleja del cambio estructural soñado desde la izquierda. n

*    Docente de la Facultad de Ciencias Económicas (Udelar) y miembro de la Red de Economistas de Izquierda del Uruguay (rediu).{/restrict}

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