Los docentes quizás sean el eslabón más importante de la sociedad. Educan a los científicos y a los escritores, a los políticos y a los artesanos, a los jefes de empresa y a los empleados; en una palabra, a todos los ciudadanos.
No esperen ustedes que haya buenos científicos sin buenos docentes: todos los investigadores pueden evocar a tal o tal profesor que supo despertar su vocación. Pero para que los docentes puedan desempeñar su papel es indispensable ofrecerles una formación de calidad... ¡y no es fácil! Entre 1990 y 2010, la formación de los docentes en Francia estuvo en manos de los institutos universitarios de formación de maestros (iufm).
UN SISTEMA QUE ERA PERFECTIBLE. En muchos de esos institutos, separados de las realidades del terreno de juego, la pedagogía se impuso sobre los contenidos de la enseñanza, y algunos cursos provocaron una mezcla de hilaridad, de consternación y de indignación entre los docentes.
Investigadores afamados ya han expresado a viva voz su pésima opinión sobre ese sistema. Para ser justos, sin embargo habría que señalar que en el seno de los iufm, junto con cursos malogrados, infantilizantes o dogmáticos, había otros que eran apasionantes, originales y motivadores.
El sistema era entonces perfectible, aunque para eso hubiera sido necesario evaluarlo con métodos eficaces y justos.
En 2010 los iufm fueron puestos bajo la autoridad de las universidades y la responsabilidad de la formación docente quedó parcialmente transferida a los másteres. Esta reforma, nacida tal vez de principios loables, fue realizada de manera apresurada y simplista, sacrificando, de paso, el año de pasantía remunerada al inicio de la carrera.
Algunas personas se inquietaron mucho e intentaron –a pura pérdida– detener el tren de lo que les parecía una grave amenaza para la capacidad de atracción del oficio de docente.
Lamentablemente, lo que vino a continuación les daría la razón: luego de la reforma de 2010 el número de cargos que lograron proveerse se desmoronó espectacularmente. En 2012, en el concurso del Certificado de Aptitud al Profesorado de Enseñanza Secundaria (capes),1 un puesto sobre tres quedó vacante en matemática y uno sobre dos en letras clásicas.
LA ENSEÑANZA SUPERIOR Y LA EDUCACIÓN. No piensen que esta crisis, alimentada por el desajuste en la formación de los docentes, sea asunto interno de la enseñanza: si perdura tendrá impacto sobre nuestra sociedad, nuestra economía, nuestro bienestar. ¿Por qué es tan difícil establecer el equilibrio en la formación de los maestros?
Primero, porque esta cuestión tiene que ver, a la vez, con la enseñanza superior y con la educación nacional,2 y es vital que los futuros docentes tengan trato con el mundo universitario. Segundo, la formación debe asociar de manera equilibrada los conocimientos disciplinares (¡es necesario manejar la materia en un nivel superior al que se enseña!) y los conocimientos pedagógicos (¡saber no alcanza para trasmitir!).
Otros equilibrios deben encontrarse: entre bagaje teórico y experiencia dentro del salón de clases; entre la enseñanza de los colegas más calificados y la de los pares más experimentados.
Los futuros maestros deben interesarse en la historia de su disciplina, demasiado a menudo ignorada incluso por sus especialistas, así como en el sentido de su enseñanza, para responder a la pregunta ritual de los alumnos, “¿y para qué sirve esto?”. Es necesario igualmente asegurar la evaluación de la formación, la renovación regular de los formadores, el buen calibre del nivel de los concursos, la consideración de las especificidades de la escuela primaria, del ciclo básico o del bachillerato…
Sin olvidar un ingrediente vital: un sistema eficaz de formación permanente. La formación de los maestros es el tema sin embargo más importante y más sutil; es forzoso constatar que poco se lo ha considerado en el gran debate en curso sobre la educación.
Desde hace un año, asuntos tales como el mapa escolar,3 el número de cargos y los ritmos escolares son destacados por los medios de comunicación; todos estos temas son importantes, pero pueden ser modificados de un año a otro, si se ve que hubo equivocaciones. Mientras que si formamos mal a nuestros docentes ¡ellos lo sufrirán durante varios decenios, y nuestros hijos junto con ellos! El gobierno actual anunció su intención de volver a dar plenamente la función formadora a escuelas específicas.
A falta de saber en qué consistirán esas instituciones, las sucesoras de los iufm ya tienen nombre: Escuelas Superiores del Profesorado y de la Educación (espe). Representantes de diferentes organismos trabajaron para su instalación, pero muchos actores importantes no pudieron hasta ahora hacer oír su voz: es el caso, por ejemplo, de la red de los Institutos de Investigación en la Enseñanza Matemática (irem), o de los responsables de másteres de formación.
POR UNA FORMACIÓN INICIAL EN ALTERNANCIA. La concertación iniciada en el verano [septentrional] de 2012 y de la que salió el proyecto de ley para la refundación de la escuela ha prácticamente ignorado los aspectos universitarios… Recíprocamente, los universitarios tuvieron muy escasas ocasiones de ocuparse del dosier de la educación, ¡y todo indica que su implicación no estará a la altura de lo que está en juego!
En estas condiciones, todo hace temer que, para numerosas academias,4 el sistema de las espe sea pura y simplemente una resurrección del sistema iufm, sin que hayamos sacado las enseñanzas del pasado.
¿Esto puede evitarse? Por cierto, pero bajo dos condiciones, al menos.
La primera es que el gobierno evite la instalación, otra vez precipitadamente, de reformas capitales para el porvenir del país. La urgencia del restablecimiento de una formación inicial en alternancia sin embargo no exige que las cosas queden grabadas rápidamente en el mármol.
De hecho, el Consejo Nacional de Enseñanza Superior y de Investigación emitió una opinión negativa sin ambigüedad, el 8 de enero, sobre el proyecto de ley que le era sometido, y preconizó una postergación de la apertura de las espe.
La segunda condición vital es que los actores involucrados –universitarios, docentes, todos aquellos que tienen un papel que desempeñar en la trasmisión del saber– se movilicen para construir juntos proyectos equilibrados y bien pensados. n
1. En Francia, el capes y la llamada Agrégation son concursos de oposición que permiten acceder a puestos efectivos en la enseñanza secundaria; tradicionalmente lograba titularizarse un tercio o una mitad de los aspirantes presentados. Hoy en día sucede lo contrario, en consecuencia los puestos docentes no pueden ser cubiertos con personal suficientemente calificado.
2. Por éducation nationale podría entenderse algo así como la anep en Uruguay.
3. La carte scolaire busca regular la distribución, en el territorio, de alumnos y de docentes, con atribuciones parcialmente similares a las que tiene la llamada “Reguladora” de Secundaria, en Uruguay.
4. En este caso, académie designa una circunscripción administrativa que depende del Ministerio de Educación Nacional y del Ministerio de Enseñanza Superior y de Investigación.