Brecha Digital

La estulticia de Obama en Oriente Medio

Con muchas las cosas que llaman la atención de la primera visita de Barack Obama a Israel y Palestina. Y son también muchas las que provocan indignación. Es difícil saber si el discurso, si la aproximación política de Obama al conflicto palestino-israelí adolece de ingenuidad, de ambigüedad calculada, de absurdo voluntarismo o es todo pura estulticia. La llegada de Obama a Israel se vio precedida, dos días antes, por la formación del nuevo gobierno del primer ministro Biniamin Netaniahu, en el que los colonos israelíes ocupan tres ministerios clave desde los que, nadie duda, van a seguir impulsando la ocupación y colonización de Cisjordania y Jerusalén este. Hay que recordar que hablamos de colonos, es decir, ultraderechistas e integristas que día a día violan la legislación internacional y los derechos del pueblo palestino.
A pesar de la composición del nuevo gobierno israelí, el presidente estadounidense se ha cuidado muy mucho de criticar la colonización o de pedir el fin de la construcción en los asentamientos judíos en Cisjordania y Jerusalén este. Obama se ha llenado la boca con la palabra “paz” pero ninguna de las cosas que ha dicho o hecho ayudan a la paz. Porque la clave son precisamente los asentamientos judíos en los territorios ocupados.
Hace ya muchos años que la estrategia de Israel, sea cual fuere su gobierno, es la de ir dejando pasar el tiempo mientras se afianza la colonización que, de aquí a poco tiempo, hará inviable la existencia de un estado palestino.
Barack Obama ha pedido a los palestinos que negocien sin condiciones previas. Es la misma coletilla manoseada y estúpida que el gobierno israelí repite continuamente. Se trata, por tanto, de que los palestinos dejen de exigir el fin de la ocupación israelí. Pero, en ese caso, ¿qué sentido tiene un proceso de paz?
Otra de las perlas de Obama ha sido asegurar que Estados Unidos e Israel tienen una alianza “eterna”. Es como un mantra, apelar a lo eterno, muy frecuente en aquellas convulsas tierras. El sha pensó que la monarquía persa era eterna; los creadores de la República Islámica de Irán piensan que es eterna; Saddam Hussein se creía eterno; también los saudíes en Arabia o la dinastía El Assad en Siria; cuando Israel ocupó y se anexionó –ilegalmente y sin reconocimiento internacional– a Jerusalén este, proclamó toda la ciudad como su capital “eterna”.
Hoy por hoy Estados Unidos es el único país con la influencia política y la capacidad económica y militar para imponer una paz justa en Oriente Medio. Una paz justa porque si no es justa nunca será paz. Pero visto lo visto, no parece que vaya a ser así; parece más bien que es Israel quien impone su discurso de guerra a Estados Unidos.

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