La semana pasada, Brecha encartó propaganda de la Presidencia de la República, bajo la forma de un folleto promocional de Uruguay Encendido (proyecto pergeñado por el prosecretario Diego Cánepa) y de su primera actividad, llevada a cabo por la estadounidense Singularity University, institución no acreditada para otorgar títulos de grado pero que cobra suculentas matrículas de hasta 2.500 dólares por semana en sus programas de verano.* Como tantas veces, la propaganda resulta tan engañosa como averiada es la mercancía pregonada.
En la tapa del folleto aparecen el logo solar de la Presidencia y el de Uruguay Encendido, suerte de pintoresco aunque no constructible poliedro, iluminado por un color amarillo patito que junto con el gris acerado (gris high-tech) constituyen el fondo sobre el cual se inscribió: “El futuro se aclara. Uruguay, se enciende” (sic para la coma).
A estas desorejadas palabras iniciales siguen otras estampadas con igual ardor piromaníaco por el prosecretario de la Presidencia. Véase, por ejemplo: “Desde hace varios años que Uruguay viene retomando el camino del progreso. Progresar implica reconocer los errores cometidos, evaluar lo que se hace y mejorar. A su vez, incentivar la acción en todos los aspectos, ya que la inmovilidad o el miedo al error son los principales enemigos de la prosperidad”.
Entiéndase: ahora que volvimos a ser lo que no podemos no ser (batllistas), activémonos, movámonos, accionémonos y actuemos, si queremos mejorar/progresar/prosperar.
Este es el apretado programa que propone el prosecretario, con un iluminismo que recuerda más las luces del Estadio que las de una revolución emancipadora.
(De hecho, el perfil publicitario del folleto sobre el Uruguay Encendido y la Singularity University es muy parecido al spot televisivo de ancap en que un personaje atraviesa con decisión, sonrisas y paso elástico, variados paisajes, mientras pronuncia sentencias morales compuestas de un sustantivo y un verbo: “La cultura se impulsa”, “Las oportunidades se crean”, “Las opiniones se respetan”, “El respeto se aprende”, etcétera. La apología del movimiento es literal: el personaje nunca es visto inmóvil (salvo durante fracciones de segundo) y las máximas declamadas señalan la máxima elevación espiritual alcanzable por cierta medianía autosatisfecha.)
Porque, cabe preguntarse, si “la inmovilidad o el miedo al error son los principales enemigos de la prosperidad”, y por lo tanto sólo corresponde estar en movimiento perpetuo mientras se declaman máximas morales, ¿el cuestionamiento y la reflexión crítica son los principales enemigos de qué?
Si uno se atiene a Uruguay Encendido, deberá concluirse que el cuestionamiento es su principal enemigo y la reflexión crítica es el mal que este proyecto busca erradicar y aniquilar.
En efecto, este plan prosecretarial no sólo hace gala de un sentido del progreso (y del saber) dramáticamente ingenuo y peligrosamente estúpido, sino que se ha buscado aparceros que le hacen eco, pero en inglés, con una onomástica que suena a Tercer Mundo, con un look campechano (no usan corbata) y con los títulos que confieren la conformidad y el consentimiento con un mundo que, mientras se desmorona, sigue queriendo venderse como eterno e intocable.
Así por ejemplo, uno de los conferencistas estrella de Singularity University, Vivek Wadhwa, es presentado por el folleto del prosecretario como un profesor que “prepara a los estudiantes para el mundo real”. Ahora bien, ¿qué docente podría jactarse de preparar estudiantes para el más allá, o para la vida de ultratumba, o para los mundos infrahumanos, o para el limbo, o para el reino de las pompas de jabón, o para atravesar el espejo para irse a pasear con el Conejo? En esto, Vivek Wadhwa es como cualquier docente, salvo que, para él, a diferencia de para otros docentes, “el mundo real” es el mundo de la empresa: “Es asesor de varias compañías nuevas, columnista del Washington Post y Bloomberg Business Week. Antes de vincularse a la academia en 2005 fundó dos empresas de software”.
(También hay que considerar otros matices de esa presentación, añadidos por “el mundo real”: en el folleto de la Prosecretaría de la Presidencia, se dice que Vivek Wadhwa “es profesor integrante de departamentos académicos de la Universidad de California en Berkeley, Universidad de Duke, Universidad de Harvard y Universidad de Emory”. En el sitio electrónico de la Universidad de Harvard no figura ni una sola entrada corriente con ese nombre y apellido, por lo que difícilmente pueda decirse que “es profesor integrante de Harvard”; en Berkeley no figura entre sus docentes, sino como (ex)“visiting scholar”, lo que también significa que no pertenece a esta universidad.)
En cuanto al otro conferencista estrella, Rob Nail, presidente y fundador asociado de Singularity University, “aporta un enfoque de emprendimiento único y globalizado al desarrollo de una universidad no tradicional como modelo para el futuro así como un mecanismo para la creación del futuro que queremos”. Dejando de lado los tropiezos del traductor con la sintaxis del idioma español, hay que asombrarse de que esta persona, que “posee títulos de ingeniería mecánica, material científico y manufacturera de las universidades de California en Davis y Stanford” pueda aportar “un mecanismo para la creación del futuro que queremos”.
¿Cómo será eso? ¿Será que el señor Rob Nail conoce el futuro que todos queremos? ¿O será que conoce el futuro que cada uno –o que algunos– de nosotros quiere? ¿O será que tenemos que querer, por separado y todos juntos, el futuro que él imaginó que nosotros queremos? Dicho de otro modo, ¿su “mecanismo para la creación del futuro que queremos” es un mecanismo multifuturo o unifuturo? ¿Por encargo individual o grupal? (De hecho, aquí aparece otra semejanza con el eslogan de la campaña publicitaria de ancap: “El Uruguay que queremos”, objeto postulado por una unanimidad poco patente.)
Claro que, mientras diseñan la “universidad no tradicional” como modelo para el futuro así como un mecanismo para la creación del futuro que queremos, estos “expertos vanguardistas de Silicon Valley”, patrocinados por Google y la nasa y presentados por la Presidencia uruguaya (véase el folleto del prosecretario), hacen como tantos otros profesores comunes y corrientes: hablan ante un público que pacientemente los escucha. En el Auditorio del sodre, el pasado viernes 5, estos “expertos vanguardistas”, entre otras cosas, profetizaron futuros que casualmente mucho se asemejan al presente neoliberal puro y duro en que hoy estamos. Por ejemplo, anunciando la reproducción en laboratorios de los alimentos, los “expertos vanguardistas” se pliegan al hambreador negoción actual de Monsanto; pregonando que en “el futuro se volverá al modo de trasmisión de una persona a otra, pero con lecciones personalizadas acordes a las necesidades y capacidades específicas del alumno”, los “expertos vanguardistas” promueven la destrucción del conocimiento en nombre de la supuesta centralidad del alumno y de las “lecciones personalizadas”, así como promueven la destrucción de la escuela, en tanto lugar de encuentro de muchos seres diferentes en torno a un cuerpo de conocimientos recurrentemente puesto a prueba.
¿Cuál es el sentido de invitar, con bombos y platillos, a estas personas que, en la mejor de las hipótesis, venden corrientes de aire en tecnicolor y en 3D?
Algunos de los motivos son obvios: cuanto más incierto es el futuro, cuanto más amenazante se cierne la propia sumisión, cuanto más pretencioso es el ignorante, cuanto más perdido se siente el que funge de encendido, tanto más medran los embaucadores, curanderos, santiguadores, curalotodo, vendedores de viento y de dispensas papales.
La principal dispensa papal que vende la Singularity University es la que nos libera de la obligación de pensar crítica y sensatamente –tarea ardua entre las arduas–, puesto que todo es cuestión de subirse al carro del progreso, provistos de una decena de palabras mágicas: Silicon Valley, robot, retos, negocios, innovación, oportunidades, emprendedurismo, tecnología, futuro…
Cuando el temor es grande, arrullarse con estas palabras es intentar olvidar a la pobre enseñanza pública uruguaya, a los cientos de miles de personas que ganan 10 mil pesos, a la gente que anda robando y a la gente que anda con miedo de que la roben, a la cantidad de muchachos apenas letrados, a los europeos que empiezan a parecerse a nosotros y a los estadounidenses que hace rato que se nos parecen, y no precisamente por nuestros “progresos”.
En ese sentido, el folleto del prosecretario no se arredra, sino que delira a rienda suelta: “La estrategia es clara. Queremos que Uruguay no sólo se posicione, sino que lidere en la región los espacios de innovación, creación y pensamiento prospectivo”.
Los propósitos declarados y los aparceros elegidos permiten prever lo peor; el Uruguay Encendido será el hermano siliconado del Uruguay Natural, nunca del todo nacido y ya muerto en esta Semana de Turismo, con sus corderos pascuales intoxicados que, más que redimirnos, nos avisan sobre los peligros de la ignorancia, la burreza, la liviandad, la codicia, la voracidad y la demagogia.
* Según su página electrónica, la Singularity University ofrece tres tipos de programas académicos, claramente distinguidos por sus costos: “Graduate Studies Program –a ten-week summer program for 80 students running once per year (Tuition US$25,000)–; Executive Program (10 days) –a 40-student program running about 3 times per year (Tuition US$15,000)–; Specialty executive programs –like FutureMed 2011, with a concentration on a particular area of interest–”. En el sitio electrónico de Singularity University se ponen de manifiesto los vínculos de sus miembros con el Departamento de Policía de Los Ángeles, con la otan, con Interpol, la Fuerza Aérea y el Ejército de Estados Unidos.