Las viejas ropas del predicador
- Última actualización en 10 Mayo 2013
- Escrito por: Rosario Touriño
El ex presidente Tabaré Vázquez no se ha caracterizado por salir a escena en base a impulsos o improvisaciones. Por lo general, parece meditar cuidadosamente cada incursión, elige el teatro de operaciones más lábil a sus objetivos y el ropaje que mejor le sienta para cada ocasión (el médico, el científico, el izquierdista radical, el centrista, el pater familias o el conciliador). Cada movida debe ser precedida por un análisis, un diagnóstico y una terapia (más o menos invasiva). Ese modo de concebir la política parece estar en su adn, ya que tanto se refirió a él y a la genética en su reciente aparición en la Universidad de Montevideo. En la presentación del libro Veto al aborto, Vázquez volvió a extraer de su ropero la indumentaria del científico, pero es imposible que no haya calculado los efectos de su impactante performance sobre el Frente Amplio y la totalidad del sistema político. Aunque procuró revestir el acto de un aura académica y despolitizarlo, el momento en que la publicación sale al ruedo –en pleno arranque de la campaña para derogar la ley de interrupción voluntaria del embarazo– y su gestualidad “reincidente” (como él mismo admitió) bastan para embretar y encorsetar a una coalición demasiado dependiente de su liderazgo. Vázquez lo sabe y por eso se mueve como pez en el agua. El tiempo y la ambigüedad juegan a su favor. Él es quien pone las condiciones: todavía a un lado de la “política pública”, jugando a ser candidato de a ratos (con esa triquiñuela de azuzar a la oposición que tanto regocija a la tribuna más incondicional), hace crujir la osamenta del Frente Amplio, a menudo temblorosa, calculadora, acomplejada. Entonces, es el partido y no Vázquez quien se ve obligado a un profundo y prolongado silencio.
Su discurso, como buen higienista, está acompañado además de una guía de recomendaciones, de un manual de interpretación, que presenta con un tono sacerdotal pero no menos imperativo. Aunque Vázquez elige ser el “expositor invitado” en un acto en el que no hay lugar para una sola figura que tenga una opinión favorable a la despenalización del aborto, en una universidad privada vinculada al ultraconservador Opus Dei, frente a la flor y nata de la derecha más revenida (entre quienes pudo divisarse a Ignacio de Posadas, pero también a Luis Lacalle junior), sentencia que sería una “falta de respeto” para la “institución convocante” utilizar este libro con fines políticos. Alega que es un libro académico y no de opinión, en una máxima que cae por su propio peso luego de un sucinto repaso de los nombres, los artículos y la metodología “de investigación” utilizada. A saber, por más que la licenciada y diputada Verónica Alonso haga ingentes esfuerzos por volver más eficaz el sistema de adopción, su título de grado es en relaciones internacionales y su texto difícilmente se publicaría en una revista arbitrada; y el doctor en veterinaria Héctor Lescano –sin vender gato por liebre– saluda en la publicación que lo hayan convocado a participar en el trabajo como “político”. Aunque Vázquez declara su intención de no tirar una “pedrada” sobre la “claraboya” del Frente Amplio, es ya un tirador contumaz: vetó en 2008 los artículos que despenalizaban el aborto en la ley de salud sexual y reproductiva aprobada por su bancada –y con más de medio gabinete en contra–, apoyó una marcha organizada por los “pro vida” afines al Partido Popular en España, firmó para derogar la ley votada en esta legislatura (a pesar de que en el programa para el período 2010-2015 se mandataba a su partido a avanzar en la despenalización del aborto), y ahora acepta el papel estelar en un acto político –sí, político– abierto al público y a la prensa. Vázquez podría haber elegido una irrupción menos violenta y provocadora (adherir con una discreta firma, con una carta sin estridencias), pero elige los reflectores del prime time televisivo. Si no hubiera potenciado el evento con su presencia, éste habría sido una ceremonia de creyentes, sin demasiada proyección. Pero cuando el ex presidente ingresó al estrado cortejado por el rector de la Universidad de Montevideo (um), Santiago Pérez del Castillo, y el rector emérito Mariano Brito en el ambiente se instaló un silencio de misa. No se movía una mosca y el auditorio adoptaba una solemnidad sólo comparable a la que precede al ingreso de un cardenal.
Se podría pensar que el oncólogo se ha lanzado en una cruzada por el voto ultraconservador, y de hecho Google ya nos muestra que Vázquez se ha convertido en un referente para los movimientos pro vida de todo el mundo, quienes difunden el texto del veto como una inesperada joya, labrada por un presidente de izquierda de un remoto país sudamericano. Ese cálculo electoral aparece como riesgoso. Vázquez podría perder más de lo que gana, si pretende repetir la mayoría parlamentaria. Oscar Bottinelli viene advirtiendo ya hace bastante tiempo el enojo creciente en un electorado joven, femenino, de clase media ilustrada (que incluso ahora se expresa en algunos tímidos movimientos en pos de una candidatura alternativa). Quizá pueda captar una porción de votantes de los partidos tradicionales (sobre todo aquellos más seducidos por el conservadurismo en el plano de las costumbres), pero habrá que ver el impacto que su postura tiene sobre el caudal más duro e independiente de la izquierda. Por eso, quienes más lo han estudiado saben que su posición sobre el aborto es una “convicción de hierro” más que una especulación electoral y que no es un líder caracterizado por ser un hombre de partido (ni tampoco un dirigente de un republicanismo tal capaz de anteponer una política colectiva por sobre sus convicciones morales, como sí lo hizo el centroderechista y católico Valerie Giscard en 1975, cuando dejó que su ministra de Salud Simone Veil impulsara la legalización del aborto en Francia).
Entonces, una vez más, habrá que hurgar en la fragua de su candidatura, en los enigmas de un liderazgo outsider. Vázquez es un fenómeno tardío y un “cuerpo extraño” (Bottinelli dixit) en la izquierda. Solicitó su ingreso al Partido Socialista en 1983 (y tres años después ya tenía una silla en el comité central). Su primera acción política robusta fue en el marco de la comisión por el voto verde en 1987. Su carisma e imagen de profesional exitoso completaron un perfil que logró un triunfo histórico en la Intendencia montevideana y que se tornó imparable. El Frente Amplio unió sus destinos a los del médico y el vínculo se hizo fatal. Y de la mano de un gobierno eficiente y una popularidad inédita vinieron también el fallido proyecto del “nunca más” (que equiparaba la reparación a las víctimas del terrorismo de Estado con la de los familiares de agentes caídos en el combate a la guerrilla), el veto a la ley de salud sexual y reproductiva, su aislamiento geopolítico en la región y la confesa intención de solicitar ayuda militar a Estados Unidos en medio del conflicto con Argentina (también en un escenario del Opus Dei, el colegio Monte VI). A fines de este año el Frente Amplio deberá elaborar su programa de gobierno y decidir qué alcance le dará al vago concepto “actualización ideológica”. Sobre sus huesos residirá la responsabilidad de fortalecer y revitalizar al partido, o de mantenerlo durante cinco años más en una vacía y vetusta carcasa, que languidece mientras contempla el monólogo de un líder personalista.


Comentarios
El ex Psdte. Tabaré Vázquez, demuestra en cada aparición publica que sabe desenvolverse y manejarse con amplia
comodidad, como un "experiente outsider" de la política.
Sin lugar a dudas, siembra su paso con multiples enigmas.
El Frente Amplio deberá demostrar la capacidad de interpretarlo
descifrar y traducir su contundente trayectoria.
Acordar y consensuar puertas adentro, entre el conglomerado
político frente amplista, y su probable candidato presidencial.
Queremos transformar al pais,si o no?No se puede ser ambigûo en la respuesta.Se debe estar dispuesto a pagar el precio de las cosas, para obtenerlas.
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