De acuerdo, hablemos del futuro

Las recientes notas de Gustavo Leal (Brecha, 12-X-12) y de Álvaro Echaider (Brecha, 19-X-12) tienen la virtud de promover un debate necesario, lamentablemente postergado. Ambos puntos de vista en lo personal son plenamente compartibles: en el caso de Leal, la constatación de un estado de ánimo determinado que, guste o no, allí está. En el caso de Echaider es digno de pleno acuerdo el exigir que con la crítica exista la propuesta, porque es la única forma de avanzar y convertir el rezongo en alternativa.

Ante todo, entender el relativo estancamiento del presente debe comprenderse por el agotamiento de una idea de ciudad y un determinado estilo iniciado en 1990. En buena medida lo ocurrido se explica porque a lo largo de todos estos años se promovió la continuidad de un esquema de gobierno con sus lineamientos programáticos tan ambiciosos y amplios como lo fuera el programa del fa de 1989.
En estos 23 años ocurrieron cosas muy determinantes que permiten registrar un escenario bien diferente. Para empezar, los propios efectos de los primeros años del gobierno municipal,1 los que de por sí contribuyeron a cambiar la realidad; la crisis de 2002 con sus devastadores efectos sociales y económicos, la posterior recuperación; y por encima de todo, el cambio político ocurrido en 2005 a partir del cual se modifica la situación de asedio y boicot al gobierno municipal por parte del gobierno nacional, ya que ambos gobiernos pasan a ser del mismo color político.
No obstante todo esto, los lineamientos del gobierno continuaron sin mayores rectificaciones. En 1998 se da el gran paso del Plan de Ordenamiento Territorial (pot), donde a partir de un consistente estudio del departamento se formula una serie de lineamientos estratégicos y una idea de ciudad como nunca antes Montevideo había tenido.
La revisión del Pot2 a más de diez años de su aprobación permitió constatar que una de sus principales estrategias había fallado: la ciudad siguió extendiéndose, perdiendo población en sus zonas centrales mejor servidas, continuando un proceso de producción de ciudad desde las periferias a partir de los asentamientos irregulares,3 profundizando la fragmentación social y la segregación espacial que ya se habían manifestado en la conformación de una ciudad dual: los sectores de cierto poder adquisitivo sobre la costa, los más pobres en la ciudad informal de los asentamientos, dejando una franja intermedia físicamente degradada y perdiendo población sistemáticamente (véase Censo 2011).
Entre otros, el estudio realizado por la Cátedra de Sociología de la Facultad de Arquitectura en 2010 pudo registrar con elevado grado de precisión ese dispendio de ciudad que son sus inmuebles vacantes en las zonas centrales, reafirmando la vigencia de un perjudicial modelo de desarrollo urbano contrario a cualquier ideal de ciudad democrática.
Con motivo de la aprobación de la ley de ordenamiento territorial se formularon directrices que redefinieron una idea de ciudad y de prioridades en el territorio. En esta nueva formulación de 2012 se reafirma la búsqueda de una ciudad democrática que sepa amparar en sus espacios construidos disponibles a quienes lo requieran, en lugar de expulsarlos a la periferia. Pero siguen sin comprometerse formas de lograrlo.
¿Cómo puede comprenderse esta disociación entre el deber ser definido y una práctica que no es capaz de cumplirlo? Seguramente hay muchas causas para explicarlo. Ante todo este fue con mucha frecuencia el camino seguido por el planeamiento urbano en América Latina, que supo caracterizarse por bellos documentos que terminaban durmiendo en algún cajón.
Casi tan importante como el planeamiento es la gestión de las políticas decididas, para lo cual es importante definir acciones concretas, muchas veces enfrentando intereses sociales y económicos, para lo cual el arte de la política pasa a ser fundamental.
A su vez, los importantes cambios ocurridos convocan a redefinir los grandes objetivos. Es imperiosa una coordinación mucho más estrecha con el gobierno nacional, compartiendo una serie de componentes de la gestión: la política cultural en el territorio con el mec, las políticas sociales con el Mides, las políticas de salud con el msp y las políticas de vivienda con el mvtoma; una coordinación de nuevo tipo para que la im descargue responsabilidades tomadas en otro momento en el que era la única alternativa para atacar esos problemas, dada la omisión del gobierno nacional al respecto.
Ubicados en la presente coyuntura, en el contexto de una subjetividad adversa como la descrita por Leal, es imperioso reducir los objetivos de la gestión a unas pocas cosas posibles y que tengan el mayor impacto. Se trata de rescatar toda una gestión gubernamental para impedir el regreso a lo que ya padeció la ciudad durante casi cuarenta años y que ahora aparece mágicamente como la alternativa.
A modo de ejemplo pueden identificarse algunos ejes trascendentes.
1. Actuar eficazmente sobre el mercado inmobiliario requiere ajustes normativos y componentes tributarios que hagan de la autoridad departamental un agente activo que logre una voluminosa cartera de tierras, pero sobre todo una serie de acciones que induzcan a los propietarios de inmuebles vacantes a darles un uso adecuado.
2. Uno de los ejes de mayor impacto (corroborado por los estudios de opinión) es una adecuada política de espacios públicos. Muchos quisieran replicar la plaza Liber Seregni en varias más, pero lamentablemente por los costos que ello implica tal vez no sea posible hacerlo. Lo que sí es posible es una política de mobiliario urbano que consolide y enriquezca los espacios públicos disponibles. La experiencia de los equipos deportivos es apenas una muestra de la enorme aceptación de intervenciones de ese tipo, lo cual permite multiplicar esta actuación.
3. Efectivamente, el tema de la limpieza es clave y resulta imperiosa su resolución. Hay una serie de lineamientos en curso que ojalá den el resultado esperado. El problema es que la experiencia indica que la gente rápidamente olvida el enorme esfuerzo que implicó llegar a estos resultados.
4. La reforma del transporte ya iniciada hay que acelerarla, ya que puede ocurrir que llegue el final de la gestión y apenas haya algunas muestras del nuevo esquema de transporte.
5. El pot primero y luego las directrices departamentales señalan zonas de la ciudad para privilegiarlas con una serie de intervenciones que potencien su proyección. Tal vez de lo que se trata es de elegir solamente una de ellas y concentrar una gran cantidad de recursos que permitan una inmediata visualización expresada en cientos o miles de impactos concretos en la vivienda y el equipamiento.
6. Hay intervenciones que resultan fundamentales porque hacen a la construcción de la identidad urbana a partir de acciones de alto contenido simbólico que son capaces de expresar mensajes al conjunto de la población. La reforma de la plaza Independencia era una excelente oportunidad para ello, lamentablemente frustrada (por ahora). Es un espacio emblemático funcionalmente estropeado por múltiples intervenciones contradictorias y perjudiciales. La recuperación de ese espacio en lo funcional debe tener también impactos en la reafirmación de una cierta idea de ciudad en la que el espacio público es el ámbito de encuentro y la oportunidad de conocer y conocerse. Adicionalmente, se trata, desde el gobierno departamental, de aportar a la reconsideración de la figura del prócer en su dimensión humana y política como reconocimiento de la ciudad que lo vio nacer.
He ahí pues una serie de caminos posibles que pueden ser éstos u otros, pero lo importante es tener la capacidad de sacudirse muchas inercias paralizantes (lo cual implica tomar riesgos) que sólo conducen a una paquidérmica gestión en donde las cosas no se cumplen o duran años y hasta décadas (piénsese en la intervención en Kibon, el traslado del Mercado Modelo, el proyecto Capurro, el Cilindro, la reforma del transporte en líneas troncales y alimentadoras definida en los años ochenta, reestudiada varias veces y aún en curso, la clasificación domiciliaria de los residuos, etcétera).
Es ahí donde surge el descreimiento y el fastidio, en especial de los jóvenes a los que no les tocó vivir el desastre de las gestiones anteriores. Eficacia y contundencia deben ser lo propio de una gestión exitosa. Ello es fácil decirlo y muy complejo saber hacerlo, el gran desafío pasa por proponérselo como estilo de gobierno.
Está fuera de toda duda la capacidad de la intendenta y su admirable entrega y compromiso, al igual que el de la mayoría de sus colaboradores. De lo que se trata es, partiendo de las mejores tradiciones frenteamplistas, de despertar en esta difícil coyuntura y sumar para aportar entre todos las ideas y las energías para el necesario golpe de timón que requiere el gobierno frenteamplista y que Montevideo se merece. n

 

*     Doctor en sociología, director ejecutivo del Instituto de Teoría del Urbanismo (Facultad de Arquitectura de la Udelar).

1.     Álvaro Portillo, Montevideo, la ciudad de la gente. Editorial Nordan, Montevideo, 1997.
2.    “Revisión del Plan de Ordenamiento Territorial de Montevideo” , Udelar, 2009.
3.     Marta Cecilio y Jack Couriel, “Estudio sobre los asentamientos irregulares de Montevideo” (inédito).

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