“¿Ni de religión ni de política?”

En el imaginario uruguayo fe y política se han ubicado generalmente en dos compartimentos estancos y separados. Hasta cierta edad y en ciertos ámbitos son temas casi tabú. Mucho hemos escuchado ya en la escuela que “ni de religión ni de política se habla”. Esto ha merecido explicaciones en las que no podremos ahondar ahora, pero que básicamente se relacionan con nuestra matriz batllista, jacobina, laicista al modo francés, o de religión civil, como plantean algunos autores.

Estos elementos han generado históricamente un desplazamiento de lo religioso a la esfera privada, una actitud negacionista y hasta de desprecio de lo religioso.
Sin embargo algunos fenómenos que se están dando en América Latina están traspasando nuestra frontera. Hoy en Uruguay existen movimientos, diálogos y alianzas entre sectores políticos y religiosos que se están expresando más allá de actividades o fórmulas electorales para acarrear votos de algún sector religioso a determinada lista.
Como sociedad estamos viviendo algunos cambios culturales que se están procesando lentamente y que afectan directamente a la esfera de lo religioso y su vínculo con lo público. A saber: mayor pluralismo y respeto por la diversidad, reconocimiento de las identidades particulares que ya no se expresan exclusivamente en el ámbito privado.
Lo religioso en Uruguay está saliendo al juego público y político en el sentido más amplio, desde la cogestión de políticas sociales con el Estado por parte de iglesias y ong religiosas, hasta la aparición de políticos que provienen del mundo religioso y políticos que se acercan al diálogo con los religiosos. En esta salida se entretejen agendas, historias e intereses en común. En algunos casos están predominando elementos éticos, visiones de sociedad y de ser humano; en otros casos apenas se trata de coincidencias puntuales o juegos electoralistas.

 

LO RELIGIOSO NO HA DESAPARECIDO, HA CAMBIADO. En estas últimas décadas hemos pasado de una presencia y un discurso de lo religioso, a nivel público hegemónicamente católico e institucional, a una gran diversidad de expresiones de la fe: espiritualidad de pueblos originarios, religiosidad afro, espiritualidades orientales, sin marcos institucionales determinados, predicadores, templos en garajes, fuerte presencia religiosa en radio, prensa escrita, música, libros y televisión, así como diversos representantes religiosos tomando posturas públicas; llevando adelante acciones como vigilias, peregrinaciones, ayunos, marchas y contramarchas que son cada vez más frecuentes.
Esto ya sucedía en América Latina. Por ejemplo, en el caso de Chile ya son parte de la agenda política los te déums evangélicos con cada presidente y los diferentes obispos y pastores. Previas a cada elección hay muchas reuniones entre pastores y diferentes candidatos, en actos políticos, conferencias, medios de comunicación, o los propios candidatos políticos visitan templos de diversas religiones.
Existe una tendencia –consolidada en varios países de la región– a los acuerdos políticos entre sectores religiosos y políticos. La mayor parte de estos diálogos y acuerdos más o menos explícitos se han dado entre partidos de derecha e iglesias o líderes evangélicos de los sectores más conservadores. Estos acuerdos toman diferentes formas y se han articulado de diversas maneras, país a país y en diferentes momentos históricos. La tendencia que parece vislumbrarse es la de una agenda definida por tres temas: contra las leyes de salud sexual y reproductiva, contra el matrimonio igualitario y a favor de la libertad religiosa. El principal ejemplo que podemos dar de estas alianzas es Brasil, donde se conformó una bancada evangélica con más de 60 diputados, varios senadores y un ministro. Para llevar adelante esta agenda tanto en Brasil como en otros países se genera una serie de alianzas entre los sectores “provida” (católicos, evangélicos y otros grupos religiosos conservadores) y partidos políticos.
El diálogo de la izquierda con los movimientos religiosos no ha tenido las mismas características. Ha estado, por un lado, marcado por una serie de prejuicios seudomarixstas por parte de la izquierda tradicional que ve a la religión como “el opio de los pueblos” y, por el otro, marcado por concepciones “demonizadas” del comunismo que tienen los sectores religiosos.
Sin embargo, en este marco existen actualmente otros casos destacables, como por ejemplo el diálogo cercano entre Evo Morales y la Iglesia Metodista Boliviana, no sólo por tener pastores y dirigentes ampliamente involucrados en el mas, sino también por sus labores educativas, sindicales, campesinas y sociales. Esta y otras iglesias evangélicas bolivianas se han involucrado en la lucha de los pueblos originarios de los cuales son parte.
Estos diálogos y luchas compartidos por los sectores progresistas del cristianismo –principalmente– presentes en los movimientos sociales y la izquierda se han dado gracias a la teología de la liberación, que surge en la praxis social y política. Actualmente las expresiones de la teología de la liberación latinoamericana se han ramificado, al igual que las luchas sociales, en: teología de género, teología negra, teología lgtb, teología de la niñez y ecoteología. n

*     Trabajador social, integró durante nueve años el Consejo Latinoamericano de Iglesias y se desempeñó como facilitador del Diálogo Interreligioso Uruguayo entre 2009 y 2011.

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