La revolución simulada
- Última actualización en 23 Noviembre 2012
- Escrito por: Florencia Soria
En sus letras, René Pérez, el cantante del grupo, se autoproclama como la voz del pueblo (“calma pueblo que aquí estoy yo,/ lo que no dicen lo digo yo,/ lo que sientes tú, lo siento yo/ porque yo soy como tú y tú eres como yo”) que denuncia en su nombre a los yanquis, a los opresores económicos, a la Iglesia Católica y a todo aquel otro símbolo de autoritarismo que históricamente haya rechazado la izquierda.
El pueblo por el que habla es el latinoamericano; incluye a pobres, indígenas, inmigrantes, homosexuales y a todos los que quieran entrar, parafraseando el título de su último disco. René encontró la inspiración para estas letras en un viaje que hizo por América Latina, al mejor estilo Che Guevara, que fue grabado en el documental Sin mapa.
Pero además, en sus letras recupera elementos de la tradición y la historia del continente apelando a un claro espíritu de integración mezclado con un fuerte nacionalismo, un discurso que no está del todo ajeno a la coyuntura política del continente.* Sobre todo reivindica a su país, Puerto Rico, que debe defenderse y luchar por su autonomía frente a Estados Unidos, opinión no precisamente mayoritaria en su propio país.**
La carga política, social e histórica que tiene este discurso presenta contradicciones insoslayables con la integración del grupo al mercado musical de masas. Y ellos mismos lo asumen, pero partiendo del supuesto de que el mercado alimenta un cierto carácter autodestructivo al financiarlos: “Yo uso al enemigo, a mí nadie me controla,/ le tiro duro a los gringos y me auspicia Coca-Cola (…)./ Mi estrategia es diferente, por la salida entro, me infiltro en el sistema/ y exploto desde adentro”.
Este es el arte simulado, mercantilizado por excelencia, el “grado cero”, como lo llama Baudrillard. Es decir, ya no se trata de que la música, después de producida, sea convertida en una mercancía –reproducible e intercambiable como valor de cambio–, sino que el mercado, el sistema, determinan previamente la creación artística. De lo contrario, Calle 13 no existiría. Guy Debord decía: “no existe nada –en la cultura, en la naturaleza– que no haya sido transformado y polucionado, según los medios y los intereses de la industria moderna”.***
Según los detractores del grupo esto basta para tildarlos de hipócritas, de enriquecerse vendiendo palabras vacías; que reniegan del mercado y de Estados Unidos pero responden a las lógicas de ambos.
Otros dicen que René “no habla por hablar, sino que está comprometido con lo que dice”, como aseguró una joven uruguaya a Canal 10 luego de la reunión que tuvo Calle 13 con voluntarios del Plan Juntos, integrantes de la Federación de Estudiantes Universitarios, del Centro Latinoamericano de Economía Humana y Proderechos. Hay quienes arguyen incluso que, en oposición a otros músicos que forman parte del “sistema comercial”, ellos se manifiestan a favor de movimientos como el de los estudiantes chilenos, o de #Yosoy132, de México, que se moviliza por causas como la trata de personas o el maltrato infantil. Y si cobran entradas en sus recitales al mismo precio que el resto de los artistas, van a los Grammy o trabajan para mtv es porque “de algo tienen que vivir”.
Finalmente hay quienes, asumiendo el simulacro de una revolución del discurso, se limitan a disfrutar de una música tropical que ha logrado sacudir a la sangre latina. n
* Un ejemplo de esto es que la charla que dio Calle 13 antes de su concierto en Uruguay fue subida a la página web de la Presidencia de la República.
** En el plebiscito del 6 de noviembre pasado 61 por ciento de los boricuas votaron a favor de ser un estado de Estados Unidos, 33 por ciento se inclinaron por ser un estado libre asociado soberano, el 5 por ciento a favor de la independencia.
*** Debord, Guy, Comentarios sobre la sociedad del espectáculo. Barcelona: Anagrama, 1990, pág. 20.

