Los dos cuerpos del rey
- Última actualización en 25 Enero 2013
- Escrito por: Lázaro Reyes
Pero Homero también le permitió a Aquiles retractarse. El rey Príamo, de incógnito, va al campamento de los sitiadores a rogar por los restos de su hijo. Y Aquiles se los entrega.
Hay un eco que viene de tan atrás como esos tiempos homéricos que nos dice que hay algo que se pierde si no se entierra a un muerto de acuerdo con los ritos establecidos. Baste recordar a Antígona desafiando al poder de los hombres y apelando a la ley de los dioses para defender el derecho de su hermano a las honras fúnebres.
El cuerpo es importante. No es sólo el lugar del alma, esa que, como canta Homero, al morir “se sale por la garganta y ya no regresa”. Según muchas creencias, desde la religión de la Grecia antigua hasta los dogmas del cristianismo primitivo, es un vaso comunicante con el más allá. Por algo la incorruptibilidad de la carne es una de las pruebas de la santidad. Según miradas más laicas y actuales, el cuerpo es uno de los territorios donde se produce eso inasible que suele nombrarse como dignidad.
Por eso al prisionero del que se quiere obtener información mediante tortura, primero se lo desnuda. Por eso a las víctimas de un accidente de tránsito se las cubre para que no queden a la vista de todos. Por eso los códigos que rigen algunas venganzas de sangre prohíben la mutilación del cadáver.
En el momento en que El País de Madrid decidió imprimir una foto de un Hugo Chávez entubado se saltó todas esas barreras. Fue en contra de la dignidad de un hombre que estaba postrado en una cama de hospital, sedado. Y para colmo lo hizo de un modo chapucero: el paciente ni siquiera era Chávez. Poco puede servir que hayan lanzado un operativo logístico para retirar la edición de los quioscos y que se hayan disculpado. En definitiva no se excusaban por la foto sino por el error.
Cuando los medios apelan al sensacionalismo y se regodean en exhibir la muerte o la enfermedad suelen mencionar el deber superior de que están “informando” o, si se trata de un personaje público, que la enfermedad ya no le pertenece al enfermo. Es aquella idea de los dos cuerpos del rey que Ernst Kantorowicz desarrolla en su estudio sobre la teología política de la Edad Media. El rey medieval tiene dos cuerpos, uno eterno, dinástico, que no le pertenece a él sino al Estado (por eso las noches de boda y los partos eran acontecimientos seguidos in situ por la corte y los notarios) y “otro cuerpo mortal, funcional, relativo, el andrajo, que se encamina a la carroña” (Pierre Michon dixit). El cuerpo de la foto, podría argumentar el diario español, no era el del Hugo Chávez individuo sino el del hombre de Estado, patrimonio de todos, y de ese modo publicar la imagen chocante no habría hecho otra cosa que volver disponible el estado de ese cuerpo, devolviéndoselo al soberano: la opinión pública global.
Pero no parece que ese haya sido el razonamiento.
Es más probable que por detrás haya estado un afán de notoriedad, de venta, de primicia. No sólo eso. Si se recuerda el modo en que Chávez es presentado usualmente en las páginas de El País madrileño, un autócrata caricaturesco que para colmo dispone de una billetera llena de petrodólares, la foto se parece demasiado al regodeo en el expolio del enemigo. Chávez no está muerto según sus familiares y correligionarios, pero mostrarlo/verlo en esa foto es, para muchos, casi como repetir gozosos la truculencia de las imágenes que se difundieron del linchamiento de Gaddafi.


Comentarios
etica y derecho a defender,desde la Literatura,la Historia y el diario vivir, el respeto por el ser humano y su dignidad ante las diferentes situaciones que le toque atravesar.
Suscripción de noticias RSS para comentarios de esta entrada.