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El príncipe de la plebe

Hace quinientos años Maquiavelo redactó uno de los libros que revolucionaría el pensamiento político de la época: El príncipe. Es quizá uno de los textos más significativos que se han escrito sobre el arte de gobernar, y se caracteriza por lo que se ha dado en llamar el “realismo político”:

esto es, la descripción sobre las formas de conquistar el poder y preservarlo, a través del análisis puro y duro de la política de la Europa del siglo xvi, en pleno proceso de consolidación de los estados nacionales, a manos de monarcas y jefes de Estado (los “príncipes” de Maquiavelo, más allá del abolengo).

 

Pues bien, no hay duda de que Chávez ha sido un “príncipe” en el sentido de Maquiavelo: el mejor de los príncipes. El príncipe de la plebe. Esa clase de príncipe que sólo emerge, algunas veces, en el seno de las repúblicas. 

El propio Maquiavelo diría: llegó de la nada –es decir, sin los atributos “clásicos” de la política tradicional, tal como poseer un apellido ilustre, una fortuna personal, o una profesión reputada–, y por puro talento. No sólo ganó las elecciones contra un sistema de partidos tan arraigado en la política (como sacralizado por la ciencia política), sino que lo hizo “casi” sin partido: la coalición que lo apoyó lo tenía a él como único referente. Se mantuvo en el gobierno durante 14 años, luchando contra adversarios poderosísimos (los grandes medios de comunicación, las cámaras empresariales, la Iglesia) que, apenas recuperados del descrédito en que se sumió la clase política tradicional por la crisis económica y social que vehiculizó la emergencia del liderazgo de Chávez, se lanzaron al ruedo ya no de la lucha democrática, sino del más simple y puro golpismo a la vieja usanza. Pero Chávez no sólo conquistó y consolidó su poder –los atributos que ya harían a un príncipe exitoso–, sino que impulsó una transformación política y social de Venezuela tan profunda como –a mi juicio– irreversible. Por si faltara poco, fue la figura política de América Latina más destacada en el último medio siglo. Controversial, amado, odiado, carismático, mediático, Chávez será recordado como un “héroe del siglo xxi”. Su muerte no “interrumpe” su obra, sino que la cierra, y de algún modo, la completa.
Para quienes pretenden rebajar su estatura democrática, baste recordar lo mucho que ayudó Chávez a tensar la musculatura cívica del pueblo en procesos electorales muy diversos, y las muchas veces que se sometió –en general con éxito– al principal “test” de la democracia liberal: el éxito electoral. Ganó sus primeras elecciones presidenciales en 1998 y poco después la reforma constitucional de 1999; fue electo bajo nuevas reglas en 2000 y reelecto en 2006, período en el cual enfrentó un golpe de Estado (2002) y el referéndum revocatorio (2004) que también ganó. Perdió primero (2007) y ganó después (2009) la reforma constitucional que consagró la reelección indefinida y el “socialismo del siglo xxi”, y volvió a ganar, ya enfermo, la última elección en el pasado año.
Este itinerario de victorias electorales supo tener impactos sobre la visión política de los venezolanos. Venezuela ocupaba el primer lugar en el ranking del Latinobarómetro en 2010 y 2011 en apoyo a la democracia. En poco menos de dos décadas, Venezuela supo escalar en todos los rankings que miden “calidad de la democracia” hasta alcanzar el disputado sitial de las dos democracias más viejas y consolidadas de la región: Costa Rica y Uruguay. En otras palabras, ese príncipe de la plebe hizo más por el amor a la democracia y la política que la clase política precedente, y no sólo no fortaleció la propensión autoritaria de los venezolanos, sino que la mitigó considerablemente.
Pero además Venezuela procesó una formidable redistribución del ingreso en estos años. No solamente redujo la pobreza (pasó de casi 50 por ciento al 7 por ciento) y mejoró los indicadores sociales, también figuró entre los países “campeones” en reducir la desigualdad (premio al que hoy acceden la Argentina poscrisis, el Uruguay desde 2007 y el Brasil de la última década). Las encuestas de opinión revelan asimismo que la gente siente y ve lo que sucede (esto es: que hay algo más que alienación e ideología en el votante común). Junto con Ecuador, Venezuela es el país en el que la gente percibe en mayor medida que la distribución del ingreso es “justa”· Cuando en las mismas encuestas de Latinobarómetro se pregunta si el gobierno es gobernado por unos “cuantos grupos poderosos en su propio beneficio” o “para el bien de todo el pueblo”, Venezuela, junto con el Uruguay de Mujica, también puntea entre los primeros países de la región.
Pero poco de esto se dice, desde el más elemental análisis político, sobre el caso venezolano. La virulencia contra este plebeyo “periférico” por parte de los países del capitalismo “central” se expresa en algo más que en el “por qué no te callas” de un rey. Y es en el rotundo silencio a que son sometidos todos los logros de la Venezuela pos Chávez. Porque esto es parte también de la compleja política de alianzas de un príncipe que supo algunas cosas que parecerían no saber sus predecesores. La primera es que era necesario reflotar las alianzas con el mundo de los países productores de petróleo, que compartían un interés central: el de ser proveedores pobres de un recurso escaso altamente demandado por los países ricos. Al hacerlo, privilegió alianzas con varios “ejes del mal”, incluyendo a Irán, que le valieron las iras de Estados Unidos y de varios países europeos. Pero también le demostró al mundo que era posible la soberanía energética, y con su ejemplo ayudó a Evo Morales en su lucha por los hidrocarburos, a Paraguay en su lucha por la energía hidráulica, y al resto de América Latina, en un camino que de algún modo los venezolanos hicieron solos, antes que muchos, en una época en la que el “giro a la izquierda” aún no estaba de moda.
Y eso es parte de la paradoja: cuando Chávez ganó en Venezuela, nadie habló de un “giro a la izquierda” en América Latina, aun cuando éste viniera a transformarse en un ícono (aunque resistido) de la “llegada al socialismo del siglo xxi” (algo que sólo él se animó a considerar como tal, y plasmarlo en una reforma constitucional). Ni siquiera el hecho de que Chávez fuera el centro del “eje del mal” en América Latina, protagonizara todas las luchas contra Estados Unidos (incluyendo el desmantelamiento del alca), iniciara la complicidad con todos los gobiernos de izquierda de América Latina (incluyendo apoyo material, en varios casos) y fuera el principal sustento del único gobierno de izquierda de América Latina que había resistido a todas las eras –el gobierno cubano– resultó suficiente para hacerlo potable a ojos de buena parte de la izquierda latinoamericana (y vernácula). Y es que a la propia izquierda le resultaba difícil asimilar entre los suyos a un militar a quien se adjudicaba un pasado “golpista”, y que surgía como líder disruptivo en lo que se consideraba una de las democracias más consolidadas del continente (que había sido por demás generosa en la época del exilio de tantos latinoamericanos). También les costaba asimilar a quien se metió a saco lleno a todas las instituciones republicanas (desde el parlamento hasta la justicia), inau­gurando un ciclo de democracia directa en América Latina, que sentó precedente para los procesos boliviano y ecuatoriano y dura hasta nuestros días.
El futuro dirá cuántos de estos cambios permanecerán, y cuál será el resultado de unas elecciones que cualquiera sabe serán reñidas. En ese país tan dividido será difícil cualquier pretensión de hegemonía: la transformación institucional es muy profunda, el duelo muy grande y los intereses de la plebe “levantisca”, muy vivos. Además, el compromiso de Argentina y Brasil con Venezuela importan y mucho en esta hora, y servirá de freno (al menos) a cualquier pretensión de desestabilización política en Venezuela que quiera protagonizar una derecha golpista, que hace tiempo espera poder volver a compartir la mesa de los grandes. Maquiavelo no dice nada sobre el destino final de las repúblicas revoltosas ni sobre los príncipes plebeyos, quizá porque en la política nunca hay destino manifiesto. Pero no hay duda de que Chávez fue “el” protagonista de su tiempo, y un héroe, al mejor estilo de la tragedia griega. Proto-agonizó frente a nosotros, que lo vimos morir joven –como a todos los héroes– y supo al mismo tiempo, en su agonía –como nosotros sabemos hoy también–, que su marca en la historia latinoamericana sería indeleble.

 

Comentarios   

 
0 #20 Bruno 02-04-2013 11:38
Me gusta que alguien de Venezuela comente, ya que por mas que nos informemos solo los que viven allí saben como se vive, que libertades hay, etc
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0 #19 roberto heber 13-03-2013 02:25
Manuel es malo sacar de contexto nada menos que un artículo de la constitución,re cuerda las formas,helo aquí, y después me dices si el T.S.J. actuó a la ligera.Pienso que habiendo una sala constitucional donde toda interpretación se dirime allí,los opositores venezolanos que son una miel...estarían como siempre lo hacen buscando apoyo de la corte celestial,o sea de washington y sus secuaces entre ellos el partido blanco de ahí.
Artículo 233. Serán faltas absolutas del Presidente o Presidenta de la República: su muerte, su renuncia, o su destitución decretada por sentencia del Tribunal Supremo de Justicia; su incapacidad física o mental permanente certificada por una junta médica designada por el Tribunal Supremo de Justicia y con aprobación de la Asamblea Nacional; el abandono del cargo, declarado como tal por la Asamblea Nacional, así como la revocación popular de su mandato.
Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidenta electa antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o la nueva Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional.
Si la falta absoluta del Presidente o la Presidenta de la República se produce durante los primeros cuatro años del período constitucional, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o la nueva Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Vicepresidente Ejecutivo o la Vicepresidenta Ejecutiva.
En los casos anteriores, el nuevo Presidente o Presidenta completará el período constitucional correspondiente.
Si la falta absoluta se produce durante los últimos dos años del período constitucional, el Vicepresidente Ejecutivo o la Vicepresidenta Ejecutiva asumirá la Presidencia de la República hasta completar dicho período.

Como el presidente,era reelecto, el T.S.J. dictaminó que podía seguir en el cargo sin hacer el protocolo de asunción,luego de ello como la muerte ocurre dentro de los 4 años de lo que sería su mandato,el T.S.J. y no Maduro fueron quienes acotaron que rumbo debía seguirse.Más nada compadre,lo demás es buscarle la quinta pata al gato.
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+1 #18 carlos tato 12-03-2013 13:20
El formalismo uruguayo es relativo y flechado; por Ej.: al salir de la dictadura se reunieron los militares y algunos(no todos) dirigentes políticos y allí tomaron decisiones por todos los ciudadanos que todavía a casi 30 años de eso no sabemos que fue, casi seguro que se pactó la impunidad de los genocidas. Despues todo el espectro político participó de un referendum donde se decidía si se juzgaban ó no las violaciones a los derechos humanos. Ni entonces ni ahora se dijo por ningún formalista que los derechos humanos no son materia votable y como la izquierda no lo dijo en su momento ahora nadie se anima a decir que esa votación no tiene ningún valor porque temen que les digan que no aceptan el veredicto popular. Hasta ahí llega el formalismo uruguayo.
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-2 #17 Manuel García 12-03-2013 09:50
[1/2] Estimado Roberto. No se trata de que no me haya gustado que Maduro haya asumido la presidencia. La cuestión es que creo que debería haberse respetado lo establecido en la Constitución votada por el pueblo venezolano. De hecho, una de las cuestiones que más me gustaba de Chávez era verlo blandir un ejemplar en miniatura de la Constitución, como expresión de acatamiento de la voluntad popular.
Aunque el Tribunal Supremo de Venezuela haya avalado la asunción de la presidencia por parte de Maduro, no encuentro esta decisión fundamentada en términos legales después de leer el citado artículo 233 de la Constitución ("Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo [...] antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente [...], se encargará de la Presidencia de la República el Presidente [...] de la Asamblea Nacional").
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-1 #16 Manuel García 12-03-2013 09:48
[2/2] Creo que una interpretación literal de este artículo no deja lugar a dudas. Además, en él no se dice nada de presidente “encargado”. Más allá del tecnicismo legal, lo que me preocupa es la intención política de Maduro de tomar ventaja sin respetar la institucionalid ad. Evidentemente, quiere presentarse investido del poder y con el aura de Chávez. Maduro -el que me cae bien, sobre todo después de haberme enterado de su pasado rocker- debería entender que la democracia también consiste en autolimitarse en el ejercicio del poder.
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+1 #15 roberto heber 12-03-2013 03:19
Lamentamos mucho Manuel que no te halla gustado lo de Maduro como presidente encargado,pero aquí hay una cosa llamada Tribunal Supremo de Justicia que uds. llaman Corte Suprema de Justicia,que dictaminó que el vicepresidente( cargo de Maduro)podía ser juramentado como :Presidente-enc argado y ser a la vez candidato,tal cual hace Capriles siendo Gobernador.Se conservaron las formas(algo que los uruguayos reverencian en demasía)y como éstas te interesan tanto te recomiendo leer el artículo 233 de la constitución de nuestra república.
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0 #14 Manuel García 11-03-2013 11:29
La Historia nos dirá el legado de final Chávez. Auguro que el despertar de la consciencia popular que alentó permanecerá. Esto sin dejar de pensar que el culto a la personalidad desatado estos días, teniendo una base real -el fervor popular por la figura de Chávez-, en el fondo no es más que una operación política. Y como pienso que los fines no justifican los medios, no me gustó nada. Así, no me gustó nada tampoco que el propio Maduro, de forma innecesaria, se haya saltado la propia Constitución bolivariana para ser investido presidente "encargado" (se supone que por Chávez), cuando el cargo debía ser ejercido por Diosdado Cabello, el presidente de la Asamblea Nacional. Las formas también deberían ser importantes para la izquierda.
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+1 #13 mariana 10-03-2013 19:45
Olga Pérez, según J. Carter el sistema de elecciones en Venezuela es el más limpio que conoce, los medios de comunicación dicen cualquier grosería de Chávez y no hay presos políticos que se sepa. Hay que mirar menos CNN y abrir un poco la mente.
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0 #12 mariana 10-03-2013 19:43
Totalmente de acuerdo con C. Tato. M.García es el típico socialdemócrata eupropeo, que se reúne en hoteles cinco estrellas a discutir (civilizadament e, eso si)- como combatir la crisis. Eso no es ser de izquierda
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+1 #11 heber 10-03-2013 13:19
Es temprano para realizar un balance de la figura de Chavez pero veamos: fue una figura mundial y latinoamercana fundamental en el periódo post-dictaduras para modificar la correlación de fuerzas ,romper con la dependencia de nuestros países del imperio y sus organizaciones financieras ; romper en lo interno con el poder oligarquico y sus representantes adecos y copeyanos abriendo una perpectiva democrática avanzada para el pueblo venezolano ; inauguro una forma de gobierno y de permanencia en él apoyandose en la convocatoria electoral que hasta entonces era elemento de dominación de las clases dominantes , que usaban las tradiciones y los medios de comunicación ; por último y principal encarno lo que Hegel decía " que una cosa sea posible depende del contenido , o sea del total de momentos de necesidad que en su desarrollo resultan ser la necesidad " , ese momento de nuestra América lo represento como maximo exponente , y lo ha hecho erreversible , ya el subcontinente se ha levantado y mas allà de los colores que gobiernen se han destrabado las contradicciones internas de nuestros países que frenaban sus desarrollos , en fin fue un hombre de este tiemp o.
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