Teología “latinoamericana” de la liberación es el nombre completo de una voluntad de interpelación del evangelio, que se ha centrado en la capacidad de hacer de la vivencia de la fe de los creyentes un factor de transformación radical de las condiciones de existencia. Situada en un lugar social-histórico, se distingue por su método, y por su esperanza de testimoniar al Dios de la vida que se expresa históricamente en las relaciones humanas. Existen otras teologías “de la liberación”, y hacer énfasis en el nombre ayuda a distinguirla de la teología vaticana de la liberación y de la teología empresarial de la liberación.
Juan Pablo II tuvo motivos para ser anticomunista. Su espiritualidad y su posicionamiento político estuvieron determinados por el contexto que conoció en su Polonia periférica. Ahora bien, ¿cuál es el desafío para un papa latinoamericano que asuma los antecedentes políticos y espirituales de la región?
Latinoamérica tuvo la desgracia de la conquista a manos de saqueadores y religiosos. El conquistador se apoyó en la guerra, la violencia cultural, la gran propiedad señorial, el racismo, el trabajo esclavo y la agresión espiritual de la obligación de ser cristianos.
Los pobres de esta tierra son en su mayoría descendientes de aquel hechizo por el cual el mal se hace en nombre del bien: los pueblos son sojuzgados a malvivir, y al consuelo forzado de la cristiandad. Esta situación fue analizada por el teólogo de la liberación uruguayo Juan Luis Segundo y por otros teólogos que han señalado que el cristianismo solidario con la conquista es específicamente la Iglesia Católica.
La violencia que se expresó en la conquista y en los siglos siguientes no es de brutalidad instintiva, es una violencia típicamente occidental: se trata de la agresividad en nombre del amor. Se hacen cruzadas, se quema al hereje y a la bruja por amor al prójimo, se conquista América por amor a sus poblaciones, para salvar sus almas.
La agresividad se sacraliza, en términos filosóficos, se fetichiza. Los soldados de Hernán Cortés que conquistaron México robaron hasta que consideraron que tenían suficiente para vivir como “hidalgos” en España, y sugirieron volver. Cortés se enojó con esos “materialistas” y aclaró que su conquista no era por el oro, sino por Dios y por el rey. Hay una mística del robo y la esclavitud. Esa lógica funciona hasta hoy en la jerarquía de lo que la teología de la liberación llamó “Iglesia de cristiandad” católica. La desigualdad endémica surgió por la guerra, el robo y su bendición clerical.
En 2005, en una reunión de obispos en Roma, el cardenal de San Francisco dijo que era pecado votar por Kerry en las elecciones de Estados Unidos. ¿La razón? Kerry se oponía a la criminalización del aborto, por eso “quien no vota por Bush está en estado grave de pecado”. Jamás criminalizarían una guerra como las que propició el cristiano Bush. En el Chile de 1973 (la Iglesia apoyó el golpe aunque después se dividió y los resistentes pagaron caro su actitud), en plena cacería humana, desde la secretaría del cardenal Silva Henríquez se escuchó la justificación piadosa: “no teman a quienes matan el cuerpo, sino a quienes matan el alma”. Años después un obispo argentino, interpelado por los desaparecidos y la colaboración de la Iglesia con la dictadura, declaró cínicamente: “Nosotros nos preocupamos por las almas, no por los cuerpos”. Esta frase condensa quinientos años de catolicismo en América Latina.
Las dictaduras del siglo xx contaron con la explícita o tácita venia de la jerarquía católica; no es asunto personal sino institucional. Católicos fervorosos como Somoza, Pinochet y Videla tuvieron en el poder eclesial un aliado poderoso. Mientras que ninguna experiencia de cambio social significativo en América Latina ha contado con apoyo de las dirigencias clericales.
En la Conferencia Episcopal de Puebla (1979) Juan Pablo II identificó tres enemigos de la Iglesia en América Latina: la iglesia popular, las relecturas bíblicas y el magisterio paralelo. Todos podían ser asociados con la teología de la liberación. El enemigo era cualquier actitud de resistencia a las dictaduras cívico-militar-espirituales. En 1980 Reagan dijo que la iglesia popular y la teología de la liberación eran preocupaciones centrales de la seguridad nacional de Estados Unidos... PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.