La madre migrante
- Última actualización en 03 Mayo 2013
- Escrito por: Oscar Bonilla
Detrás de la imagen
Seguramente el nombre de Florence Owens Thompson no signifique nada si no se lo asocia al de Dorothea Lange, la fotógrafa documentalista que la dio a conocer a través de una sus fotografías más famosas: “ La madre migrante” (“Mother Migrant”).
Dorothea Margarette Nutzhorn nació en 1895 en Nueva Jersey, Estados Unidos. Tempranamente adoptó el apellido de soltera de su madre –Lange–, y a pesar de las secuelas físicas que le dejó la poliomielitis sufrida en su niñez, desarrolló una brillante carrera como fotógrafa.
Estudió fotografía en Nueva York, como alumna de Clarence White, estableciéndose luego con su estudio en San Francisco, donde viviría hasta su muerte, en 1965.
Con el comienzo de la Gran Depresión, hacia finales de la década de 1920, Lange abandonó su estudio para convertirse en una de las principales documentalistas de su época. Sus trabajos sobre la crisis económica y social, el desempleo, la migración desde el campo a las ciudades y, especialmente, la situación de la mujer en ese contexto, llamaron rápidamente la atención del público y de las autoridades, lo que le valió ser contratada para trabajar como documentalista en la Farm Security Administration (Administración para la Seguridad Agraria), organismo creado a instancias del presidente Franklin D Roosevelt en el marco del New Deal, que tenía como objetivo generar una iconografía que ayudase a los estadounidenses a tomar conciencia de la gravedad de la crisis por la que atravesaban.
Junto a Walker Evans, Ben Shahn, Russel Lee y otros documentalistas de la fsa, Dorothea Lange comparte esa mirada dignificadora de su pueblo, recorriendo el país y adentrándose en la dura realidad del momento.
Años más tarde, en colaboración con su segundo marido –Paul Schuster–, un economista especializado en temas agrarios, Dorothea profundiza su trabajo sobre la misma temática, realizando documentales sobre el éxodo de los campesinos hacia el oeste en busca de trabajo, y sobre la explotación a que eran sometidos los trabajadores inmigrantes. Es el momento en que produce sus fotos más famosas, entre las que se encuentra “La madre migrante”.
La foto fue tomada en 1936 en Nipomo, California, en un campo que albergaba a trabajadores agrícolas desocupados. Esa mujer, identificada más tarde como Florence Owens Thompson, vivía allí con sus siete hijos (a pesar de que en la fotografía sólo se llegan a ver cuatro), librada a su suerte.
La misma Dorothea cuenta su experiencia en el momento de tomar esa foto: “La vi al costado del camino y me acerqué a esa madre famélica y desesperada, como atraída por un imán. No recuerdo cómo le expliqué mi presencia y la de mi cámara, sólo recuerdo que ella no me hizo preguntas. No le pedí su nombre ni su historia. Ella me dijo su edad: tenía 32 años. Me contó que hacía días vivían, ella y sus siete hijos, de vegetales crudos que juntaban en el lugar, y de pájaros que sus niños mataban.
Acababa de vender las ruedas de su viejo coche para comprar alimentos. Ella estaba sentada allí, reposando en la tienda improvisada con trapos, abrazada a sus niños. Quizás pensó que mi fotografía podía ayudarlos y por ese hecho aceptó que les fotografiara. Sin duda que hubo allí un intercambio”.
El renombre de esta fotografía obedece no sólo a su significación documental en ese contexto histórico, sino también a su indudable valor artístico en relación a su composición y a su estética.
En 1941 Dorothea Lange recibió el premio a la Excelencia en Fotografía de la Fundación Guggenheim, y poco tiempo después documentó la evacuación y posterior confinamiento de los japoneses estadounidenses en campos de internamiento luego del ataque japonés a Pearl Harbour en junio de ese mismo año. Sus fotografías de jóvenes de rasgos japoneses saludando a la bandera estadounidense antes de ser internados, cuestionadoras de la privación de libertad de personas que no habían cometido delito y sin derecho a defensa alguna, fueron duramente criticadas por el gobierno, llegando incluso a ser confiscadas por el ejército.
Esta documentalista, que se definía a sí misma como “fotógrafa del pueblo” (título que hacía constar en su tarjeta personal), inauguró una forma de mostrar la realidad comprometiéndose con ella, dignificando a quienes fotografiaba, sin sensiblería, dramatización ni demagogia, abriendo caminos con un estilo en el que sobresale un fuerte humanismo y que la ha convertido en un referente en la historia de la fotografía documental.

