Como su nombre lo indica, se promovía desde allí de manera descarnada el maltrato más desembozado a las mujeres. Con tres o cuatro mil seguidores, según distintas fuentes, la página contenía imágenes de mujeres golpeadas y lastimadas, y consejos a los seguidores sobre cómo tratarlas.
“Las mujeres son nuestras esclavas, deben obedecernos, de lo contrario terminarán con una paliza o violadas.” “Un hombre miembro de este clan no puede ser gay, pueden gustarle las mujeres pero no tener novias. Sólo violarlas y hacerlas sufrir.” “Un hombre miembro de este clan tiene que ser antisocial. No puede tener amigos, amigas ni nada por el estilo. Viva el sexo masculino siempre (...).” “¿Por qué dicen que le puedo pegar a cualquier hombre pero a una mujer no? Porque las mujeres no tienen tanta fuerza como nosotros. Ja, ja. Ya admítanlo, son indefensas, ja, ja, ja. Así se ponen cuando les vas a dar, ja ja ja.” Tal el tenor de los mensajes de la página, entre los que destaca un par muy sorprendente, al mezclar a estos llamados a la brutalidad frases con extraños atisbos de reivindicación étnica y rebelde: “Los gobiernos y las religiones quieren controlarnos y esclavisarnos (sic) ¿no se dan cuenta? La gran mayoría son blancos y además utilizan a mujeres como por ejemplo las presidentas de Argentina y Brazil (sic).” “Un hombre miembro del clan no debe pegarle a otro hombre. Si lo hace estaría traicionando a su propio sexo. Sólo puede pegarle si ese otro hombre es blanco.”
Un capítulo más en los movedizos terrenos de la web, que podría ser folclórico ya que es pasado –por ahora–, pero no lo es porque funciona como caricaturesco reflejo electrónico de la realidad. El odio a las mujeres no es una página web. Se escandaliza el mundo con el trato que a las mujeres propina el fundamentalismo islámico, receptorio legal, en algunas zonas del mundo, de la frase que titula la susodicha paginilla.
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