El poder de los nombres
- Última actualización en 17 Agosto 2012
- Escrito por: Rosario Touriño
Hay nombres que se evaporan como por arte de magia. No son siquiera pronunciados o se cuelan bajo el paraguas de un comunicado de una combativa ong o la boca de los otros. No basta siquiera que el Estado –el guardián de nuestro pacto social– haya intervenido, constatado variadas infracciones y remitido los antecedentes a la justicia penal. Tampoco parece merecer una cobertura nutritiva el carácter histórico o de punto de inflexión: la primera vez que el Ministerio de Trabajo hace uso de la ley del servicio doméstico y allana una mansión señorial mediante una orden de la justicia. No, ni siquiera la primicia o el morbo son suficientes esta vez para torcer la impunidad mediática de los Fernández o de los Manhard.
Y es en casos como estos donde se observa minuciosamente el ejercicio del “poder simbólico”, en los términos del francés Pierre Bourdieu, aquel que concebía a la sociología como un arte marcial. Con ligeras excepciones, los diarios, portales y canales que se abocaron a cubrir el episodio se movieron con particular recato. Las plumas tan furibundas para identificar nombres de aviesos funcionarios kirchneristas contrarios a los intereses nacionales optaron esta vez por referirse a “una casa de Carrasco” (algunas enunciaron los nombres a partir del contraataque, el de los abogados de los empresarios). En otros casos, medios que no dudaron en lanzar a los cuatro vientos el nombre completo de algún sindicalista devenido en púgil o en litigante contra la fundida Pluna, se movieron con el sigilo y la delicadeza de un Marcel Marceau. Y así algún portal televisivo se refirió, parco, a “una familia de empresarios”. En todo caso, la estrategia mayoritaria fue la de mencionar el pecado pero no al pecador (a pesar de que la organización denunciante, Cotidiano Mujer, facilitaba el camino a través de un comunicado en el que identificaba a los propietarios de la residencia de la calle Américo Hilaria).
En alguna tertulia se debatió el episodio y algunos panelistas apuntaron –seguramente con razón– que esta práctica no puede ser atribuida a una sola familia. Sin embargo, no se reparó en los antecedentes de los apellidos involucrados. La situación de las migrantes bolivianas duele porque resultan ejemplos extremos de vulnerabilidad y explotación. Pero desde hace varios años el pit-cnt viene alertando sobre las condiciones de trabajo de los empleados de las tiendas del grupo Parisién (propiedad de los Manhard) y de la planta y barcos de Fripur (propiedad de los Fernández). Las denuncias sobre añejas y continuadas prácticas de acoso moral y de persecución sindical llueven sobre el Ministerio de Trabajo, que parece haber comenzado a marcar mayor presencia. En el caso de la pesquera, la Inspección General del Trabajo, que primero intentó que la firma –una de las principales exportadoras uruguayas– modernizara las relaciones laborales, terminó por imponerle sanciones económicas. Entonces, no se trata de una práctica aislada, sino de un modo de reproducir las relaciones laborales, una forma de naturalizar ciertas reglas del “juego social”. Un capital simbólico que estas familias propias de un capitalismo rústico –que ya ni siquiera parece ser utilizado por las corporaciones estilo siglo xxi– han logrado trasmitir de generación en generación, a fuerza de cultivar redes de poder y una lúcida capacidad de adaptación a los cambios de signo político.
Pese a estos antecedentes, y a la existencia de un expediente abierto en la justicia del crimen organizado, el procedimiento oficial –con la excepción de la tevé pública– no mereció los quilates propios del horario central que sí concitaron la marcha contra la inseguridad y la más reciente contra el maltrato animal. Tampoco impulsó la indignación de buena parte del sistema político, ocupado a menudo en los “corporativismos” de la basura o de la educación. Hasta la reacción del propio Frente Amplio, que podría hallar en el episodio un poderoso ejemplo de igualdad ante la ley, lució débil.
El silencio o el laconismo que primó en algunos medios –y el reflejo tardío de algunos otros espacios que abogan por romper con la agenda consabida– contrastó con la catarata de posteos y comentarios que se produjo en las redes sociales. Quizá sea el preámbulo de una nueva forma de comunicación que así como enseña su lado más inmediatista y a veces superficial, en el futuro pueda ser capaz de promover modos alternativos de periodismo y de propagación. Un periodismo riguroso, pero que no se ampare en el falso latiguillo de la neutralidad. Las palabras del analista Pascual Serrano en su último ensayo Contra la neutralidad* suenan oportunas: “el culto a la objetividad provoca que los reporteros que presencian tragedias y sufrimientos cuyos responsables están perfectamente identificados vean que sus crónicas terminan llegando al público descafeinadas”. Serán pues estos los tiempos de volver a la cafeína. n
* Tomado del artículo “¿Para qué sirve un periodista”, de Albert Lladó, en La Vanguardia. 7-VI-12.


Comentarios
de los poderosos (??), y se traga las estafas de los casinos,
Pluna, y los crimenes cotidianos de las uruguayas.
Porque vienen las bolivianas y peruanas al pais?? Porque en
sus paises las tratan como esclavas!!
Peo la envidia es el placer de los pobres de espiritu.
Disfruten, uruguayos!!
NO ES QUE TENGA MIEDO SI NO QUE
ES COMPLICE DE LAS FAMILIAS QUE COMETEN ESOS ACTOS MAFIOSOS, Y ME REFIERO TANTO AL CASO DE LAS TRABAJADORAS BOLIVIANAS COMO EL DE LOS TRABAJADORES DE FRIPUR. PARECE MENTIRA QUE EN UN GOBIERNO DEL FA TAMPOCO SE REACCIONE CON JUSTICIA SOCIAL
Felicitaciones
Y el recato con el silencio absoluto sobre los "desaparecidos "de los medios, forzados a adelantar el viaje de la famosa mutualista "futbolera". Ojo que no es la única, pues la hipocrecia nacional no asume que la eutanasia y el adelanto al futuro de tantos "caros" viejos de CTI ha sido moneda corriente durante decadas en diversas mutualistas y hospitales. Pero , silencio absoluto.
Todo lo que le criticamos a los argentinos , aca lo practicamos al etilo felino y hacemos como el tero, nuetra arma básica. De ahí que lo de Brecha es un soplo de oxigeno sin el cual andariamos casi en penumbra.
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