De mi mayor consideración:
Solicito la publicación de la siguiente carta en su semanario.
El columnista del semanario Búsqueda Tomás Linn publica en la edición del jueves 17 de junio del presente año una nota titulada “En educación hay que barajar y dar de nuevo”. En la misma realiza una serie de comentarios y juicios de valor referidos a mi actuación como delegado del Frente Amplio en la Comisión Interpartidaria de Educación. Lo llamativo del caso es que el editorialista realiza todas sus afirmaciones a partir de la transcripción de un intercambio de correos electrónicos al que otro periodista de ese semanario accediera sin consentimiento de los participantes. A partir de ese intercambio el columnista me descalifica como interlocutor y hasta para de-sempeñar el cargo que ocupo. Seguramente el señor Linn hubiera preferido otro presidente de la República, otro ministro y por ende otro director de Educación. Pero la voluntad popular no le fue favorable.
Toda persona tiene derecho a la opinión. Sin embargo, lamento que quien cumple una función periodística de este tipo ejerza este derecho con tanta liviandad. No hay consulta a las fuentes, no hay lectura de los documentos, ni constatación de los dichos (o escritos). Nada de lo que en algún momento ese semanario hizo gala. Es más, en su nota desliza acusaciones infundadas y agraviantes hacia quienes ocupamos cargos de responsabilidad en el Ministerio de Educación y Cultura. Pero el interés principal de esta carta no es polemizar con el columnista sino informar a los lectores.
1) La Comisión Interpartidaria de Educación funcionó entre enero y abril de este año y concluyó con un documento de 25 páginas (no con “una declaración”, como dice Linn) que aborda 12 temas diferentes. En cada uno de ellos se lograron acuerdos “altamente significativos”, como dice la introducción del referido documento. Sus integrantes trabajamos duramente para llegar a acuerdos y redactar un documento que no tiene precedentes por la amplitud de la temática y por el contenido, que va mucho más allá de generalidades y obviedades. No sólo no hay que descalificar estos acuerdos, hay que darles la mayor difusión y trascendencia posibles. Por esta razón, el ministro de Educación y Cultura ha resuelto difundir el documento y se lo ha hecho llegar a las autoridades de la educación para que lo tengan en consideración a la hora de proyectar sus propuestas.
2) El documento de acuerdo tiene la virtud de demostrar que en materia educativa existen más acuerdos de los que se creía a priori. En democracia, saber administrar adecuadamente los acuerdos y los desacuerdos tiene un valor muy importante. No hay que ocultar las diferencias, pero tampoco magnificarlas. El documento expresa claramente en su introducción: “También se plantearon importantes diferencias, especialmente en cuanto a la ley de educación. Se prefirió no incluirlas en este documento; cada partido impulsará sus propuestas en los ámbitos correspondientes”. Llegar a acuerdos no significa no mantener diferencias que se debatirán y se dirimirán democráticamente.
3) La educación terciaria, y la universitaria en particular, fueron temas muy debatidos y de difícil acuerdo. Se buscó una redacción con la cual todos estuviéramos de acuerdo, sabiendo que se mantienen diferencias. En particular, sobre la necesidad de una agencia de acreditación se acordó lo que sigue: “Promover y asegurar la calidad de las instituciones públicas y privadas. Con ese propósito existe acuerdo en la creación de una agencia independiente del sistema político, de las propias instituciones educativas y de las corporaciones, que cuente con recursos y personal técnicamente capacitado, con autonomía de gestión financiera e independencia de criterio para asegurar la calidad de la educación terciaria. Esta agencia también se ocupará de desarrollar procesos nacionales de acreditación y de continuar la acreditación de carreras universitarias en el marco regional con los mejores estándares internacionales. Los partidos aspiran a consensuar la ley de creación de dicha agencia, en el marco del mayor acuerdo posible”.
4) El proyecto de ley que el Ministerio de Educación y Cultura volviera a enviar al Parlamento propone la creación de la Agencia de Promoción y Aseguramiento de la Calidad de la Educación Terciaria (apacet) y expresa en su artículo 2 que ésta debe cumplir sus cometidos de conformidad, entre otros, con los siguientes objetivos: “la promoción de niveles crecientes de calidad y pertinencia en la educación terciaria, con corresponsabilidad de todos los miembros de la comunidad educativa”; “la transparencia en los procesos de promoción de calidad, con instancias de autoevaluación y evaluación externa”; “la adecuación de los procesos de promoción de calidad a las características culturales y sociales del país, promoviendo entonces la pertinencia, sin perjuicio del cumplimiento de los acuerdos de carácter regional e internacional”.
Entre sus funciones, la apacet deberá desarrollar los procesos de autorización de las instituciones universitarias privadas y el reconocimiento de sus carreras, así como: “otorgar el reconocimiento de nivel académico de carreras de nivel universitario dictadas por instituciones públicas no dependientes de entes autónomos de enseñanza”; “acreditar las carreras, incluyendo los títulos expedidos, de instituciones universitarias públicas y privadas, en los procesos nacionales, regionales o internacionales en los que participe el país (resaltado nuestro)” y “realizar procesos de evaluación a solicitud de instituciones públicas y privadas que lo soliciten”.
Como se ve, la apacet tendrá cometidos de promoción y aseguramiento de la calidad tanto para las carreras públicas como para las privadas.
El proyecto de ley propone que apacet sea una “persona jurídica de derecho público no estatal”. Aunque puede haber otras formas jurídicas, la seleccionada garantiza su carácter independiente, así como su autonomía de gestión e independencia de criterio. Mucho mayor que la independencia y la autonomía que tiene actualmente el Consejo Consultivo de la Educación Terciaria Privada y la Comisión Ad hoc de Acreditación Regional, que funcionan actualmente en la órbita del mec, regidas por decretos y resoluciones ministeriales.
Podríamos transcribir otros artículos, como el 62, que define el concepto de promoción de la calidad; o el 63, que hace lo propio con el aseguramiento de la calidad, y los siguientes hasta el artículo 72, que describen el proceso de acreditación para las carreras y las instituciones públicas y privadas. Estos artículos demuestran que esta agencia se propone promover y asegurar la calidad de las instituciones públicas y privadas.
El columnista Linn seguramente no leyó el proyecto; se guió por lo que dicen otros. Le recomiendo a él y a los lectores que lo lean (www.mec.gub.uy/educacion) y lo comparen con los procesos que se recomiendan a nivel internacional para la acreditación. Especialmente recomiendo consultar el sitio web de la Red Iberoamericana de Acreditación de la Educación Superior (www.riaces. net) de la cual el mec participa activamente y ha recibido apoyo y asesoramiento en el proceso de elaboración de este proyecto.
5) La elaboración del proyecto de ley llevó más de dos años. En él participaron profesionales, especialistas en evaluación y acreditación universitaria y juristas de destacada trayectoria. Se formaron dos grupos de trabajo con participación de representantes de la Udelar y de las universidades privadas. Luego de un intenso trabajo, de diálogo y negociación, el mec envió un proyecto que tiene muchos más acuerdos que diferencias y que no se basa en el criterio de que la Universidad de la República es “el modelo único de referencia”, como dice el columnista, sino que definirá sus criterios “teniendo en cuenta la práctica internacional comparada y mediante consulta a expertos y a las instituciones universitarias públicas y privadas” (artículo 6, inciso 1).
No somos ingenuos, ni distraídos. Sabemos que el proyecto tiene aspectos discutidos, polémicos y con los cuales existe desacuerdo. Particularmente hay de-sacuerdo con la integración del Consejo Directivo (¡cuándo no!). Tampoco vamos a decir que el proyecto recoge los acuerdos interpartidarios. Sin embargo, no los violenta. Pero no enviamos el texto al Parlamento para cumplir con los acuerdos. Entendimos que el Poder Ejecutivo no es el ámbito de hacer las modificaciones; el Poder Legislativo es el ámbito donde los representantes de los partidos deberán debatir y lograr “el mayor acuerdo posible” (como señala el punto del acuerdo transcripto anteriormente). En esto se han comprometido el Frente Amplio con las demás fuerzas políticas y el ministro con altos jerarcas de las universidades privadas.
Como el señor Linn no consultó a las fuentes, no tuvo acceso a otros intercambios de correos electrónicos y parece no haber leído otra prensa, no sabe que hemos tenido otros contactos entre los integrantes de la comisión, y que tanto el ministro Ehrlich como yo hemos hecho declaraciones públicas asegurando el carácter abierto del proyecto de ley de la apacet.
6) Notoriamente es difícil llegar a acuerdos en temas educativos. Sin embargo, el país tiene actualmente una oportunidad histórica. Órganos de conducción con representación plural, acuerdos interpartidarios que fijan objetivos y metas ambiciosas, más allá incluso de un período de gobierno, y un presidente que ha dado muestras de la prioridad que le otorga a la educación y al diálogo político, son condiciones que nunca antes se han tenido. No sólo quienes estamos en la educación debemos ser conscientes de esta nueva situación. También los periodistas deben contribuir a que se produzcan los encuentros, y a que las diferencias no dinamiten los acuerdos alcanzados.
En educación no “hay que barajar y dar de nuevo”. No está previsto que la comisión vuelva a reunirse. Sin embargo es preciso que lo producido por ella sea defendido, en el método y en el contenido. Sin la ilusión de la unanimidad, pero sin temor a debatir, a disentir y a acordar. En ese espíritu me van a encontrar. De esto pueden dar fe las autoridades de las universidades (pública y privadas) con quienes hemos compartido más de cinco años de trabajo; también pueden hacer lo propio los miembros de la Comisión Interpartidaria con los que compartí cuatro meses de intensas discusiones y acuerdos.
Luis Garibaldi
Director de Educación
Ministerio de Educación y Cultura
Si la única solución es la guerra, vamos por mal camino
Albert Camus decía en Los justos: “La muerte es la suprema protesta contra un mundo de lágrimas y sangre”, y Yanek, el personaje principal, decía: “Matar niños es contrario al honor, y toda causa que asesine niños pierde razón”.
Estoy cansado de escuchar desde que me conozco, en la tevé, la radio y los diarios, los mismos partes de glorias y penas y velados mensajes de justificación de los sucesos en tierras judeo-palestinas. También las inútiles declaraciones de presidentes y personajes políticos mundiales y las severas condenas de las Naciones Unidas, tan huecas como todos sus burócratas inservibles. El gobierno israelí está acostumbrado a cometer los más atroces crímenes, y las sanciones mundiales de la onu, Estados Unidos y el resto de las comunidades mundiales, le causan risa, sabe que no alcanzan a durar más de unos días, y sus huecas justificaciones callan las tímidas voces de los árabes y sus aliados.
Unos de los comunicados israelíes dice textualmente: “Cuando los soldados de Israel descendieron de los helicópteros (en son de paz) fueron recibidos con palos y cuchillos y no tuvimos más remedio, para defendernos, que abrir fuego con nuestras ametralladoras”.
Umberto Eco decía que “todas las etnias, todos los pueblos tienen a través de la historia sus tiempos de víctimas y sus tiempos de victimarios”, y el pueblo judío desde Abraham hasta Simon Peres tuvo y tiene épocas de penas y glorias guerreras: Egipto, Moisés, los 40 años en el desierto, David, Salomón, los reyes y Babilonia, Roma, Jesús y las Cruzadas, el Holocausto, Palestina y los árabes.
También Grecia, Persia, Alemania, Italia, Francia, España y América Latina hasta ahora, y todos los pueblos del planeta tuvieron tiempos de dolor; debilidades y carencias materiales permitieron que imperios más poderosos humillaran y destrozaran sus mejores tradiciones, hasta que se diera vuelta la tortilla y los hasta hace poco víctimas se transformaran por las coyunturas de la historia en crueles destructores de las mejores condiciones humanas de pueblos más débiles.
Siempre los jinetes del Apocalipsis cabalgaron por el planeta y aún hoy se regodean en las guerras, el hambre, las pestes, y hoy en la conquista de muchos pueblos, ya sea por las armas o por la acción del quinto jinete que computadora en mano condena a los del tercer subsuelo.
Es lamentable, pero la historia se repite. Hace poco más de un año un representante de la etnia más primitiva del planeta se sentó en el trono imperial y comenzó a ordenar, como ya estaba acordado con el saliente, el cese de las hostilidades, y el mundo y las ineficaces organizaciones mundiales proclamaron a todo trapo el “triunfo de la paz y la cordura”, gracias al esfuerzo de los “líderes de la democracia”.
Pero las heridas estampadas a sangre y fuego en los japoneses, coreanos, vietnamitas, iraquíes, judíos, palestinos, africanos y latinoamericanos no se borrarán con el codo de discursos y declaraciones de los inútiles que han manejado tan mal las diferencias políticas de los pueblos.
Lástima grande por los tremendos dolores de los que mueren y las angustias de los quedan vivos, con cicatrices que dejan para siempre en el alma de los inocentes, y lástima que el multimillonario sangrado de las economías sirva para la muerte y no para la vida.
Hoy más que nunca se agrandan las figuras de la no violencia: Gandhi, Martin Luther King, monseñor Romero, Helder Cámara, John Lennon, etcétera. Y todos los hombres y mujeres a quienes se les retuerce el alma cuando oyen y ven a los informativistas de la tevé con cara de no saber a quién dedicar sus sentimientos, si al sentir de los dueños del canal o dejar fluir las emociones personales.
Gabriel Segovia
Fracasos y desilusiones
El reciente gobierno del doctor Tabaré Vázquez tuvo entre muchos aciertos aquel de dar mayor participación a la mujer en tareas de gobierno. Pero… no siempre las buenas intenciones tienen final feliz, y si no, veamos.
Señora Sonia Breccia (Canal 5): introdujo cambios positivos en el canal, pero su relación con el personal es notorio que no funcionó. Estando ella, el canal hoy estaba de paro y mañana también. Luego de su renuncia el canal marchó con normalidad, difundiendo su buena programación.
Señora Daisy Tourné (ministra del Interior). Nunca dio en el clavo, en un tema que casi le cuesta la elección al Frente Amplio (seguridad pública). “Me sentí sola”, diría después. Acompañó su pobre gestión con exposicones personales poco serias. Debió renunciar mucho antes. Su ego no se lo permitió.
Señora Azucena Berrutti (ministra de Defensa). En reciente aparición confiesa que no firmó ni votó para anular la ley de caducidad, argumentando temas jurídicos, olvidándose de los hechos aberrantes que cometieron militares y civiles contra uruguayos que no aceptaron la violación del sistema democrático, militares y civiles que nunca dieron muestras de arrepentirse de las atrocidades por ellos cometidas.
Triste final político para alguien que está en el ocaso de su vida. El 20 de mayo la recordaremos.
Fracasos y desilusiones que duelen y perjudican, también enseñan… Se eligió mal.
Seguramente más cerca que lejos vendrán otras mujeres que cuando tengan oportunidades políticas van a demostrar que pueden ser importantes y talentosas para la marcha del Frente Amplio, en su búsqueda de un gran gobierno para todos los nacidos en el paisito.
Hugo Lómez