Un recorrido por documenta 13
Documenta es una corporación privada alemana fuertemente subsidiada por agencias públicas y estatales que produce, cada cinco años, una muestra y una serie considerable de publicaciones y acontecimientos vinculados a aquélla, en Kassel, ciudad del centro de Alemania con cierta historia resplandeciente – posee uno de los primeros museos públicos de Europa, el Fridericianum, fundado en 1779, y fue capital del principado electoral de Hesse-Kassel entre 1803 y 1866– y también trágica, puesto que por su importancia como centro industrial fue duramente bombardeada en la Segunda Guerra Mundial.
“Cada cinco años –aclara Ian Wallace en su análisis de la primera documenta1– el comité de la corporación elige un director responsable del programa de la muestra. Así, el carácter ideológico de cada exhibición se vuelve inevitablemente el centro de la discusión.” Si bien, y por eso mismo, la historia de la documenta no es homogénea en lo que a objetivos, métodos y dispositivos se refiere, una serie de elementos la convierten en un evento de características únicas y “un punto focal para los discursos ideológicos y estéticos que rondan el arte contemporáneo”, como dice Wallace, entendiendo “arte contemporáneo” como lo actualizado en cada documenta en tanto “legitimadora del presente” y no como un estilo determinado.
***
La primera documenta, en 1955, se titulaba “Arte del siglo xx”, y fue una plataforma desde la cual uno de los dos organizadores principales, el historiador y crítico de arte Werner Haftmann, intentó reposicionar en el concierto internacional el arte alemán de la alta modernidad, en un contexto local de desnazificación y reconstrucción (alineado, junto a Adenauer, con las democracias liberales de Occidente). Por tanto exhibió una genealogía que destacaba obras de pintores abstractos alemanes que fueron censurados por el nazismo, algunos expresionistas “históricos” y una serie de consagrados artistas abstractos principalmente europeos, y dejaba de lado los artistas del realismo socialista de entreguerras, posguerra y del este de Europa. Contribuyó así al discurso de la abstracción como corriente hegemónica del arte moderno; fue algo controversial, y ofició de argumento para discusiones entre críticos y filósofos como Adorno (recién regresado a Alemania), “el reaccionario” Seldmayr, y Lukács. Es que una de las tradiciones de la documenta es la participación activa de intelectuales, teóricos y críticos, y cierta vocación de polémica. La decimotercera documenta, en 2012, no fue la excepción, y sus publicaciones y actividades alojaron a centenas de pensadores, músicos, artistas, escritores, poetas, científicos, filósofos, activistas en varios campos, que participaron en algunas de las mesas redondas, conversaciones, proyecciones y charlas que se realizaron durante los 100 días que duró la exhibición, del 9 de junio al 16 de setiembre de 2012.
***
Documenta, y a partir de ahora documenta 13, es un acontecimiento inmenso que involucra directamente a miles de individuos y cientos de instituciones, cuyo análisis no puede desarrollarse en un espacio como éste sin dejar de lado una gran cantidad de aspectos significativos. Es una muestra de arte que no necesariamente (y explícitamente) pretende mostrar sólo obras de arte. Como escribió su directora artística, Carolyn Christov-Bakargiev: “documenta 13 está dedicada a la investigación artística y a formas de imaginación, compromiso, contenido, cosas, personificación, y vida activa en conexión con, aunque no subordinadas a, la teoría”.2 Documenta 13 es también una serie de publicaciones3 que no ofician estrictamente de catálogos: desde 2010, y a través de la editorial Hatje Cantz, documenta fue publicando 100 libritos, reunidos en Das Buch der Bücher (El libro de los libros), de 2012, encargados a artistas como Alejandro Jodorowsky, Etel Adnan, Ida Applebroog, Abraham Cruzvillegas o William Kentridge, a filósofos y pensadores como Cristoph Menke, G M Tamás, Suele Rolnik (que hace una profunda crítica de la historia oficial del arte latinoamericano de los ochenta y setenta) o Brian Holmes, a activistas como Vandana Shiva, por décadas comprometida con la defensa de los agricultores hindúes contra el asesinato y el robo “legales” de las grandes corporaciones de la industria alimentaria. También hay libritos que son ensayos críticos o analíticos de obras de artistas como Paul Gauguin, Mark Lombardi o Alighiero Boetti, reproducciones facsimilares de cuadernos de Gyorgi Lukács cuando era estudiante de Georg Simmel, de Cornelius Castoriadis en varios momentos de su vida, o de Walter Benjamin tomando notas para su “Obra de los pasajes”, una introducción a la obra del “científico loco” finlandés Eriki Kurenniemi; una selección de cartas entre Theodor Adorno y Thomas Mann prologada por Enrique Vila-Matas, una edición de poemas de la australiana Romaine Moreton... El conjunto es un repertorio de posiciones desde las cuales un grupo de artistas y pensadores se piensan y piensan el mundo actual con preponderancia de los discursos estéticos, y algunas herramientas de historización de esas mismas posiciones. Como repertorio, a su vez, ofrece puntos de vista opuestos o paradójicos: Nietzsche puede ser ensalzado en un ensayo y defenestrado con frenesí en otro; si la presencia de Benjamin es casi atosigante en muchos de los textos, la lectura de su obra puede ser la excusa para pensar usos políticos de las imágenes (como en el ensayo de Susan Buck-Morss sobre las textualidades que rondaron y rondan el cuadrito de Klee “Angelus Novus”, que excusó varios textos del filósofo alemán) o la fascinación por los cuadernos de notas desbrozada y ejemplificada por el antropólogo Michael Taussig en el primer libro de la serie. Sobrevuela una intención editorial explícita: un poco menos que “publicar lo impublicable” (muchas de las aseveraciones de los organizadores de las documenta se han caracterizado por excesivas y vanidosas, no siempre con error), con esta serie de libros se produjo también otro repertorio, de formas: desde la lectura académica hasta el ensayo clásico, de la reunión de fragmentos dispersos a la reproducción facsimilar de cuadernos de notas y apuntes, dibujos y bocetos; desde el pensamiento organizadísimo de un filósofo alemán hasta la dispersión naif de una pintora, poeta y escritora nacida en Beirut que vive en Sausalito, California; del diseño high tech de un poema visual hecho para el caso a la reunión de los bocetos de William Kentridge para uno de sus stop-motion films, y las reflexiones en torno a la historia del tiempo del historiador, filósofo y documentalista científico estadounidense Peter L Galison. La principal responsable de todo ello es la jefa de publicaciones de documenta 13, Bettina Funcke, pero es posible visualizar el criterio inmediato y una serie de referencias de Bakargiev (curadora con base en Roma, Kassel y Nueva York) en una extensa lista de libros titulada “Lista de lecturas: prolegómenos de una investigación fundamental”, que abre El libro de los libros y comienza con Safo y Pirro (siglos vii y iv a C) y que, pasando por un ensayo titulado Amor, del joven teólogo Georg Wilhelm Hegel (de 1907), los clásicos del feminismo y las obras de Adorno, Michell Serres y Edward Said, llena varias páginas con fichas de libros publicados después de 19804 que parecen formar una suerte de canon de la actualización político-estética. Eso mismo, en cierto modo, se propone, y tal vez se ha propuesto siempre, documenta.
.. PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.