Libros al pie del árbol

En la mesa de luz o en el bolso tercero de las vacaciones, en el kindle o en la agenda bajo el rubro “pedir libros a”, llegó el tiempo en que los uruguayos se preparan para leer lo que las obligaciones no dejan, una promesa de placer solitario y luego compartido: leer. Este seleccionado entre lo que se dio a conocer en nuestro país en 2012 y pudo quedar escondido detrás de las reglas de visibilidad del mercado es sólo un menú de inicio. Sabido es que los libros traen otros libros y los autores convocan a otros autores. En sus marcas, pues.

La claridad difícil

“Las palabras no entienden lo que pasa” es un verso a tal punto perfecto que consiguió desentenderse de su autor para pasar a ser sentido como una genialidad apócrifa. Su autor, Salvador Puig, también lo es de estos ocho, imperdibles libros reunidos en Apalabrados. Poesía completa. Puig es también el hombre de aquella voz grave y dúctil en los anuncios de la Bayer y de tantas otras publicidades reconocibles; el locutor de la campaña del Frente Amplio en el 71; el amigo de Zitarrosa, compañero de altillo en la pensión de la calle Yaguarón y de trabajo en radio El Espectador.
Este volumen enseña que el poeta, el sumo desconfiado de esa intemperie antigua conocida como “realidad”, cobijaba la orfandad en su cofradía de poetas y lecturas. Son muchos y compañeros esos poetas, toda una comunidad: Roberto Appratto, que en este volumen firma el prólogo de Memorias del habla, último libro de Puig e inédito en el momento de su muerte, escribe que éste hizo “algo así como escribir poesía con la poesía”. Y habría que agregar que entre los invitados de Puig y en su siempre calculada poesía hay un rasero feliz, una amortiguación casera que hace que lo “popular” y lo “culto” se sienten a la mesa y acomoden cubiertos y palabras en una ceremonia en la que no hay lugar para vergüenzas ni imposturas.

Apalabrados. Poesía completa, de Salvador Puig. Linardi y Risso, Montevideo, 2012.

Cormac McCarthy y la mayéutica

The Sunset Limited, subtitulada en el original como “Una novela con forma dramática”, no pretende ser una obra de teatro, aunque se trate de un breve e intenso diálogo entre dos personajes y aunque estén apuntadas, mínimas, algunas indicaciones sobre la escena y la acción. Como sucedió con el notable western No es país para viejos (2005), llevado al cine por los hermanos Coen, y con la distópica y espeluznante La carretera, ganadora del Pulitzer y adaptada al cine por John Hill­coat, The Sunset Limited conoció una versión televisiva para hbo, dirigida por Tommy Lee Jones , con su propia actuación y la de Samuel L Jackson. Los personajes presentados como Blanco y Negro (y así también las pieles de los dos hombres) se encuentran en la pieza del último, que acaba de salvar la vida del otro, impidiendo que fuera voluntariamente arrollado por el Sunset Limited del título, el expreso subterráneo neoyorquino al que no pocos eligen para despedirse del mundo. Y son Blanco y Negro, el atributo antes que el nombre, el arquetipo antes que el personaje, lo que parece proponer aquí McCarthy: porque la conversación es una cruda esgrima dialéctica entre dos antiquísimas formas de entender la vida y la muerte. O mejor, es el tour de force de la vieja mayéutica para persuadir sin anteponer el juicio, o anteponiendo juicios, los propios y ajenos, hasta que los corazones se hagan arena y todo pueda recomenzar o perpetuarse.

El Sunset Limited, de Cormac McCarthy. Mondadori, Barcelona, 2012.

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