Realismo fabulado
- Última actualización en 18 Enero 2013
- Escrito por: Diego Faraone
Sobre la violencia en “Django”
Uno de los ejes narrativos de Django desencadenado es el de las llamadas “luchas mandingo”. Peleas a puño limpio y cuerpo a cuerpo en las que los esclavos se embisten salvajemente, como entretenimiento para su patrón –en este caso para Calvin Candie (Leonardo di Caprio), dueño de una plantación–. Probablemente su incorporación a la trama busca una vía extrema para ejemplificar la sumisión, la absoluta posesión del cuerpo y del alma del esclavo y la capacidad del dueño de hacer con él cuanto se le antoje. Una de las escenas más duras tiene lugar en una plácida sala de estar, con varios aristócratas sentados frente a los luchadores como si estuvieran mirando televisión, observándolos destrozarse mutuamente. Los negros rebajados a la categoría de gallos de pelea.
Consultados los expertos sobre esta práctica,* aseguran que no hay registros históricos de un estilo de pelea así. Hay rumores de que hubo cosas parecidas, e incluso los esclavos podían ser enviados a pelear por su patrón; pero no hay asidero para afirmar que hubo luchas hasta la muerte como las que exhibe Tarantino. Los esclavos sustentaban la economía, y era bastante improbable que un patrón mandara a los suyos a que arriesgaran sus vidas, sacrificando de esa manera su propia mano de obra.
El registro histórico más parecido o cercano a lo que muestra Tarantino es un artículo del periódico Dodge City Times, fechado en 1877, que describía el “juego” o competencia llamada lap-jacket. El cronista relataba: “Ayer atestiguamos una exhibición del juego nacional africano frente a la tienda de arneses Shulz. Es jugado por dos hombres de color, que tocan con el dedo del pie una marca y se golpean el uno al otro con látigos para toros. En el enfrentamiento de ayer Henry Rodgers, de diminutivo Eph, luchó con otro negrito por el campeonato y cincuenta centavos como premio. Tomaron nuevos y pesados látigos de la tienda de arneses y se dedicaron a los golpes, bastante animados. La sangre corrió y voló el polvo, y la multitud aplaudió hasta que el policía Joe Mason llegó y suspendió el alegre ejercicio”.
En rigor, el director tomó las “luchas mandingo” de la película del blaxplotation Mandingo (1975), a la que declara como una de sus favoritas. Allí un esclavo era entrenado por su dueño para luchar hasta la muerte contra otros. Pero lo interesante del asunto es que Tarantino vuelve muy creíble esta forma de sumisión, y consultado al respecto por el periódico The Guardian, contestó: “Todos conocemos ‘intelectualmente’ la brutalidad y la inhumanidad de la esclavitud, pero después de que uno investiga ya no es más intelectual, ya no es sólo un récord histórico; lo sentís en los huesos, te pone furioso y querés hacer algo… Quiero decirles que, si es verdad que ocurren cosas malas en la película, muchas mierdas peores sucedieron en la realidad… Cuando los relatos de esclavos son plasmados en películas, pretenden ser históricos con H mayúscula, y ese rigor es sinónimo de calidad. Yo quería romper ese aspecto de ‘la historia bajo la lupa’, quise lanzar una piedra a través de ese cristal y romperlo para siempre, y llevar al espectador a ese mundo”.
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