Brecha Digital

“Precisamos una nueva ley de patrimonio cultural”

Con Salvador Schelotto

Para el ex director de Planificación de la Intendencia de Montevideo, los instrumentos de ordenamiento territorial son muy “nuevos” y “débiles” para anticiparse a los vaivenes del mercado. Destaca aciertos pero reconoce que falta “energía” y “gestión” interinstitucional para que la planificación de la ciudad se concrete. Por ello reclama una nueva ley de patrimonio cultural que además de proteger edificios legisle sobre sus posibles usos. Y está de acuerdo con la expropiación del Plaza, a pesar de que la discusión religiosa “ensució” el debate.

—¿Está de acuerdo con evitar que el cine Plaza se convierta en una iglesia?
—Sí. Yo, como todos, reaccioné tarde. Me enteré a través de las noticias y vi la petición de Gustavo Leal. La leí con detenimiento y después de pensarlo la firmé. Me parece que está muy bien fundamentada.
—¿Por qué las políticas de planificación territorial no se han anticipado en estos casos a la iniciativa privada?
—Es un tema complejo. Hay cosas que no se pueden anticipar con demasiada previsión. Hay algún tipo de planificación y previsión, pero los instrumentos son muy débiles. Además no están probados y son nuevos, como la ley de ordenamiento territorial y la planificación de Montevideo, que es mucho más reguladora que proactiva.
—¿Cuáles serían los instrumentos adecuados para una planificación proactiva de la ciudad?
—Ahora se manejó la expropiación. Pero antes de llegar a ese extremo hay distintas formas de vinculación entre el sector público y el privado, como las concesiones. En este caso la expropiación es oportuna. Mientras el sector privado funcionó bien, no fue necesario. Quizás sí lo fue alguna protección más integral. Porque el Plaza tiene una protección menor: está declarado de interés municipal. Eso impide algunas transformaciones físicas, pero no dice nada del uso. Por eso precisamos una nueva ley de patrimonio cultural más proactiva, para proteger el entorno físico y las cualidades de uso. La actual, de 1971, sólo prevé la protección bajo la figura del “monumento histórico nacional”, a pesar de que las intendencias han instrumentado figuras complementarias. Parece aceptable para un bien patrimonial con valor un cambio respetuoso de un complejo de salas de cine a uno de espectáculos, como sucedió en el Plaza. Pero que se transforme en tienda, supermercado, estacionamiento o iglesia altera radicalmente su uso. Esa protección debería estar legislada.
—¿Concuerda entonces con el catálogo de uso de edificios emblemáticos que propone Leal?
—Podría ser una herramienta complementaria. Se ha dicho que esto fue una reacción tardía e incluso que era una pataleta de pequeños burgueses o de la clase media ilustrada en defensa de sus privilegios. Pero si se lee bien la fundamentación de Leal hay un argumento importante que hasta ahora se manejó poco. Y es el problema de la inclusión social. El centro de Montevideo es un valor de toda la sociedad. Los espectáculos que se hacían en el Plaza se perderían, porque tiene dos mil y pico de butacas. Sólo se podrían hacer en el Velódromo o en el Teatro de Verano, o tendrían que ir a salas más restringidas. Es un problema de la cultura como bien social. Está más allá del patrimonio edilicio. Es un tema urbano. Renunciar a este valor del centro es una pérdida. Y conservarlo y mejorarlo, una ganancia.
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