Iconoclasta en Japón
- Última actualización en 24 Enero 2013
- Escrito por: Manuel Martínez Carril
Nagisa Oshima (1932-2013)
En la década del 70 el cine completó un proceso de liberación para tratar abiertamente el sexo, por lo menos con la misma libertad que la literatura. Ese proceso se había iniciado con algunas audacias en el cine mudo, pero la revolución sexual de los sesenta y la decrepitud de la censura en todo el mundo derribó los últimos prejuicios. Dos películas de sexo explícito lo cambiaron todo: en 1972 El último tango en París, de Bernardo Bertolucci, y muy especialmente, en 1976, El imperio de los sentidos, de Nagisa Oshima. Ambos autores fueron perseguidos penalmente y absueltos por los tribunales. Ambos filmes coinciden en víncular el sexo con la muerte como en el romanticismo del siglo xviii, pero mientras en Bertolucci el experimento destruyó a la jovencísima Maria Schneider (19 años, hija no reconocida de Daniel Gelin), para Oshima El imperio de los sentidos era una obra política y creativamente subversiva. La película incomodó a casi todo espectador masculino porque demostraba que el hombre durante el sexo termina físicamente sometido a la mujer que lo absorbe y lo castra, acto que literalmente presenta a la vista pública la última secuencia, donde el protagonista mutilado se de-sangra y muere. La historia se basa en un hecho policial de 1936: un hombre obsesionado por una gei-
sha vive en un mundo aparte lejos del militarismo que conduciría a otros desastres mundiales. Cuando la mujer fue detenida conservaba consigo el pene cortado de su amante muerto. Oshima construyó la película siguiendo las fórmulas del teatro kabuki y la tradición erótica de la literatura feudal japonesa.
AL COMIENZO FUE LA MILITANCIA. Nacido en Kyoto hace 80 años, Oshima (fallecido el martes 15 cerca de Tokyo) se graduó en historia política, pero antes lideró a grupos estudiantiles de izquierda. Ya recibido se dedicó a la crítica de cine, fue editor de la revista Eiga Hihyo y entró como ayudante en los estudios de la Shochiku, donde trabajaban Ozu, Mizoguchi, Naruse. Sus primeras películas fueron contemporáneas a la nouvelle vague francesa y los comienzos de Godard, que influyeron en lo que en Japón se llamó literalmente el movimiento Nuberu bagu, que proponía un cine barato y creativo que remplazara a los mastodontes de la industria. Ese modelo, aceptado por el cine europeo, no interesó. De modo que Oshima empezó con tres películas juveniles, o seishun eiga, que en la Shochiku las redujeron a poco más de una hora cada una. En 1960, con Noche y niebla en Japón, que cita a Alain Resnais y su documental sobre Auschwitz, adopta el modelo neorrealista para una dolorosa queja por la desunión de la izquierda y acusa de traición al Partido Comunista. Tres días antes del estreno la película fue retirada por la Shochiku y Oshima abandonó la productora. Desde 1961 todo su cine fue independiente.
En esa década dirigió mucho cine comercial para sobrevivir y películas que no quería que figuraran en su filmografía (El cristiano rebelde, Primera aventura de un niño, Estoy bien Bellett, Cuentos de ninjas, Doble suicidio, Resurrección de tres borrachos, Querida hermana de verano), pero el resto presenta personajes con frecuencia marginales, discute problemas sociales y políticos, y con bastante consistencia construye películas que abren una crítica social coherente. Parecía ser el cine de un inconforme que quería cambiar el mundo haciendo cine, como los modelos franceses. En parte es un cine de denuncia sobre vicios institucionalizados. El racismo y la brutalidad contra un afroamericano prisionero en un pueblo cuyos habitantes lo convierten en cabeza de turco de sus problemas en La captura; un oscuro estudio de sexo criminal en Violencia al medio día; en Muerte en la horca hay al principio una película de humor bastante negro sobre joven coreano condenado y ahorcado por violar y asesinar a dos muchachas japonesas, pero el cuerpo colgado se niega a morir, de modo que el relato se vuelve cada vez más irreal y fantástico. Lo que este filme trata realmente, por encima de las apariencias, es la manera vergonzosa con que en Japón tratan a los niños y adolescentes coreanos. Parte de estas películas se apoyan en hechos reales. Es el caso de Muchacho, donde un niño de 10 años adiestrado por sus padres simula la gravedad de accidentes que comprometen a automovilistas a ser chantajeados. Y es el caso de La ceremonia, probablemente la mejor película de Oshima. Una familia es testigo de la historia del Japón del fin de la guerra hasta el presente, un paso en el tiempo representado por sucesivas ceremonias (un aniversario, una boda, un funeral) que subrayan algunos rasgos de la sociedad japonesa. O como dice Oshima “las ceremonias son un momento en el que se revelan características especiales del espíritu japonés. Es este espíritu el que me afecta y me preocupa”.
.. PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.

