La izquierda uruguaya y el Carnaval
- Última actualización en 08 Febrero 2013
- Escrito por: Xosé de Enríquez
“En el acto del Primero de Mayo nos iban a sacar a patadas en el culo”
Cuando en 1908 la murga Don Bochinche y Compañía irrumpe en el firmamento carnavalero, echa las raíces de una novedosa forma expresiva que estaba llamada a convertirse en la más popular y folclórica de los montevideanos. ¿Cuál fue el posicionamiento de la izquierda con relación al Carnaval, a través del tiempo?
Después, a la murga fundada por Tito Ríos le ocurriría lo que al pobre de Colón, porque el nuevo continente sería bautizado en honor a Américo Vespucio, y La Gaditana que Se Va se llevaría los laureles de la historia como la “primera murga”. Pasados algunos años, el 12 de febrero de 1925, la señora Juana de Ibarbourou contestaba de esta manera a una solicitud de la entonces Comisión Municipal de Fiestas: “Señor Justino Zavala Muniz. Presente. De mi mayor estima. Acuso recibo de su atenta nota y me es grato comunicarle que acepto y agradezco el honor de integrar el jurado del Concurso de Carnaval. Quedo así a sus gratas órdenes”. También el insigne poeta Julio Supervielle, el 22 de enero contestaba afirmativamente desde su estancia Águeda, en la Barra del Santa Lucía: “Señores Justino Zavala Muniz y C Batlle Pacheco. De mi mayor consideración. He recibido con esta fecha la atenta nota de ustedes por la que se me comunica que he sido designado para integrar el jurado que debe fallar en el Concurso de Carnaval. Tengo el gusto de aceptar el cargo y agradezco la distinción”. Sin embargo, también el 22 de enero, el reconocido poeta y dirigente del Partido Socialista, Emilio Frugoni, respondía con otras palabras: “Señor presidente de la Comisión Municipal de Fiestas, don Justino Zavala Muniz. He recibido la nota que me informa de que la comisión dignamente presidida por usted me ha conferido la distinción de formar parte del jurado para el Concurso de Carnaval. Agradezco la deferencia con que la comisión me ha honrado; pero declino el cargo por razones relacionadas con mi criterio respecto al Carnaval y a su mantenimiento y fomentación por los poderes públicos. Con tal motivo me es grato saludarlo muy atentamente”. Esa respuesta –toda una declaración de principios– estaba marcando de alguna manera cuál era la tónica de la llamada “izquierda tradicional” en relación con el Carnaval.
FÚTBOL, CARNAVAL Y JINETEADAS. Más conocidos son los virulentos ataques lanzados desde la prensa anarquista contra las festividades de Momo, acusando a los organizadores de emplear recursos para distraer al pueblo de sus sagradas obligaciones, consecuentes los poderes, según dicha prédica, con la vieja máxima de “pan y circo”. No era en el único terreno en que la izquierda patinaba. Quienes por motivos de estudio e investigación venimos profundizando en muchas manifestaciones populares que hoy hacen parte indisoluble de nuestro patrimonio cultural y del imaginario colectivo, vemos, por ejemplo, que el fútbol –que bajó de los barcos de la rubia Albion y en los primeros años fue cosa de ingleses y estudiantes acomodados– era visto con malos ojos por la izquierda incipiente. Si en 1925, cuando se lleva a cabo la primera Semana Criolla del Prado, el diario El País protestaba enérgicamente por la presencia de esos “gauchos pedigüeños” en el predio de la Rural, acusando a la Comisión Municipal de Fiestas de querer aplicar su política carnavalera a las cosas del campo, la izquierda pensaba muy parecido, porque veían en esas expresiones en el ámbito de la Criolla el reflejo de una cultura tradicionalista reñida con los principios del proletariado.
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