Afinar algo más que la guitarra
- Última actualización en 15 Febrero 2013
- Escrito por: María José Santacreu
Con Jorge Schellemberg
El director de la Sala Zitarrosa presentó la nueva programación de un espacio que supo ser emblemático y que apunta con mucha energía a recuperar la centralidad en la agenda de espectáculos montevideana.
—Cuando se inauguró la Sala Zitarrosa el mapa de salas del Centro era muy diferente. Para empezar, el Solís no era lo que es hoy, no estaba el sodre, ni la Zavala Muniz. ¿Cómo afectaron estos cambios a la sala y su gestión?
—Cambió todo. Cuando surge la Zitarrosa el teatro Solís estaba cerrado. Estaba abierta la Sala Verdi pero no había sido remozada. No estaba abierto el sodre, salvo la Sala Brunet, que hoy es la Nelly Goitiño, que estaba en un estado muy malo. Realmente hubo un cambio muy importante en estos años. Se inaugura, además, la Zavala Muniz, que tiene una incidencia directa desde que se abre, en su vínculo con la Zitarrosa, debido al perfil de los espectáculos que agenda. Pero además empieza a aparecer una serie de salas barriales, como la Experimental de Malvín, el Centro Cultural Goes y el complejo Sacude en Casavalle. Es un mapa completamente diferente. En el momento en que la Sala Zitarrosa abre sus puertas –más allá de haber tenido, sin duda, una excelente gestión– también era un lugar que no tenía competencia.
—¿En qué se siente el impacto de esa competencia? ¿Se dividió el público? ¿Se compite por los artistas?
—Sobre todo se nota en la programación, cuando hay artistas que empiezan a optar por otras salas, por diferentes motivos y legítimamente. Se empieza a notar de algún modo también en el hecho de que una cosa es ser la única sala dependiente del Departamento de Cultura de la im y otra cosa es que tenga un montón de salas que atender. Y además creo que el teatro Solís, seguramente con justificación, pasa a ocupar un lugar preponderante, por lo que significa para los artistas y el público y por lo que significa para las autoridades. De algún modo la Sala Zitarrosa conserva siempre su presencia fuerte y es un mérito haber logrado ocupar ese sitial de referencia en tan sólo 13 años, pero el impacto se siente.
—Si viniera, por ejemplo, Paco Ibáñez ¿es claro dónde tocaría? ¿Hay una coordinación entre las salas públicas? ¿O hay gestiones separadas y el que consigue el artista para su sala se lo lleva?
—En este momento, que es del que yo puedo hablar, hay una coordinación. Hay reuniones de directores una vez al mes donde más que definir dónde toca un artista se definen criterios generales. La definición de dónde toca un artista tiene que ver naturalmente con perfiles que tienen las salas y con otra serie de cosas, como necesidades físicas, locativas, del músico, de la sala, del espectáculo, disponibilidad de fechas, etcétera. Pero sin duda lo del perfil es central, y justamente ahora estamos tratando de trabajar como equipo, donde obviamente “cada cual atiende su juego”, pero también jugamos entre todos. Es muy importante para mí saber, por ejemplo, qué programa el Teatro de Verano. O qué programa la Zavala Muniz. Incluso la Sala Verdi, que tiene un perfil distinto, más vinculado a lo lírico. Yo creo en la complementariedad y en la sinergia de las salas, más que en la competencia.
—Cuando asumiste como director, una de las primeras cosas que quedaron claras fue la importancia que tiene para ti marcar un perfil definido. Para empezar, sólo música. Y dentro de la música, sólo música popular. ¿Esta dirección tiene que ver con lo que considerás el “espíritu” de esta sala o con una impronta particular de tu gestión?
—Las dos cosas. Yo entré acá por intermedio de un concurso para el que tuve que presentar un proyecto escrito, y defenderlo. De modo que parto de la base de que lo que se elige es un proyecto, no a una persona.
.. PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.

