Brecha Digital

El genio detrás

“Hitchcock”

En 1960, el realizador Alfred Hitchcock se encontraba en pleno apogeo de una fama que con toda justicia le había adjudicado el mote de “rey del suspenso”, al tiempo que buena parte de sus estudiosos lo distinguían ya como a uno de los genuinos maestros del cine. El hombre acababa de estrenar la estupenda Intriga internacional y le daba los últimos toques a la no menos brillante Psicosis. Gran parte de lo acaecido a lo largo del complicado rodaje de esta última –una historia que hacía morir a su protagonista a poco más de media hora de comenzada la proyección, un asesino con una personalidad desdoblada que haría fruncir el ceño a la censura, un escalofriante apuñalamiento en plena ducha, la primera aparición de un water en una película estadounidense que, para colmo de males se empeñaba en filmar en blanco y negro– se refleja en la novela de Stephen Rebello que el guionista John J McLaughlin adapta, acentuando los riesgos que el director corría al prohibirle la entrada al set a todo aquel que resultase ajeno al equipo técnico, amén de hacerle jurar a los implicados que no divulgarían los vericuetos de la trama. Se recuerda, por otra parte, que al estrenarse Psicosis a lo largo y ancho del mundo, la luz roja de un semáforo que se encendía en el vestíbulo de las salas a los cinco minutos de empezar la película advertía a los que llegaban tarde que no podrían entrar hasta la siguiente exhibición. Casi todo lo que antecede y algo más sale a relucir ahora en la pantalla para complementar una documentada descripción de aquel momento en el que, aparte de la inspiración, las ocurrencias, las triquiñuelas y las bromas –el obeso retratado manejaba un humor muy particular que se prolongaba en la popular serie de televisión cuyos argumentos seleccionaba y a veces dirigía en la misma época– que Hitchcock desplegaba en derredor, asoman los consejos, las sugerencias y los límites que su mujer, la talentosa libretista Alma Reville, le imponía con completo conocimiento de causa. La mirada al genio y a quien, a menudo, se agitaba detrás resulta entonces el nudo de este estreno* que si bien no todo el mundo definiría como una historia de amor, sí puede ser entendido como el análisis del gran entendimiento que existía entre dos que trabajaban juntos al servicio de uno en particular.
La abundancia de detalles acerca del observado y lo que sucedía en su entorno, más allá de los hallazgos de ambientación y recreación, el evidente respeto desplegado con relación a los hechos artísticos citados en el desarrollo y la humanización del personaje de la mencionada Alma, un ser bastante creíble que Helen Mirren encarna con absoluta convicción, no encuentran una contrapartida .. PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.

 

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