Un muchachito en funciones
- Última actualización en 15 Marzo 2013
- Escrito por: Fabio Guerra
Con Rodrigo Carlero
Nunca oyó hablar de Stanislawsky pero sabe que para hacer creíble la tristeza de un personaje puede transferirle la propia. Esta es la tercera obra teatral en la que participa y ya sostiene, con la única compañía de un brillante Héctor Spinelli, un espectáculo intimista que supera la hora de duración.* Rodrigo Carlero cumplió 13 años en setiembre de 2012 y está dispuesto a las seguras incógnitas de una formación actoral.
—¿Cómo nació esto de actuar?
—Mi tío abuelo, hermano de mi abuela, es el director de teatro Eduardo Cervieri y me invitó a actuar en la obra Himmelweg, que dirigió. Después, un compañero de ahí me invitó a la obra A don José y después Estela Fernández Alamilla, directora de esta obra y compañera de trabajo de mi padre, me llamó.
—¿Qué compañero de Himmelweg te invitó a la segunda obra?
—Walter Rey, y él mismo habló con la directora de A don José.
—¿Y a Cervieri por qué se le ocurrió incorporarte?
—Necesitaban un niño de 10 años y me preguntó si quería.
—Hasta ese momento nunca habías actuado.
—Ni se me pasaba por la cabeza, pero cuando me invitó, me copó la idea. Y el personaje era chiquito. Por suerte salió bien.
—¿El primer enfrentamiento al público qué te provocó?
—Pah, adrenalina y unos nervios que no te podés imaginar. La estrenamos en la sala Atahualpa de El Galpón. Por más que el papel sea chico hay que... (queda suspendido).
—¿En la segunda obra aumentó el papel?
—Un poco, sí, y en ésta estoy prácticamente toda la obra.
—¿Cómo te incorporaron a ésta?
—Estela, la directora, me había visto en las otras y le había gustado.
—¿Es actriz?
—Es del grupo de teatro de La Gaviota y actúa en comparsas, también.
—¿Te sentís cómodo en el teatro?
—En las primeras obras tranquilo, y en ésta, como tuvimos que ensayar seis meses y voy al liceo de mañana, estaba medio muerto. A eso se le suma que era más papel. Cuando hicimos Himmelweg todavía iba a la escuela pero de tarde, así que fue un cambio radical.
—¿Y alteró otras rutinas?
—No mucho, mis amigos vinieron a las funciones, mi madre me lleva y trae de los ensayos, mis padres me apoyan.
—Pertenecés a un sector social muy alejado, en calidad de vida y educación, del niño de la calle que representás. ¿Cómo afrontaste eso?
—Estela me mostró varios videos de actores que interpretaron papeles parecidos, y todos los compañeros de la obra me ayudaron.
—¿Y a vos te surgió la inquietud por investigar a niños que viven la calle?
—Antes veía a los niños que piden monedas y entran en los contenedores, y pasaban desapercibidos. Ahora les presto atención.
—¿Hay alguna conexión nueva con ellos?
—Son códigos, ¿no? Pensás en lo que pueden llegar a sentir y te da más lástima que antes, porque lo sentís en carne propia. En realidad en la carne del personaje, pero al momento de actuar uno es el personaje.
—¿Y qué sucedió con tu forma de pensar sobre ellos?
—Me doy cuenta de que cosas que nunca pensé que podían pasar, pasan.
—¿Ejemplo?
—Tener que pedir, no tener una familia. Sin embargo, mi personaje es de una especie diferente, porque no creo que cualquier niño de la calle establezca una relación tan afectuosa, y confiada, con un desconocido.
—Es poco probable.
—Claro, y por eso mismo me parece que la obra está buenísima, da esperanzas de que la vida sigue y algo puede cambiar.
—También hay componentes como la violencia y la prostitución, ¿qué tan nuevos te resultaron?
—Mis padres son muy abiertos a la hora de hablar de cualquier tema, y responden a todas mis dudas sin censurarme. Tenía un conocimiento básico sobre esas cosas.
—¿Qué tipo de dudas, sobre esas cosas, compartiste con tus padres?
—Puntualmente no las recuerdo, pero si querés las pienso.
—Quiero.
—Bueno, esperá (piensa). ¿Viste la canción “Niños del sur”, que canta Eduardo (Almada) más o menos a la mitad de la obra?
—Sí, es bella.
—Dice que muchos niños viven con meretrices, pregunté qué significaba esa palabra. Me lo explicaron.
—Y qué significa.
—Una mujer que vende su cuerpo para poder vivir.
—¿A qué recurriste para trabajar tu personaje?
—Pensar “si esto me pasara a mí, o a mi familia, no sé qué haría”. También te ayuda pensar en todas las cosas tristes que te pasaron. Es difícil explicarlo.
—¿Te hablaron de Stanislawsky?
—¿Qué es eso?
—Fue un gran maestro teatral que aconsejaba a sus actores hacer lo que dijiste. Lo llamó memoria emotiva.
—Nunca había oído hablar de él.
—¿Seguirás en el teatro?
—Sé que nunca podré vivir de él, pero me gusta. Cuando sea grande me gustaría ir a una escuela teatral. Lo que pasa es que tenés que darle mucho, porque es muy exigente.
—¿Y estás preparado para recibir, en esa escuela, opiniones que cuestionen tu capacidad?
—La vida tiene riesgos, es mejor correrlos que quedarme imaginando cómo hubiera sido. n
* Crepúsculo interior, de Eduardo Sarlós. Con Héctor Spinelli, Rodrigo Carlero y el músico Eduardo Almada. Adaptación y dirección de Estela Fernández Alamilla. Teatro Stella D’Italia, sábados, 19 horas.


Comentarios
Son esas cosas que llenan el corazón de un maestro.
Va a llegar muy lejos ese chiquitín!!
Un abrazo a él y su familia!
Mucho éxito en tu incipiente carrera!!!!!
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