Centro Cultural de España
Dos décadas atrás, o más, comprobando la variedad de actividades que realizaban algunos centros culturales ligados a países extranjeros –el Instituto Goethe, por ejemplo, como antes, durante la dictadura, la fermental actividad de la Alianza Francesa– uno se preguntaba por qué no sucedía algo similar con el país del que proviene nuestra lengua, el único, por ese detalle nada menor, con capacidad para buscar alguna heteróclita forma de reunión, o conocimiento, o frecuentación, entre todos los hispanoparlantes. Bien, las cosas cambiaron. La recuperación y reciclaje –por parte del arquitecto Rafael Lorente– de la vieja Casa Mojana ya fue toda una señal, por cuanto no sólo brindaba el marco adecuado al Centro Cultural de España sino que contribuía fuertemente a jerarquizar un ámbito urbano, el de la Ciudad Vieja, al que apostaban la intendencia capitalina y una buena parte de la opinión ciudadana.
Desde allí, el Centro Cultural de España se ha convertido en un referente ineludible de la actividad cultural de la ciudad. No bastarían las páginas de este semanario para dar cuenta de las exposiciones (184), las obras teatrales (92), las películas proyectadas (450), los cursos, talleres y seminarios (453), los conciertos (273), los espectáculos de danza (33), sin dejar de considerar los espacios abiertos a distintas generaciones, desde la bien surtida mediateca (19.346 libros y revistas) hasta aquellos destinados a actividades infantiles.
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