Proyecto literario “Ya te conté”
Rondan los veintipico de años, son casi todos estudiantes de Letras y algunos de ellos, a través del colectivo pica, concretaron el primer Encuentro de Literatura y Cine celebrado en Uruguay. Colectivo inquieto si los hay, hoy están transitando la aventura de un proyecto de investigación, acompañado de distintos eventos y “encuentros presenciales” que buscan estimular la difusión, el estudio y el intercambio entre los autores que componen el corpus de las “narrativas recientes” de ambas orillas del Plata, de los noventa hasta hoy. El diagnóstico: un vacío crítico agobiante en este sentido; a llenar y problematizar ese espacio se dirige el grupo desde una conciliadora alegría para vivir lo literario. El proyecto se llama “Ya te conté”* y su página (yateconte.com) funciona como plataforma y núcleo donde no faltan las polémicas.
El primer encuentro “platense” fue en Valizas durante el verano y quedaron mudos ante la nutrida y heterogénea cantidad de interesados. Ahora toca Buenos Aires: el viernes 5 de abril estarán en la sede de la revista Orsai, y el sábado 6 asaltarán las calles cercanas al local de Eloísa Cartonera. “Si llueve, a media cuadra hay un depósito de un herrero que nos lo presta. Pero la idea es ocupar la calle, dar lugar a distintos espectáculos” (más una feria del libro, tal como se realizó en Valizas) y luego pasar a las mesas temáticas en que participarán escritores y editores de las dos orillas. Brecha conversó con cuatro de los integrantes del equipo: Lucía Germano (L G), Jorge Fierro (J F), Deborah Rostán (D R) y Gabriela Rama (G R). Los otros mosqueteros del grupo son Diego Recoba, Federico Giordano, María José Olivera Manzini, y Déborah Quiring Perroux.
—¿Por qué se decidieron por este corte en el tiempo y por qué sólo narrativa?
D R —Hicimos el corte a partir de los noventa porque queríamos dejar un poco atrás a los ochenta y los setenta, que ya tienen su lugar de estudio y mucha gente que se ha ocupado.
L G —Tiene que ver con un tema de contexto, que es un poco intuitivo y un poquito arbitrario también. En los noventa se afianza el neoliberalismo en el Plata y eso trajo determinadas políticas culturales que de alguna manera afectan a la cultura y al campo cultural, que es la noción que estamos manejando. Se establecen las democracias y se afianza el neoliberalismo, ahí quisimos hacer el corte. Al principio el ánimo era pautarlo desde el año 2000 hasta ahora; después vimos que había un diálogo muy fuerte entre la gente que empieza a publicar en esa época y la que empezó a publicar en los noventa, y que esta última producción no estaba suficientemente estudiada.
D R —También hay algo que tiene que ver con las temáticas. En los noventa se produce un corte con la literatura que se encargó de la historia, de las dictaduras, de esos procesos...
L G —Sí, pero eso regresa ahora, distinto pero regresa.
D R —Cierto, pero el discurso es bien diferente. El corte de nuestra investigación es muy exacto, fechamos su comienzo el 1 de enero de 1990, quien escribió narrativa antes de esa fecha ya no ingresa.
L G —Que no incluyéramos a la poesía se debe a que necesariamente debíamos acotarnos. Ya abocarnos al estudio de la narrativa rioplatense de los últimos 23 años es un disparate. Y acá hay gente que hace cosas en poesía, está Martín Barea Mattos, por ejemplo, con su “Ronda de poetas”, y de alguna manera ellos tienen su círculo. Pero también sucumbimos a otra arbitrariedad: circunscribirnos a un concepto de narrativa muy clásico, y no lo hemos podido discutir lo suficiente, como la narratividad que puede tener un poema, por ejemplo. Por lo tanto investigamos desde una perspectiva clásica: lo que está editado en tanto cuento o novela. Y limitamos el corpus a libros publicados, porque si no se nos iba todo de las manos. Entonces: un poco de arbitrariedad, otro poco nuestras posibilidades e intereses, y otro tanto los contextos políticos, sociales y culturales que dan lugar a las narrativas recientes y sobre las que nos parece hay un gran vacío crítico. En una de las mesas de Valizas (Daniel Mella, Gabriel Peveroni y la novelista y ensayista argentina Elsa Drucaroff) se habló un poco de todo esto. En particular Mella y Peveroni, que empiezan a publicar en los noventa, decían que sentían la necesidad de dejar a la dictadura y a la historia un poco de lado, y Drucaroff hacía la analogía con la Argentina y allá pasaba un poco lo mismo. Es algo que los agarró siendo chicos y estaban un poco saturados de ese tipo de discursos. También culposos, como señaló Mella, por no poder seguir por ahí; sin embargo eso se cuela, la dictadura se cuela igual.
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