Con Martina Gadea
La infancia le dicta hasta el vocabulario. El título del primer disco que editó con Bizarro Récords, en 2009, es “Volvé a jugar” –con el mismo sello grabó “Tierra”, en 2012– y la editorial Alfaguara Infantil acaba de publicarle el libro “Cuentos para ver y leer antes de dormir”. En el medio hay un título de psicóloga obtenido a los 22 años, un librito de poesía autoeditado, adicción al dibujo y una caja de 120 lápices de colores Caran D’Ache, que la fe de Martina Gadea pidió, y obtuvo a vuelta de correo, de Suiza.
—Cantante de tus propios textos, psicóloga y escritora para niños. ¿Qué despertó primero?
—Cuando tenía 8 años estuve un par de meses en cama, por una mononucleosis. Dibujé y pinté más que nunca. Lo traigo en los genes, mi padre dibuja, una hermana es arquitecta, un hermano diseñador gráfico; recuerdo que pasé toda la enfermedad gastando lápices. Eso siguió hasta que en un momento mis amigas comenzaron a insistir en que tenía que exponer mis dibujos, pero yo no me veía como expositora. Hace año y poco me fui a mi ranchito de Cabo Polonio, sola, durante dos semanas, y me llevé impresos todos mis dibujos. Observarlos juntos me dio la idea de organizarlos como un libro álbum para niños, complementado con textos, que se llamara “Cuentos para ver”. Porque así son mis dibujos, cubiertos de colores, lúdicos, naifs.
—Te preguntaba por la cronología de inquietudes.
—El dibujo cuando era niña y el canto en los campamentos liceales, donde me pedían que cantara. A los 18 años tuve mi primera banda, Los Ciclotímicos, que duró uno, con la que hice mis primeras canciones. De la Facultad de Psicología egresé a los 22 años pero empecé a trabajar con niños bastante antes, a los 16, en una clínica que atendía a chicos con discapacidad, y más tarde en un proyecto que funcionaba en escuelas de la periferia y se llamaba “Todos los niños pueden aprender”. Ahora tengo 35 años y vivo del multiempleo como psicóloga, porque vender discos viste que es una quimera. Tampoco hago lo que debe hacer todo músico, actuar en cuanto lugar pueda. Y cuando estoy trabajando como psicóloga siento que es la tarea para la que vine al mundo.
—Predomina, entonces, sobre tus otros roles.
—Son diferentes; la profesión me da el orgullo de la independencia económica, me hace sentir grande, y también me da el placer de ayudar a la gente.
—Lo de grande suena infantil.
—(Sonrisa.) Lo sé, lo uso como sinónimo de responsabilidades de la adultez.
—¿En qué sos niña?
—En todo lo demás.
—¿Qué es serlo?
—El manejo de la incertidumbre, por ejemplo. En mi rol de psicóloga no tengo absolutamente ninguna duda, pero en todo el resto de mi vida me manejo sin planes, ni metas a cumplir. Voy viviendo y aceptando lo que aparece, por lo cual convivo con incertidumbres de todo tipo. De hecho el único tatuaje que me hice es un dado, para no olvidar que el azar existe, que hay cosas que no dependen de mí. Que no hay que subestimar a la realidad, sea cual sea tu estado de ánimo; la vida cambia en un segundo... PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.