Milagro, 1998
El lenguaje dice…
El lenguaje dice: detrás del lenguaje
se encuentra un lenguaje. El lenguaje son rastros manchados
que andan por allí. El lenguaje dice: escucha ahora.
Tú escuchas: aquí hubo eco.
Toma al silencio e intenta estar en silencio.
Toma las palabras e intenta hablar:
más allá de lenguaje el lenguaje es una herida
de la que el mundo mana y mana.
El lenguaje dice: es, no es, es,
no es. El lenguaje dice: yo.
El lenguaje dice: vamos, quiero hablarte,
déjame palparte; vamos,
di que lo has dicho.
Epitafio
Apártate del camino, vagabundo,
siéntate entre moreras y parras
entre el agua y la sombra cerca de esta piedra blanca
aquí yazgo, niño y emperador.
Mi rostro de frío mármol, mis manos, mis pies,
vestido de hiedra y hojas caídas,
yo, también, fracasé en llegar lejos,
yo, también, una vez recorrí el mundo.
Apártate del camino, vagabundo
aplasta estas moras silvestres en mi rostro.
Inmortalidad
Tres cocineros
sacan las vísceras,
lo rellenan con camarones y hongos.
Necesitaron dos yemas de huevos,
una botella de vino blanco seco,
veinte dientes de ajo,
sal, pimienta, hierbas,
quinientos gramos de mantequilla
a pesar de la receta exacta que él dejó
y no un poco de talento e improvisación.
Tres horas en el horno,
un mantel blanco, velas rojas,
ensalada verde, champaña.
¿Qué puedo decir?
Liberó la lengua y prohibió la apología
tal como en vida él fue carne y sangre,
muerto y delicioso y amado.
Un vaso de cerveza
El homicidio perfecto no requiere de razones, dijo,
el homicidio perfecto solamente necesita el objeto perfecto,
tal como en Auschwitz.
No los crematorios, por supuesto, sino como ocurría después,
fuera del horario de trabajo.
Se quedó en silencio,
contemplando la espuma de la cerveza
y tomando un sorbo.
El homicidio perfecto es el amor, dijo.
El homicidio perfecto no requiere de nada perfecto
excepto dar
lo más que se pueda.
Incluso el recuerdo de apretar el cuello
es eterno. Incluso los aullidos que sacudieron mi mano,
incluso la orina que caía como bendición sobre la carne fría,
incluso el talón de la bota despierta otra eternidad,
incluso el silencio,
dijo, mirando la espuma.
Cierto, un trabajo decente
libera mucho, pero
un homicidio perfecto no pierde
una gota,
como los labios de un niño, explicó,
como la arena y la espuma,
como tú
escuchando,
bebiendo y escuchando.
Ciudad 2
¡Tel Aviv, mi puta linda,
niñita maquillada,
dame un baño de advocat,
aliméntame con lenguas de espárragos!
Conforta a tus hijos con besos pintados,
déjalos que chupen de cada hueco.
Zachy, a cuya palma le salió una cana blanca como una solitaria,
quien se pinchaba con agujas
para asegurarse que no estuviera muerto;
Mimí, la que compraba juguetes en Eros
y quien a todos trataba como un helado;
Dina, la que bailaba sin música
pero que siempre sabía cuando la melodía había cambiado;
Dovi, el que sonreía y temblaba
y hacía sus meditaciones de Gurú Maharaji
frente a bocinas estremecidas
por el estruendo supersónico de Vangelis;
la vieja Avia, la que desenterraba huesos del cementerio musulmán
y leía en las cartas viejas los destinos del mundo;
la que se maquillaba frente a nosotros, como novia en la ventana,
en noches de luna llena;
Edan, cuyas manos tallaban cuerpos vivientes
en baños públicos de la estación central de buses,
el que durmió en verano cerca del mar abierto,
su carne mordisqueada por peces y pescadores;
Iris, la que tragaba ácido como dulces
y aullaba junto a la abuela encerrada en la cocina
y trataba y trataba de morder los falos erectos
que cubrían las paredes de las habitaciones de Zohar.
Ciudad de vástagos quebrados, te alabamos,
buscando desesperadamente la puerta en la pared;
nos perdimos frente a la superficie
interminable del Escher.
Mi puta linda,
niñita maquillada,
no laves el olor nocturno de tu carne,
no te abotones tan rápido
ni cubras nuestros mordiscos de amor
con la bufanda de la mañana.
Jóvenes réprobos, hermandad de los leprosos,
aquí tenemos fuego y carbón; chivos expiatorios,
nuestra carne cruda se quema en la llama de la parrillada.
Temiendo el laberinto, estamos atrapados en el matorral.
El museo del tiempo
Imagen 10: Florecer
Cuando los muertos planifican su próximo nacimiento
los cementerios huelen a primavera.
Se acercan más que los sueños
vagan lejos de sus mundos
para morirse en el mundo.
De repente los agarras, tu cuerpo se estremece
cuando se desplazan cerca de ti como si fueses un fantasma.
La cúpula del paisaje, un cielo azul, algunas nubes ligeras
es una cortina delgada incapaz de protegerte.
Sonidos de campanas y conchas marinas se acercan a tus oídos.
Cada respiro es una presencia.
En la primavera todo se revela en carne y hueso nuevamente.
Espejos relucientes cuelgan en el viento, ojos florecen por todas partes.
* Traducción de Karla Coreas.