Brecha Digital

En la compulsión está el gusto

¿Por qué una dramaturga premiada está escribiendo, en junio, letras para cuatro grupos de Carnaval? Es pura demanda,explica Jimena Márquez, mejor letrista de lubolos por su guión de este año para la comparsa Mi Morena, escritora e integrante de la murga de mujeres Cero Bola, redactora de la murga La Gran Muñeca y flamante letrista de la revista que sacará Julio Sosa, "Kanela".Todo sin desatender un espectáculo conjunto con Samantha Navarro, la reposición de su obra teatral Te pasa algo, y clases de literatura.

—¿El Carnaval suele moverse con tanta anticipación?

—Depende del fanatismo de cada grupo. Yo suelo comenzar a escribir en marzo para el próximo Carnaval. Igual, con Mi Morena todavía no empezamos, y con Kanela hace poco, ahí escribimos en sociedad con Alberto "Coco" Rivero.

—¿Cómo compaginás esta vertiente con la dramaturgia?

—Cuanto más crece la demanda carnavalera más disminuye la producción teatral. Igual tengo una obra en mente, La escritora de comedias, esperando que tenga tiempo y cabeza para bajarla al papel.

—¿De dónde surge la demanda carnavalera?

—Fue dándose. La murga Cero Bola respondió a las ganas que teníamos, con un grupo de amigas, de sacarnos un gusto. Estuvimos en el certamen Murga Joven de 2007 a 2009, paramos dos años y en éste ingresamos al Concurso Oficial. De chiquita me apasiona el Carnaval, cantaba canciones de murga frente al espejo y jugaba a escribir retiradas y cuplés. En 2007 La Gran Muñeca volvía a salir luego de una década inactiva, y como estaban buscando letrista y les gustó la propuesta de Cero Bola, me convocaron. Este año incursioné en la categoría lubolos con eficacia, y supongo que eso motivó a Kanela a llamarme.

—¿No temiste que la inspiración colapsara?

—Soy una escritora compulsiva, así que me llevo bien con los desafíos múltiples. Y nunca escribo sola, en ninguno de estos conjuntos. Las letras salen de la lluvia de ideas y el aporte colectivo. De todos modos me resulta extraño que categorías diversas se hayan interesado en mi estilo, porque mis textos siempre han funcionado más con el público que con los jurados del concurso.

—El Carnaval está cada vez más previsible y autorreferido.

—Estoy de acuerdo en la previsibilidad, pero no cuestiono la autorreferencia, sobre todo en el sector joven. Creo que las murgas que fueron jóvenes, y sus herederas, tienen una lucha interna frente al modelo Concurso Oficial: por un lado quieren estar ahí –qué artista rechazaría ese intercambio efervescente con el público– y a la vez reniegan de sus trampas y esquematismos. Como es una tensión que no tiene remedio, el discurso termina vertiendo sobre sí mismo buena parte de la crítica e ironía que no proyecta hacia afuera.

—La vocación rupturista juvenil, entonces, está destinada a la rápida cooptación por el modelo.

—El caudal de propuestas del Carnaval se ha diversificado tanto que es difícil generalizar una conclusión. Hay pistas: La Mojigata, por ejemplo, que desde su fundación insiste con su particular concepción artística, sin plegarse al "abrazo" carnavalero, convive con murgas cuyos componentes son jóvenes, pero sus formatos son súper clásicos.

—Recibiste un Florencio revelación por el texto de la obra teatral Cajas chinas. ¿Qué hacés saltando por los tablados?

—(Sonrisa). Ambas vertientes están en mí, como te contaba, desde niña. Y tienen el mismo peso.

—Pero acabás de confesar que a medida que la carnavalera avanza, la dramaturga retrocede.

—Porque la creación teatral es solitaria, al contrario de la otra. El teatro no es un sistema ansioso, escribo cuando quiero. En el Carnaval, en cambio, hay un conjunto de personas que dependen, digamos, de mis "entregas", y los tiempos son otros. Tiempo es lo que menos tengo, porque además trabajo como profesora de literatura. Estrené mi última obra, Te pasa algo, el año pasado en el Museo del Carnaval; pensamos reponerla en agosto en el teatro El Galpón.

—¿Conectan, los programas de literatura, con el estudiante de hoy?

—Mantienen, aún, muchos compartimientos estancos. Tengo grupos de quinto y sexto año, trato de adaptarme a su sensibilidad pero es difícil. No sólo por mis 33 años sino porque, en general, se apartan cada vez más del libro. Por ahora la herramienta que me da más resultado es el humor, trato de que sientan que el salón, y el libro, también pueden ser espacios para reír. Y me consta que muchos colegas no aceptan el humor en clase.

—¿Colegas jóvenes?

—Sí, y eso es lo peor. Para mí hacer un chiste, y hasta burlarse de un personaje literario, son formas alternativas de vincularse con él.

—¿Cantás en el espectáculo con Samantha?

—Canta más ella, yo digo textos, y Ximena Bouso, bombista de Cero Bola, nos acompaña en la percusión. Es un espectáculo humorístico, titulado Cotillón, que estrenamos y repondremos en El Tartamudo bar. n

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