Con Antonio Dabezies
Ninguna variable de presentación de esta persona es preferible a lo que contó Tabaré Cardozo la última noche del Espacio Guambia, empujado a cerrar por falta de anticuerpos contra la reglamentocracia. Dijo, Tabaré, que cuando comenzó a cantar en ese escenario que amparó a tantísimos músicos uruguayos tenía una guitarra inaudible. Un día Antonio Dabezies, con gesto capataz, le dijo que así no podía seguir. Y añadió: “Tomá, comprate una buena”.
—Decías que estás resignado a tu suerte.
—No resignado, razonable. El Espacio Guambia, tal como venía, no da para más. No sólo por los reglamentos sino porque, por una cuestión de tamaño, es inviable económicamente, no le rinde a ningún músico. A lo mejor hago algo para 80 personas, presentaciones de libros, reuniones, no sé. A la vez me consta que hay gente moviéndose para que reabra en otro local.
—¿Por qué convencen, ahora, argumentos que en tu carta explicativa del cierre cuestionaste?
—Más bien entendí, como te dije, que en las presentes condiciones este lugar es insostenible. Y lo que hice en la carta, más que nada, fue protestar contra la imposición de las cosas a multas, sin preaviso ni diálogo. Siempre tuve la mejor voluntad de acatar las normas y lo hice porque, hasta el año pasado, me otorgaron los permisos. Pero si cambian las reglas y nadie te avisa es imposible mantener la buena voluntad. Si la Intendencia de Montevideo aplica taxativamente la reglamentación determinada por la Dirección de Bomberos, desde el 1 de mayo no puede funcionar más ningún boliche chico. Lo cual significa que cancelan, para la Capital Iberoamericana de la Cultura, toda la música que no sean actuaciones de bandas consagradas. Han cerrado boliches en los que leían poesía, no ponderan situaciones; en los 12 años de vida de Espacio Guambia nadie encendió una bengala. Pero está todo bien, repito. No se trata de armar lío ni exigir cabezas, lo que sí me parece es que estos temas deberían ser discutidos no sólo por entendidos en incendios, sino por todos los que manejamos público.
—¿Por qué fue un espacio de música el sucesor de la revista Guambia?
—El local es mío, lo compré en cuotas más bajas que el alquiler que pagaba por él. Para la revista resultaba demasiado grande y, al principio, pensé en alquilarlo para fiestas, que en su momento fueron buen negocio porque en Montevideo no había lugares destinados a eso. Te pagaban 500 dólares por fiesta. Después los clubes se avivaron, comenzaron a alquilar sus instalaciones y en un año liquidaron el negocio. Y yo había metido mucha guita en el acondicionamiento de este sitio. Entonces se me ocurrió arrancar con recitales de música, aprovechando que soy amigo de buena parte del ambiente.
—¿De dónde proviene esa amistad?
—El primer espectáculo musical que organicé, en el antiguo Teatro Astral, fue en 1981. Y en 1980, con el sonidista Otonello y otro socio, uno grande en el Palacio Peñarol. Esa fue la primera vez que los músicos cobraron una guita importante. Y los productores cobramos lo mismo que ellos, en modalidad cooperativa. Llenamos dos veces el Palacio, fue un éxito; cuando le pagamos a Los que Iban Cantando no podían creerlo, igual que Abel García y Santiago Chalar, entre otros. Por eso siento que para los músicos siempre fui buena palabra. Y aquí, en Espacio Guambia, nunca pagué un caché, le daba a los músicos el 80 o 90 por ciento de las entradas y me quedaba con el resto, para gastos.
—Pésimo negocio, ¿por qué?
—No necesitaba la plata, y siempre quise ganarla dando trabajo.
OLFATO DE INTUITIVO
—¿Cuando el Espacio Guambia abrió ya estaba la Sala Zitarrosa?
—Sí, desde poco antes.
—¿Cómo perduró, compitiendo con una sala bien equipada y en pleno centro, la bohemia artesanal de esta guarida?
—Los músicos empezaron a quererla.
—¿Y cómo fidelizaste, según la jerga de la gestión cultural, a tu público?
—Sobran músicos en Uruguay; buenos, malos, regulares, ídolos.
—Ser un empresario dispuesto a perder plata con la cultura habla de un patrimonio sólido.
—Empecé con la imprenta.
—CBA.
—Sí, pero lo que realmente me hizo crecer fue la revista Guambia... PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.