Brecha Digital

Tras las huellas de Sendic

Daniel Chavarría
El nombre de Daniel Chavarría resulta bien conocido dentro del ámbito literario internacional. Aunque novelista por excelencia, este autor, considerado uruguayo-cubano, también se ha desenvuelto como guionista de cine y profesor de latín y griego en la Universidad de La Habana. Desde la aparición a finales de los setenta de Joy, su primera novela, Chavarría ha visto su obra retribuida con el favor de un amplio y fiel público; además de ser galardonada con numerosos premios, entre ellos el Nacional de Literatura, de Cuba (máxima distinción en la isla), y el Bartolomé Hidalgo, de Uruguay. Luego de ser homenajeado en la pasada Feria Internacional del Libro (Cuba, 2013), Brecha indagó acerca de la biografía novelada que prepara sobre Raúl Sendic y que saldrá próximamente editada por Alfaguara.
—Usted ha permanecido muchos años fuera de Uruguay. Ha vivido en varios países del continente y desde 1969 reside en Cuba. ¿Cómo llega a la figura de Raúl Sendic?

—Salí de Uruguay definitivamente poco después de Playa Girón, abril del 61. En esa época Sendic empezaba a ser una figura nacional, pero yo era comunista; él, socialista. Eran partidos que estaban fajados, sectarios todos. Conocí su nombre después, y algo de lo que hacía en el trabajo del sindicalismo rural, un sindicalismo clandestino. Él se metía en los cañaverales a enseñarles a los pobres trabajadores de esos lugares, quienes sufrían una explotación terrible.
No vine realmente a saber quién era él hasta años más tarde, cuando colaboraba con un movimiento guerrillero en la cordillera occidental de Colombia. Yo estaba asociado con un obispo revolucionario de la teología de la liberación (monseñor Gerardo Valencia Cano). Fue él quien me dijo. Me refiero a 1968. En ese año me entero de la gran proyección política que tenía Sendic, porque aparte de ser un combatiente visceral, era un hombre ilustradísimo, con una capacidad adivinatoria del futuro, un poco como la de Fidel. Muy memorioso, que leyó desde niño. En su casa, de gente humilde, había una biblioteca y tenían como disciplina familiar leer y oír. Así acumuló conocimientos increíbles.
Cuando descubro en la literatura política de Uruguay –que yo no había leído en los años de ausencia– quién es el personaje, me enamoré de él. Estuve ausente de Uruguay 24 años y en ese tiempo me aplatané mucho. He vivido más años fuera que dentro. Ahora estoy verdaderamente apasionado con lo que voy descubriendo.
—Recientemente usted dijo que “el mérito del biógrafo de un personajazo se reduce a investigar su vida y contarla como fue, sin apelar a más recursos que la tradicional narración omnisciente con diálogos directos”. ¿Cuánto de ficción hay en esta obra?
—Los grandes biógrafos han sido todos noveladores de historias. Por ejemplo, la biografía de César. Quién puede asegurar que el caudillo romano cuando vio a Bruto avanzar junto a los conjurados del Senado, desempuñando el puñal con que lo iba a matar, le dijera: “¿Tú también, hijo mío?”, la famosa frase. En ese loquero y griterío que debió ser. No, a lo mejor no lo dijo nunca, pero lo pudo pensar. A lo mejor no lo pensó, pero es lo que debió pensar. Dentro de este género, la biografía novelada no sólo es licencia, sino recomendable que un buen biógrafo ponga en la cabeza del personaje los pensamientos que debió tener, lo que pueda ser típico, emblemático. Este es un género donde la ficción es muy importante. Ya con respecto a ella, en este caso tengo que apelar a muy poca. Por supuesto, la ficción natural de los diálogos, los cuales invento para trasmitir cómo pudieron ser algunos momentos de la vida de Sendic. Eso es parte de la licencia.
—En sus novelas hay mucha acción y personajes muy intensos. ¿Cómo ha sido el proceso de redacción de este nuevo libro?.. PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.

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