Con Liniers en Montevideo Cómics
Frente a un auditorio lleno, Ricardo Siri Liniers habló de sus historietas, el fenómeno de las tiras cómicas y de los cambios en los patrones de consumo de los últimos tiempos. Un rato antes había conversado con Brecha mientras firmaba libros. “Vamos a tratar de hablar bajito, porque Liniers es un tipo muy sensible, y si hablamos alto lo podemos sobreexcitar”, dijo Leo Lagos en el momento de presentarlo. Macanudo, la tira cómica que sale a diario en La Nación de Buenos Aires, se caracteriza por ser muy naif. Gracias a eso es capaz de cautivar a todos los públicos y de generar interés incluso en quienes no tienen el hábito de leer historietas. Ignacio Alcuri y Lagos bromeaban con que debido a esta vertiente sensible Liniers es “como la marihuana del cómic para las mujeres”, es decir, la puerta de entrada a otras historietas más duras. A esto Liniers respondió que era consciente de esa suerte de superpoder, “pero es como esos superpoderes de mierda de los X-Men, que les cagan la vida. Yo consigo arrancarles suspiros a las chicas, pero los hombres no queremos eso. Queremos generar otra cosa”. “El peor guitarrista va a levantar más mujeres que Quino”, decía luego sobre el don que no tienen los historietistas.
La “ternura” de Macanudo está en su toque infantil. Entre los personajes más populares está Enriqueta, una outsider de la niñez 2.0, una lectora voraz que pasa su tiempo filosofando a su manera, en compañía de su gato Fellini y su oso de peluche Madariaga. También Olga, el amigo imaginario de un niño, que más de uno de los grandes querríamos tener al lado para protegernos de pesadillas y de lo que no nos gusta. Su único parlamento, “olga”, tiene miles de significados según de qué historieta se trate, pero tanto Martín, el niño, como nosotros, lo entendemos.
Entre los niños de Macanudo llama la atención la soledad, quizás explicable cuando el autor cuenta sobre su época escolar: “En la primaria hay una cosa peor que el bullying, mucho más humillante, que es cuando agarran a todos los chiquitos, los ponen contra la pared y eligen a dos que suelen ser los más populares y cancheritos, para formar equipos de fútbol. Uno va quedando entre los últimos, hasta que pasa algo terrible, que es cuando eligen al anteúltimo. Quedás vos y un tipo con yeso en el pie, y lo eligen al otro. Ahí decís: ‘Bueno, está bien, tengo que ir al otro equipo’. Llegó un momento en que dije: ‘¿Saben qué? Váyanse con su pelota de fútbol, yo me voy a dibujar a otro lado’”. Así fue que a los 8 años empezó a dibujar en el colegio. “Soy de la época pre videocasetera. Cuando veías una película en el cine, después se iba para siempre, y a Arturito no lo ibas a ver nunca más. El concepto de tener La guerra de las galaxias en tu casa no estaba, entonces lo que yo hacía era dibujarla para tenerla.”
Entre los personajes de Liniers hay algunos más insólitos, como Oliverio, una aceituna que siempre roza la catástrofe, pero sale victoriosa. Hay otros, como el Misterioso Hombre de Negro, que en cada tira genera más intriga. Los duendes y los pingüinos son una predilección del dibujante, siempre en situaciones absurdas. Y hay ovejas igual de disparatadas, una vaca que comenta los clichés del cine, conjetura sobre la vida de Picasso, un robot sensible que quiere ser humano, e incluso viñetas de su propia vida. En estas últimas Liniers se dibuja a sí mismo como un conejo: “Cuando uno está disfrazado está muy dispuesto al papelón, vas vestido de Batman y todo te chupa un huevo. Lo del conejo es un poco eso. (…) El conejo es como un personaje, es como Enriqueta o Fellini. Es lo que uso para contar anécdotas más normales, cosas más chiquitas, más lindas que me pasan. ¿Y las chicas qué hacen? Suspiran”. .. PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.