Brecha Digital

El despegue

Historieta uruguaya en Montevideo Cómics

Desde hace algunos años Montevideo Cómics es el lugar elegido por los creadores de historieta para presentar sus libros. Esta última edición no fue la excepción, y la cantidad y la calidad de los trabajos presentados hablan a las claras del impulso que ha tomado el arte de las viñetas en nuestro país.

 Tal vez haya sido porque fueron presentadas bajo el signo de Jet Gálvez. Lo cierto es que el envión es notorio. El centinela del cosmos, creado por Carlos María Federici, restaurado para la ocasión, no podía ser sino una señal de despegue. Más seriamente, la señal tiene que ver con Federici, pero por otros motivos: el rescate de un autor único en Uruguay y la publicación de un libro (Federici: detective intergalático) que no sólo lo homenajea sino que vuelve a poner en circulación sus historietas, significa reparar un olvido injusto y además honrar lo mejor de la tradición historietística uruguaya. Y no sólo eso: en Montevideo Cómics se lanzó el primer número de la segunda época de la revista Quimera, con la que vuelven Enrique Ardito y Williams Gezzio, dos dibujantes de larga y prolífica carrera en la prensa diaria que, con el cierre de La República de Fasano, se quedaron sin lugar donde publicar. Otro intento de recomponer esa tradición de la historieta uruguaya, tanta veces desdibujada, fue la publicación hace algunos meses de La historieta en el Uruguay Vol I, el monumental esfuerzo de Gabriel Mainero y José Ernesto Costa. El libro, que va desde los orígenes hasta 1955, merece una nota aparte y, a pesar de ser una especie de orejano que se mantuvo aparte de la convención de historietas, no puede ignorarse que forma parte de ese puñado de señales que muestran que el llamado “arte secuencial” está escribiendo no sólo su historia pasada sino proyectándose al futuro.
El otro signo de este impulso es la repentina “madurez” que exhibe la historieta uruguaya juzgada a partir de las publicaciones lanzadas en la convención. Y por “madurez” me refiero a una profesionalización creciente, al cuidado del dibujo, pero sobre todo de los guiones, en un emparejamiento de la calidad hacia arriba que hizo de la lectura de los libros una grata sorpresa y un franco placer.
Lamentablemente la presentación de los libros uruguayos en Montevideo Cómics no honró el material que se estaba lanzando. Una presentación colectiva que agrupó a ocho o diez dibujantes y guionistas hizo que casi nadie pudiera hablar de los libros. De modo que más o menos se bromeó sobre la cantidad de mujeres desnudas que aparecía en cada uno, y poco más. Para peor, la presentación del conglomerado uruguayo coincidió exactamente con la presencia de Liniers –la estrella de la convención–, que congregó una sala llena y festiva, acompañado por Leo Lagos y Alcuri, en algo que se pareció bastante a un stand up improvisado. No es que las 300 o más personas que se reían con Liniers fueran a ir en bloque a ver qué pasaba con la historieta uruguaya. Pero las pocas personas que optamos por ir a escuchar a los uruguayos nos fuimos con la idea de que aquello era más bien una pérdida de tiempo, y no precisamente porque los autores no tuvieran nada que decir acerca de sus libros sino porque enfrentados al poco tiempo, la superpoblación del panel y a una moderación inexistente, se quedaron sin palabras. Si la historieta uruguaya pretende tener más lectores es importante que en los pocos espacios que se le dedican hablen de lo que hay de bueno entre las dos tapas del libro, que los dibujantes hablen del dibujo y los guionistas del guión, de los problemas que encontraron y cómo los resolvieron, de los dilemas que planteaba la historia, de por qué eligieron hacerla en primer lugar, que den un atisbo de por qué vale la pena leerlas, y después, si quieren, hacen los chistes de patio de liceo. Porque, siendo francos, es mucho más fácil llegar a un álbum de Macanudo que a Morir por el Che o El viejo, aunque éstos merezcan, verdaderamente, llegar a muchos lectores. Y porque, si se fijaron bien, eso es lo que hacen los invitados extranjeros que llegan a Montevideo: hablan de sus libros. 

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