Brecha Digital

“Nada que me ate”

Con Natalia Bolani

Algunos colegas le preguntan si dejó de actuar, y ante su estupor rematan: “¿Cómo, estás cantando?”. Y es que está cantando tangos,* la actriz Natalia Bolani. Y antes recibió formación en flamenco, canto lírico y teatro, aprendió a hablar cuatro idiomas, resistió un año en la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático (emad), actuó en cine, obtuvo el título de traductora pública y dio clases de cultura y lengua italiana. En noviembre viajará a Perú con la obra Gatomaquia, y hace poco bajó Tangos drogos en la Vieja Farmacia Solís.

—¿Por qué sólo un año en la emad?
—Entré grande, con 29 años, haciendo muchas cosas afuera; el tiempo no da para todo.
—¿Qué cosas?
—Ya trabajaba en teatro y trataba de aprovechar “zafras” como traductora pública.
—¿Percibiste que no estarías mucho?
—Entré porque desde los 15 años frecuentaba distintos talleres artísticos y sentía la necesidad de probarme en una estructura formal, académica. Recibir notas, evaluaciones. Pero todo eso no tardó en hacerme “ruido”, porque no le encontraba la conexión con lo que había recibido afuera y funcionaba. A determinada altura me pregunté si valía la pena seguir invirtiendo energías en ese desbalance.
—Tenías lo necesario.
—No es que lo tuviera, creer eso sería una torpe vanidad; lo que no pude fue acompañar la dispersión metodológica que, por lo menos en ese momento, año 2006, caracterizaba a la escuela. Cada docente se manejaba con sus concepciones personales, no había un criterio común, un norte institucional. Y algunos te trataban como a un niño, onda “esto se hace así”. Bueno, el propio hecho de recibirse de actor linda con el absurdo. No es algo que puedas aprender, sos o no sos; lo único que puede darte un guía son herramientas para ayudarte a conseguir tu síntesis. El problema es que yo ya tenía cabeza, y práctica, de actriz. Desde que me paré en el escenario de un taller de flamenco de seis meses en Sevilla, hasta todos los escenarios que conocí después.
—¿Cómo financiaste esa formación en el extranjero?
—Con mis ahorros.
—¿La disponible en la región no te convencía?
—Formó parte de un viaje recreativo a Europa. Me fui de “semimochilera” a visitar amigos. Claro, cuando llegué a España, y a Sevilla… qué otra cosa podés hacer en una ciudad que respira cante y baile si no es entregarte a eso. Pero también tomé clases de flamenco en Buenos Aires con Sibila Maitello, una maestra internacional.
—Italia es otro país que apreciás.
—Bueno, lo llevo en la sangre y viví un tiempo allá. Mi abuelo materno, Carlos Chiodi Bursaco, fue un pionero galán del radioteatro uruguayo. Murió cuando mamá tenía 3 años (más tarde lo conoceré en un grueso álbum de hojas amarillas). Mi madre, Rosario Chiodi, también fue actriz, y mi viejo, Jorge Bolani, como sabés, tiene una vida en el teatro.
—Recordame, en orden de aparición, tus apetitos artísticos.
—Danza, canto y teatro.
—¿Qué los ordenó?
—Nunca lo reflexioné, ahora que preguntás. Sí supe, desde que iba a la escuela, que quería hacer cosas en un escenario, porque, a pesar de que era muy introvertida, siempre estaba cantando, bailando o fascinada con ensayar para actos y fiestitas.
—¿Cómo se puede ser introvertido y al mismo tiempo cantar y bailar?
—Era introvertida en el salón de clase, pero llegué a bailar el “Bolero” de Ravel con cuarenta grados de fiebre. Hasta hoy mi madre no se explica cómo pude; terminé y caí fulminada. El canto viene por la música que religiosamente escuchábamos en casa. Los domingos, en casa, no existía la televisión; nos sentábamos los cuatro, mis viejos, mi hermano y yo, a escuchar música.
—De ahí también vendrá la veta tanguera…
—Más de mis abuelos paternos, sobre todo mi abuelo, que escuchaba radio Clarín. Y al fin de cuentas, del Río de la Plata. Empecé a explorar mi voz tanguera en el espectáculo Fontanarrisa de boliche, que hizo temporadas en la Vieja Farmacia Solís. Y hace un mes bajamos Tangos drogos, en el mismo espacio.
—¿Por qué rehusaste dar el examen de admisión a la Comedia Nacional?
—Como no concluí la emad iba a tener muy poco puntaje en el ítem formación profesional. Más allá de eso, nunca sentí que fuera mi lugar.
—¿Por qué?
—Porque mi historia es “nada que me ate”, aunque me comprometa hasta los huesos con lo que hago momento a momento. Hablo de ataduras institucionales, que te organizan lo que podés hacer y lo que no. Reconozco que esta actitud puede obedecer a mis dificultades de adaptación, pero en todo caso honro mis sentimientos. Y con el protagonismo que está tomando el canto en mi vida, sería imposible ingresar a un sistema fijo de horarios y responsabilidades. Ahora puedo bailar, cantar, montar una performance, programar un espectáculo, viajar a tomar clases. En el elenco oficial sólo sería actriz.n
*     El jueves 9 canta en El Tartamudo Bar junto al músico Luciano Gallardo, y el 16 y 23 en el Museo del Vino, acompañada por los músicos Gonzalo Gravina y Sergio Astengo.

Comentarios   

 
0 #1 coco 03-08-2012 20:35
La he visto actuar , bailar y cantar, lo que ha expresado son cosas muy concretas y reflejan una gran personalidad y formación artística con un amplio abanico de inquietudes.
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