Hipnosis colectiva
- Última actualización en 31 Agosto 2012
- Escrito por: Ana Laura Barrios
Haciendo suya la escena, actores y público conviven durante dos días en una experiencia estética que logra con creces ser una pieza única. Sobre la apropiación del espacio, el logro de un estado actoral vivo, las reglas de un juego consciente en el vínculo con el público y la pasión como guía y fin del proyecto, conversó Brecha con el director Roberto Suárez (RS)y el actor Gustavo Suárez (GS).
—Bienvenido a casa establece un fuerte vínculo entre el lenguaje cinematográfico y el teatral. En la historia están presentes David Lynch y El hombre elefante, hay una referencia a Caligari, y un trabajo detallado sobre los niveles y planos en la escenografía… a esto hay que agregar que estás trabajando como director en tu primera película, Ojos de madera. ¿Cómo trabajás el vínculo entre los dos lenguajes?
R S —En el primer episodio la escena tiene una forma más cinematográfica porque hay un “apantallamiento” de la imagen enmarcada por el propio espacio; hay una sensación de estar ante una pantalla de cine. La conexión con Lynch la investigamos desde el primer día a través de la historia de El hombre elefante. Lo que nos interesa de Lynch en particular es el enrarecimiento; nosotros buscamos eso a nivel de teatro, la forma en que él logra que una situación cotidiana comience a volverse cada vez menos reconocible y cada vez más siniestra. En el primer episodio pusimos el énfasis en lo teatral, a diferencia del segundo día, cuando la idea es que no haya una barrera entre el espectador y el actor. En este segundo episodio trabajamos mucho sobre la simpatheia, es decir, sobre cómo el actor se vincula con su público mediante mecanismos que venimos trabajando desde hace un tiempo. Investigamos sobre la hipnosis y trabajamos sobre distintas formas de relacionamiento energético con el espectador para lograr esa conexión y que los lazos en algún momento se toquen.
G S —En el primer episodio sucede eso también, tal vez con menor intensidad pero sucede.
R S —Lo trabajamos en los dos episodios pero es más marcado en el segundo. Investigamos tomando en cuenta el vehículo de comunicación, es decir, desde qué lugar comunicamos. Más allá de la trama, lo que estamos buscando desde el primer día de ensayo es lograr esa conexión; la trama es una excusa para el acto mágico del teatro, que es esa relación de amor entre el espectador y el actor.
—Hablan de técnicas como la hipnosis para trabajar ese vínculo, ¿qué otros métodos surgieron durante estos dos años de trabajo?
G S —Es anecdótico, pero leímos teoría sobre hipnosis, hicimos ejercicios de inducción, vinieron magos a darnos charlas. Pero más allá de eso, lo importante es el trabajo grupal y personal sobre la energía, que es lo más difícil de aprender. Lo fuimos investigando sin saber a dónde íbamos a llegar.
—Este proceso de investigación les llevó dos años. Son un grupo que se toma su tiempo; pienso en proyectos anteriores, como La estrategia del comediante, que presentaron en 2009 en la casona de la calle Burgues, y que también les llevó varios años de ensayo. Esos tiempos de dedicación son una rareza en el medio teatral local. ¿Cómo los explican?
R S —La propia investigación nos fue mostrando escalones. La base del teatro es el fenómeno de estar “en vivo”, ese fenómeno energético que sucede aquí y ahora y que muchas veces por no trabajarlo se evade en la comunicación. Todo el trabajo de estos años buscó lograr el fenómeno de que el conocimiento y la conciencia del actor (que es mayor a la del espectador) lograran manipular al espectador sin agredirlo en su individualidad, sin vincularlo de forma directa.
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