Materia pendiente

Es una exposición de grabados y esculturas de un artista poco estudiado en Montevideo, mejor valorado en el interior del país (donde nacen sus coordenadas simbólicas) y en el exterior (en especial en España y Francia). Claudio Silveira Silva (Río Branco, 1935-Barcelona, 2007) es el pintor, grabador y escultor que amerita esta revisión en el Museo Nacional de Artes Visuales.
“Cristo en la cruz” (1969) es una obra totémica, con un Cristo ascendente que pareciera resistirse a tender los brazos hacia el poste horizontal de la cruz, en cuya cavidad metódicamente horadada cabrían perfectamente. En cambio, las manos están talladas muy tiesas junto al cuerpo, y unas piernas flacas con pantalones que no llegan a cubrirle los tobillos le otorgan un aspecto de pescador o de pordiosero. La cabeza de un bulón asoma como un ombligo: es el ombligo que delata con su presencia el centro de una humanidad lacerada. En lo alto, los ojos sin globo ni pupila son puro cuenco, navegan. (Tal vez este navegar esté sugerido también por la forma superior de la cruz, allí donde de común lleva un cartel –inri– y que aquí sin inscripciones se adelanta redondeada, abriendo el espacio como un mascarón de proa.)
La imponente talla de cinco metros de alto y 800 quilos de madera de naranjo fue concebida para la Parroquia de San Pedro de Durazno en la reconstrucción encargada a Eladio Dieste tras un incendio. Dieste imaginó al Cristo suspendido en al aire, la luz que cae cenital del techo, y es vox pópuli que, al verlo, el ingeniero desistió de otras opciones que tenía en mente. El Cristo permaneció en el templo desde su colocación en 1971 hasta que en agosto de 2005 un grupo de feligreses, indignados por sus rasgos indígenas que les recordaban al Che Guevara, decidieron removerlo; y lo consiguieron con la anuencia del párroco de la iglesia y del entonces obispo de Durazno y Florida.2
No es la primera injusticia que se comete con la obra de este artista y contra su público, pues la producción de Silveira Silva, pese a haber obtenido reconocimientos locales importantes a inicios de los años sesenta,3 y algunas exposiciones a su regreso de Europa, ha sido dejada de lado en las muestras históricas del nuevo siglo, ya sean de pintura, escultura o grabado.4 La exhibición de una veintena de grabados y más de treinta piezas escultóricas –incluidos conjuntos que integran a su vez distintas piezas de grandes dimensiones– en el principal museo de arte es un paso importante y crucial para este resarcimiento demorado.

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