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Cuatro audaces a capela

Es poco probable encontrar en un teatro o un casorio montevideano a tipos que cantan en inglés y a capela rock, pop, jazz y góspel. Sin embargo, en esos y otros ámbitos –que incluyen a Brasil– vienen presentándose, desde 2009, Álvaro Cedrés, Andrés Cardinal, Rafael Olivera y Óscar Cor, integrantes del cuarteto vocal Voices. Provenientes de distintos coros y del disuelto quinteto Singin’ Five, los unió el deseo de innovar repertorios y encomendar todo a la voz. Este domingo, a las 19.30, estarán en la Sala Zitarrosa.

—¿Cómo fueron sus comienzos?
—Todos venimos de coros, Álvaro y yo (habla Rafael Olivera) del Juventus, Óscar y Andrés del municipal. Las búsquedas posteriores cuajaron, primero, en el quinteto Singin’ Five, que estaba armado al estilo doo wop de los años cincuenta. Siempre nos gustó la música en inglés aunque reconocemos que desde que fundamos Voices, en 2009, tenemos una deuda con la música en otras lenguas.
—¿Qué es el doo wop?
—Personas de bajos recursos y afrodescendientes que se juntaban a improvisar música callejera, en Estados Unidos. Esa costumbre fue el embrión de géneros como el rock y ambientó el surgimiento de grupos famosos, como Los Plateros.
—Uruguay no tiene tradición de grupos a capela.
—No, lo que hemos tenido son conjuntos vocales que se acompañan con instrumentos. Incluso en Argentina hay pocos grupos a capela, conocemos dos o tres, y son actuales. Después hay un grupo inglés, King Singers, nacido en la tradición coral, el grupo estadounidense Rockapella y el excepcional solista también de Estados Unidos, y que estuvo en Uruguay, Bobby Mc Ferrin, que ha sido director de coros y canta completamente solo, haciendo todos los instrumentos con su voz.
—¿Qué los convenció de fundar Voices?
—Todo empezó cuando uno de los integrantes de Singin’ Five dejó el quinteto. Ya estábamos justos de voces; la pérdida de una no hizo más que reforzar incertidumbres. Pero como teníamos muchas ganas de seguir comenzamos a probar distintos arreglos de canciones conocidas, siempre a capela, para encontrar un sonido común entre los cuatro. Así, y en actuaciones frente a amigos, fuimos ganando confianza. Aunque nuestra primera presentación en público, signada por la inseguridad, fue con el nombre Singin’ Five.
—¿Qué decisiones aportaron seguridad?
—Una de las principales fue el reparto de voces. Conseguimos desembarazarnos del modelo doo wop, donde una voz predomina y las demás se limitan a seguirla, y repartimos equitativamente tanto la melodía como los instrumentos de base. Esto aportó frescura y libertad de improvisación, y al mismo tiempo la ansiedad por armonizarnos. Por suerte lo logramos. Hoy hasta nuestra voz de bajo tiene su canción solista. Encontrar a Daniel Colino, nuestro productor, también contribuyó.
—¿Dónde fue el primer espectáculo de Voices?
—En el teatro La Candela, año 2009. Escuchado hoy fue totalmente “piloto”, aunque tuvo lo suyo. Sirvió para foguearnos con el público.
—Que reaccionó bien, imagino.
—Sí, lo que hacemos gusta. No solemos recibir opiniones negativas. Lo que sí pasa, particularmente con público del Interior, es que no hay hábito de escuchar un repertorio completo en inglés. Pero aun en esos casos nos aceptan. Una persona una vez nos dijo: “No entendí nada de lo que cantaron, pero me atrapó”.
—Están explorando otros idiomas.
—Sí, hay intentos con el español, con el portugués. También adaptamos música instrumental clásica.
—¿Por ejemplo?
—La pieza “Aire”, de Bach, en la cuerda de sol. Es para cuarteto de cuerdas y nos resultó muy difícil adaptarla a cuatro a voces a capela. No componemos partituras, tomamos una canción original y vamos adaptándola a nuestra estructura coral, hasta decantar una suerte de esencia melódica e instrumental. En 2010 hicimos “Rapsodia bohemia”, del grupo Queen, tema complejísimo que mezcla rock con coros, heavy metal y aires de ópera, y dura como seis minutos. Tuvimos la suerte de encontrar un arreglo a capela de ese tema para seis voces corales, y le hincamos el diente para readaptarlo a nuestras posibilidades. Álvaro tuvo el protagonismo (dice Rafael) en esa operación.
—Y de acuerdo a la versión del tema “Stand by me” que escuché, también es bueno haciendo instrumentos de viento.
—Todos interpretamos algún instrumento (acota Álvaro, apurado por salirse del elogio). Éste (por Rafael) es un genio de la percusión vocal, saca mil sonidos. Es toda una técnica, la percusión vocal; en Estados Unidos se llama beat box.
—Tradición coral sí tiene Uruguay, pero sobrevive en un circuito casi clandestino de pocas actuaciones, escasísimos discos.
—Sí, quizás porque existe una percepción generalizada, a la que en cierto modo adhieren algunas discográficas, de que la música coral es agradable si no supera los dos o tres temas. Nosotros, igual, estamos intentando grabar, en los ratos libres que nos dejan los ensayos y nuestros respectivos empleos porque, obvio, no vivimos de cantar.

Comentarios   

 
0 #3 Perseo Barilari 05-01-2013 03:14
Nunca tantos debieron a tan pocos,parodiand o una frase de Winston Churchill. Tantos sonidos salen de tan pocos jovenes que parecen tener mas cuerdas vocales que las que se tienen normalmente. No se como lo hacen pero lo hacen.
Nos maravillan a todos los que tenemos el placer de escucharlos. Son la octava o novena maravilla, son grandiosos.
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0 #2 Perseo Barilari 05-01-2013 03:06
Tantos sonidos se deben a tan pocos, parodiando la frase de Churchill, que no se sabe el origen de todo el aluvion de notas que emiten apenas cuatro jovenes voces. Parecen tener mas cuerdas vocales que las que deben tener. Son fuera de serie, una maravilla acustica, casi la octava o novena maravilla.
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+1 #1 PABLO ARMELLINI 30-09-2012 19:33
GENIALES, SON GENIALES
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