Todo termina en quermese

En 2012 el Ministerio de Educación y Cultura celebra el patrimonio bajo el título “El lenguaje de los uruguayos”. Esto suena como una buena noticia cuando se piensa que la reflexión sobre el idioma no sólo nos enriquece intelectualmente sino que también puede tener efectos emancipadores, al franquear la reconsideración de los significados que, hechos en lenguaje, nos gobiernan.
Sin embargo, la buena noticia dura poco cuando uno lee la guía de actividades previstas.* Este extenso documento recoge las manifestaciones celebratorias de “El lenguaje de los uruguayos”, y no puede decirse que éste salga mejor parado, luego de las 96 páginas que lo celebran.

 

En efecto, son escasas las actividades que se ciñen al título; entre ellas estarán las conferencias, organizadas por la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, a propósito de algunos aportes que conforman nuestra variedad lingüística; la charla sobre la presencia de la lengua italiana en el Diccionario del español del Uruguay (Academia Nacional de Letras), sobre el aporte griego al español (Fundación Maria Tsakos), sobre la toponimia regional guaraní (Centro Cultural del Gran Hotel Concordia, Salto). También estarán dentro del tema las lecturas públicas de la obra de Daniel Granada, autor del primer Vocabulario rioplatense razonado (Auditorio de la Comisión Honoraria del Patrimonio Histórico de Salto); las consideraciones, felizmente zumbonas si uno se atiene al título anunciado, sobre la “pureza” del habla rochense que realizarán algunos profesores del departamento, así como las demás actividades programadas en el Centro Cultural María Élida Marquizo (ciudad de Rocha); la conferencia sobre historia del idioma español (Museo Puerto Sauce, Juan Lacaze) y la maratón de lectura radial en idioma ruso, polaco, búlgaro y ucraniano, con traducción al español, que organiza el Grupo Eslavo de Fray Bentos. También, claro está, el homenaje a Paco Espínola, que se realizará en el Instituto Histórico Cultural y Museo de Bellas Artes de San José.
Junto con estas actividades aparecen otras que van a buscar el idioma a lugares más insospechados, aunque igualmente de interés: los libros con sus correspondientes dedicatorias que leyó el general Seregni durante su cautiverio (Centro Biblioteca Lilí Lerena de Seregni, Las Piedras), el vocabulario empleado en un oficio (Fábrica Agolan, Juan Lacaze), el acuñado en medallas (Museo Tammaro, Montevideo), los modismos utilizados en el Club Banco República y que no están comprendidos en el Diccionario del español del Uruguay (Club Banco República, Montevideo), el vocabulario de los rematadores recogido en 500 volantes (Asociación Nacional de Rematadores, Tasadores y Corredores Inmobiliarios, Montevideo), las voces y expresiones particulares del transporte colectivo de personas (Sede Central de cutcsa, Montevideo). Por similar afán filológico y familiero también deberá consignarse la “actividad familiar lúdica donde en primer lugar se buscarán y compararán diferentes epitafios que se encuentran en el Monumento a Perpetuidad” (Cementerio Viejo, Ciudad de Paysandú).
Y, en párrafo aparte, anotaremos “El lenguaje del Ejército Nacional expresado a través de un stand con muestra audiovisual en el Cuartel de Dragones. Organiza Bn. Ing. Cbte. No.4” (sic), en Maldonado, aunque sin mucha esperanza de que la sintaxis mejore en el stand.
Aunque este listado no es exhaustivo, sí es bastante completo de las actividades que responden a la consigna celebratoria. En cuanto al resto, la aplastante mayoría, se trata de actividades excesivamente imprecisas o francamente ajenas al tema. Entre las primeras figuran las “Charlas y lecturas sobre el lenguaje” y las repetidísimas “Muestra de libros, publicaciones y folletería relacionada con ‘El lenguaje de los uruguayos’”, fórmula que cundió con éxito entre los participantes.
Las actividades ajenas al tema resultan mayoritarias y entre ellas aparecen numerosos espectáculos musicales, de danza, de recitado, paseos fluviales, paseos en carreta, sesiones de hip-hop, capoeira, canotaje, pericón, candombe, tango, representaciones de “la Redota”, espectáculos afrolatinos, observación de flora, visita de bodegas y degustación de vinos, cartografía náutica, testimonios de víctimas del Holocausto, encuentros gastronómicos, visitas a edificios, conciertos de coral masculina, visitas a bares y almacenes, lectura de la borra del café, taller de armado de maquetas de buques en botellas, flamenco, peñas criollas, muestra conmemorativa de los 20 años de la Misión de Paz en Camboya, muestras fotográficas, exhibición de victrolas, misa, observación de huellas de dinosaurios, visita al Museo de la Farmacia, al Palacio Legislativo, cría de cabras, Quinta Vaz Ferreira, muestra especial de camisetas y trofeos inéditos (sic), exposición de objetos religiosos, Fábricas Nacionales de Cerveza, Museo del Tabaco, Facultad de Medicina, “muestra estática de armamento y equipamiento” de Fusileros Navales y de otras numerosísimas dependencias de las Fuerzas Armadas.

LENGUAJE O LENGUAJES. La frecuencia de las palabras, en la guía de actividades que presenta el mec, es ilustrativa de lo que estamos afirmando. En efecto, en ese documento que da cuenta de las celebraciones de “El lenguaje de los uruguayos”, las palabras “vocabulario”, “léxico”, “lingüista”, “palabra”, “gramática”, “ortografía”, “filología”, “filosofía”, “escritor” y “literatura” (más derivados) aparecen, en total, 73 veces (aunque hay cero ocurrencia para “filosofía” y “gramática” y “lingüista”). En cambio, “música”, “danza”, “baile”, “tango”, “candombe”, “comida”, “vino”, “pericón” y “visita” (más derivados) reúnen 371 ocurrencias.
Esta especie de gran quermese, en que cada uno saca a lucir su motivo de orgullo, aunque poco tenga que ver con lo que se entendería por “lenguaje de los uruguayos”, viene prohijada desde el propio mec, desde el mismísimo texto que abre esta guía de actividades celebratorias, y que firma Ricardo Ehrlich.
Claramente encomiástico, el texto reúne una serie de afirmaciones sobre el lenguaje, tan repetidas como discutibles. De ahí, cierta incongruencia: si bien el autor no escatima esfuerzos para afirmar la importancia protagónica del lenguaje, al mismo tiempo las explicaciones que va dando lo presentan como “registro” más bien pasivo, sometido a fuerzas exteriores, desprovisto de autonomía: “Vive con la gente y registra la vida. La vida cotidiana lo moldea, generando identidades y referentes de pertenencia local”. A pesar de todo, el encomio esforzado ofrece la oportunidad de reiterar el lugar común: el lenguaje une, asegurando la comunicación.
Y poco importa que cualquier hablante experimente cotidianamente el disenso y el conflicto que nacen en el ejercicio de la palabra, poco importa que las palabras sean el lugar y la materia donde se produce el desgarro, poco importa que el diferendo engendre lo compartido. Mejor negarlo –encubrirlo, desconocerlo–, y fantasear con la nación integrada, que no tiene conflictos ni disensos porque no tiene razones para tenerlos y porque en cambio sí tiene un patrimonio visitable, comible, bailable.
No obstante, no es esta invocación del lenguaje como gran pegalotodo (Poxipol) nacional la que autoriza y fomenta la gran quermese patrimonial. La autorización proviene de una voltereta que pega el texto ministerial, al referirse primero a “el lenguaje” en el sentido de idioma, inmediatamente después extender “el lenguaje” a “todas las formas de expresión y de comunicación”, a continuación repetir una serie de lugares comunes que suelen ser atribuidos a “el lenguaje” en sentido no extendido, y finalmente volver a la sinonimia entre “el lenguaje” y “todas las formas de expresión y de comunicación”, gracias a la pluralización: “nuestro lenguaje o mejor dicho nuestros lenguajes”.
Así una UTU, haciéndose eco perfecto de este espíritu, propondrá como actividad celebratoria de “El lenguaje de los uruguayos”: “Gráficos explicativos del concepto lenguaje y lengua. Cambios en el lenguaje en todas sus formas: oral, escrito, gestual, etcétera, incluyendo la vestimenta y las comidas típicas que identifican a lo uruguayo”.
De tal forma, la especificidad del lenguaje en tanto “idioma” se pierde, en beneficio de una pluralidad disolvente, anuladora del pensamiento y sus distinciones, meramente demagógica. Aparecen entonces expresiones como “el lenguaje de los creadores” o “el lenguaje de nuestros vinos” o “el lenguaje del dibujo en la Shoá”, que borran la diferencia radical que existe entre un idioma y cualquier otro sistema semiótico, admitiendo que estos tres recién nombrados lo fueran. Incluso la extensión del concepto “lenguaje” habilitará charlas sobre “El lenguaje de los animales”, por lo que la cita de García Márquez y su Macondo joven e innominado que hace el texto ministerial suena como un desperdicio, como un despilfarro de lo que no se tiene.

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