Del arroz, no de rocío
- Última actualización en 12 Octubre 2012
- Escrito por: Roberto López Belloso
Hugo Diz
Del arroz, no de rocío
Por la humedad dicen, la bala,
temiendo
el desenlace,
la muerte virgen, temiendo enmohecerse
u oxidarse,
solita, ella solita, decidió sola
dispararse.
Por temor dicen, la bala perdida
dobló y se
incrustó
solita dicen.
Ahora los comunicados dicen
que fue seguramente
por el clima húmedo de las ciudades,
tan tercas
o tan cerca
de los ríos.
***
Un viaje por el mapa de la poesía tiene varias ventajas sobre cualquier otro tipo de desplazamiento: los planisferios no son planos ni sus bordes son esféricos, por lo que las fronteras, para usar el término de Alfredo Fressia, son un asunto móvil. Aquel caprichoso e inverosímil Santiago-La Habana vía Praga de los setenta es para la poesía cuestión de chasquear las metáforas. Por eso desde la Estambul de Ilhan Berk se puede regresar por un instante al Río de la Plata.
El traslado comienza en una mesa de la antigua Pera donde un poeta que traduce a Nazim Hikmet al español escucha por primera vez el nombre de Hugo Diz. El momento no puede ser más adecuado. Ese mismo 2 de octubre el escritor rosarino cumplió 70 años. Había especulado alguna vez: “diría que soy un hombre del arroz, no de rocío, como la antigua usanza. Creo que toda la poesía mía tiene que ver con ese tipo de arte contemplativo. Porque si hablo de un fresno yo sé lo que es un fresno, puedo tocar un fresno a media cuadra, decir cómo es la corteza”. En alguna estantería perdida de Buenos Aires puede tocarse su poesía en dos tomos; el primero con una foto suya con aire de mosquetero en la portada de cuando tenía, tal vez, 40 años menos. La editorial se llama Ciudad Gótica y los vende por Internet a 25 pesos argentinos cada uno, más gastos de envío si lo permiten las huelgas de carteros. Dicen que en 2005 apareció el tercer volumen. Lo que también dicen, y ese sería otro posible regreso al Río de la Plata, es que en esta orilla a Salvador Puig acaban de endilgarle un Bartolomé Hidalgo de poesía, premio que el mismo poeta inexplicablemente perdió estando ternado por un libro anterior y que ahora recibe post mortem. Como si eso importara.

