El mundo a 24 cuadros por segundo

Llega a su undécima edición el festival en que una empresa exhibidora, Moviecenter, y la Asociación de Críticos Cinematográficos del Uruguay unen esfuerzos en pro de lo que puede definirse como variedad geográfica y cultural, se supone que es el buen cine y debería ser una de las normas en el circuito de espectáculos de Montevideo. Es, en cambio, una de sus excepciones, lo que de por sí torna el conjunto como muy recomendable.

Primer balance  avant la lettre: a partir de hoy y durante diez días consecutivos, 57 películas extranjeras provenientes de 17 países, cuatro largometrajes uruguayos, una competencia de cortos de nuestro país, una muestra brasileña, una semana de cine griego, una monográfica argentina, la reposición en copia flamante de la mítica Casablanca, el estreno mundial de Puerta de hierro, de Víctor Laplace, el estreno latinoamericano de Días de pesca, de Carlos Sorín. Además,  varios visitantes ilustres entre los cuales el insigne realizador brasileño Nelson Pereira dos Santos y los ya nombrados Sorín y Laplace, dos conciertos filmados de The Doors y de Queen: mucho cine, mucha variedad y (se dice) mucha calidad, en siete salas ubicadas en cuatro complejos, con precios rebajados y cuponeras destinadas a facilitar el acceso público.
Segundo balance, virtual porque la gran mayoría de estas películas son, para este cronista, tan novedosas como para los amables lectores. No es el caso, claro, de Casablanca, de la que poco puede agregarse a lo ya sabido, salvo, quizás, lo siguiente. Las experiencias vividas por espectadores que en otros países han asistido a revivals semejantes anunciarían que, a 60 años de su estreno, esta reposición aparejará entusiasmos, nostalgias y pasiones por doquier, alguna que otra polémica y, quién sabe, varias notas periodísticas sesudas y capaces de explicar cómo una de las más contrahechas películas de Hollywood, al punto de que su guión definitivo se escribió día a día durante el mismísimo rodaje, se convirtió en uno de los símbolos más perdurables de la gran industria del entretenimiento.
Sigamos con Holly-wood, pero el de ahora. Del personalísimo y diz-que-independiente Wes Anderson, que en 1998 hizo la sublime y divertida Rushmore y durante los años siguientes se dedicó a repetir con suerte diversa su fórmula de personajes extravagantes que se mueven entre la farsa y las preguntas existenciales, se exhibirá Moonrise Kingdom, que por algo inauguró el último Festival de Cannes. También han llovido elogios sobre Looper: asesinos del futuro, de Rian Johnson, una suerte de policial negro ambientado en el futuro que juega, al parecer con propiedad, con dos capas temporales y con el estrellato de Bruce Willis. En cuanto a Argo, de Ben Affleck, recuerda el asalto de la embajada estadounidense perpetrado por la revolución islámica en el Irán de 1979, tendría un cierto aire a “corrección política” y reafirmaría la solvencia como director de Ben Affleck, más notorio como actor carilindo e inquieto.
Como suele ocurrir en cuanto festival de cine se organice por estas tierras, buena parte de los platos fuertes en materia de calidad o de “calidad” vienen de Europa. El falso documental español Carmina o Revienta, de Paco León, sería un buen ejemplo de lo primero. El desaforadamente erótico drama franco-polaco-alemán Ellas, de Malgorzata Szumowska, lo sería de lo segundo, aunque nunca se sabe… y además la película gira en torno a Juliette Binoche, una actriz de primera. Otro tipo de controversia despertará el debut del director inglés Steve McQueen y su recreación, en Hambre, de un durísimo acto de resistencia carcelaria llevada adelante por militantes del ira en 1981, y a otro tipo de reminiscencias acudirán los espectadores que vean El amor de Tony, del francés Alix Delaporte, que sin duda conoce al dedillo la obra de los belgas hermanos Dardenne. En cuanto a 35 Rhums, de Claire Denis, sobre inmigrantes africanos en un París nada turístico, puede adelantarse que es un drama al mismo tiempo sigiloso y contundente que se parece poco o nada a los devaneos psicoeróticos del resto de la obra de esta directora, lo que es otro punto a favor. Elogios de naturaleza puramente estética y similar sinceridad han recibido el dibujo animado para adultos El cuadro, de Jean-François Laguionie, y la (documental) búsqueda de una trascendencia un poco astronáutica y otro poco política del chileno Patricio Guzmán en Nostalgia de la luz. Respecto a la muestra griega, será bueno averiguar por qué Canino, de Yorgos Lanthimos, compitió por el Oscar en 2010 y por qué Tungsteno, de Yorgos Georgopoulos, es considerada un nuevo modelo de cine negro. También cunde la expectativa para ver qué tal es el nuevo Costa-Gavras, de vuelta en su país natal con Paraíso al oeste y qué tal fue el último Theo Angelopoulos, quien murió en un accidente poco después del estreno de El polvo del tiempo, título premonitorio, si los hay.
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