Pequeña obra maestra
- Última actualización en 09 Noviembre 2012
- Escrito por: Manuel Martínez Carril
“El molino y la cruz”
Sorpresivamente, un cuadro de Peter Brueghel el Viejo, de 1564, “El camino del calvario”, mostrado en la primera imagen de esta película* no está quieto. Inesperadamente, se mueve. Algunos personajes se desplazan y luego se detienen; la imagen también se desplaza como en el cine; en las laderas de una colina alguna gente de a caballo se agita, pero en el cielo hay cuervos inmóviles todo el tiempo.
Podría ser el regreso de algunos santos del pasado, como alguien sugiere sin humor desde la banda sonora. Sin dudas éste es un cuadro de Brueghel, reconocible por sus rasgos de estilo, minucioso en sus múltiples detalles y personajes, contando una o múltiples historias, para el caso la ocupación de Flandes por los españoles de Felipe II en el siglo xvi dispuestos a decapitar herejes flamencos. Después se sabe que quien habla es el propio Brueghel, que de paso aporta alguna idea de por qué el cuadro (y esta película) es como es, por qué sus protagonistas están ocultos. El cruce de líneas visuales que unen puntos de interés dispersos por todo el cuadro (con lo que de paso el artista esconde al protagonista, que es Jesús) y la estructura en círculos concéntricos inspirada en una tela de araña ocultan la idea del calvario inminente, para que los ocupantes españoles no se enteren. Tampoco se enteraron durante algunos siglos los exégetas de Brueghel, como Michael Francis Gibson (libretista de esta película), que pasaron generaciones buscando respuesta a este misterio: cuál era el punto de vista de una obra de apariencia simple, dónde estaban sus protagonistas. En una esquina del cuadro está la explicación: una enorme roca con un enorme molino de viento encima, que al comienzo en una escena surreal el molinero pone a andar, como si fuera la historia de la humanidad que se mueve. Después, antes de la crucifixión, el molino se parará como si se parara el mundo. Esos primeros veinte minutos descubren un mundo primitivo donde hay paralelos entre personajes y animales (una vaquilla, los cuervos, la araña que teje su tela, una oveja, los caballos, gansos), una picaresca popular de personajes y una secuencia minimalista que retrata la vida diaria del propio Brueghel, su mujer, sus hijos, un cuadro de vida casi costumbrista.
Pero este filme singular no está organizado como un relato. Como si cada historia fuera un cuadro que se separa con vida propia de su original plástico, la película no sigue la anécdota de cada personaje, y cada secuencia es más bien un cuadro de Brueghel colgado en el tiempo. Y Brueghel, como se sabe, cargaba cada obra de muchas historias pequeñas escondidas, reveladoras de la sociedad de su época, de la gente y sus acontecimientos y de la historia de Cristo hasta la crucifixión a manos de españoles invasores. Al fin de cuentas esa es la única historia previsible y de final conocido que progresa y se desarrolla. Más de 500 figuras provienen de Brueghel, y el director Lech Majewski con su libretista e ideólogo Gibson han seleccionado una docena de personajes cuyas historias se entrecruzan en una obra única que incorpora computadoras gráficas sobre pinturas originales... PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.

