“Esto no es una biografía”
- Última actualización en 09 Noviembre 2012
- Escrito por: Ana Inés Larre Borges
Con Santiago Roncagliolo
Hace unos años que el escritor Enrique Amorim viene siendo noticia, pero no por sus libros sino por su vida y su legado. El destino de su casa de Salto, finalmente adquirida por el Estado, la suerte corrida por sus películas pioneras y la biografía que escribió para España Santiago Roncagliolo, un escritor peruano de ascendente fama, con la atrayente novedad de que el salteño habría rescatado los restos de Federico García Lorca para enterrarlos junto al río Uruguay, dibujaron esa revisión. Esperada como el libro que haría justicia a ese gran olvidado, cuando la biografía al fin estuvo publicada provocó escándalo e indignación. La reedición del libro por Alfaguara y la presencia de su autor en Montevideo actualizan la polémica.
El amante uruguayo: una historia real, con la foto de Amorim junto a García Lorca en la tapa empezó a llegar a Uruguay en dosis homeopáticas en su primera edición, pocos ejemplares que alcanzaron a provocar un escándalo. Brecha tituló su crítica “La novela de Amorim”, Alfredo Alzugarat escribió otra que mereció llamarse “La memoria traicionada”. A nadie extrañó que el triple lanzamiento prometido (Madrid, Salto, Buenos Aires) se soslayase. Los ánimos de familiares y amigos no estaban para celebraciones.
—Imagino que una obra como esta implica tomar muchas decisiones, ¿en qué momento te diste cuenta de que ibas a escribir una biografía en contra del biografiado, que ibas a dar una mala imagen de él?
—Nunca. Yo no creo que dé una imagen mala de Amorim. Me sorprende que en Uruguay muchos crean que ser homosexual es malo; ser homófobo es malo. Yo escribí con la máxima admiración y me parece que lo malo está en la cabeza de los lectores y no en lo que yo quise hacer en el libro.
—En Uruguay Amorim es conocido por su generosidad y por su idealismo, en tu libro aparece como un manipulador, un impostor, un rey del marketing, alguien que sólo está preocupado por conseguirse una posteridad interesante y capaz de cualquier cosa para conseguirlo.
—El libro también cuenta cómo él quiso ser un buen padre y cómo hizo todo lo posible por serlo. También cuenta cómo se reconcilia con Salto al final de su vida y está rodeado de la gente que lo quiere. Lo que pasa es que eso no es lo que ponen los titulares, pero el libro sí pone esas cosas. ¿Que quería éxito y dinero?, ¿y García Lorca no? ¿Y hasta Borges? Todos querían ser escritores populares.
—Muchas veces en el libro se lo llama “camaleón”.
—Pero eso no es malo. Para empezar tenía veinte seudónimos y él hacía sus ficciones. Pero por sobre todo, él tenía que vivir en un medio hostil. Cincuenta años después sigue todo el mundo escandalizado de que fuera homosexual, no quiero pensar si se hubiesen enterado en ese momento. El Partido Comunista lo acosaba, así que hace esta reunión para saltar del pc, y finalmente, él ama a los artistas, ama a García Lorca. Los ama desde que es pequeño y quiere compartir su vida con ellos, y lo logra. ¿Y a quién le ha hecho daño? A nadie le hace daño.
—Enrique Amorim pudo estar olvidado, ser poco leído, pero tenía un perfil de persona altruista que no se discutía. Y hay muchas áreas en que esa generosidad se manifestó pero que en el libro no aparecen. Su solidaridad con escritores más pobres, por ejemplo, personas que fueron importantes en su vida, pero como no son famosos como Picasso, no aparecen. Su amistad con Paco Espínola…
—Pero es que esto no es una biografía…
—¿No es una biografía? ¿Qué es?
—No es una biografía con todos los datos de la vida de alguien. Fuera de Uruguay una biografía de Amorim sería irrelevante. Yo escribí la historia real de un mentiroso, de un maravilloso mentiroso. De cómo trata de sobrevivir en un mundo que no siempre lo aprecia y de cómo ve ese mundo. Pero si quieres que ponga a cada persona que conoció, pues no. Y si lo hacía, para empezar, mi editor me lo iba a tirar por la cabeza.
—¿No crees que toda vida puede ser interesante según cómo sea contada, y aunque no trate de famosos?
—Si hablas de personajes que nadie conoce no es interesante. Así es como funcionan las historias. A mí me gustaba hacer la crónica de su época y de cómo él vivió su época. Si alguien quiere completar todo eso, me parece muy bien que haga un libro.
—Hay una crítica que hizo Alfredo Alzugarat que cuenta las páginas y concluye que apenas un tercio de El amante uruguayo está dedicado a Amorim y el resto se dedica a esa constelación de famosos con los que él estuvo en contacto.
—Claro, es que a mí lo que más me gustaba era contar la historia del arte del siglo xx. De este grupo de chicos bohemios, bebedores y bastante apolíticos en el Buenos Aires de los años treinta, que a partir de que matan a García Lorca empiezan a radicalizarse y a tener que tomar decisiones políticas y a tener que decidir en qué lado van a estar y cómo la política y el poder los arrastra, y contarlo todo a través de los ojos del que no sale en la foto que es el que los conoce de verdad. Porque Amorim nos dejó todo para poder contar esta historia. Yo creo que fue su último corte de manga hacia un sistema intelectual y político que no lo apreciaba, que sólo le sacaba dinero.
—¿Te parece? Porque a pesar de esa posición algo subalterna que parece ocupar Amorim, en su momento él parece un personaje muy vital. No parece haber sufrido esa postergación.
—La correspondencia es brutal, siempre están todos pidiéndole dinero, y él siempre se los da, pero reclama favores a cambio. Tiene otros corresponsales que le dicen que él es el Wall Street del Partido Comunista. Rosencof me contó que él era el chico del Partido Comunista a quien enviaban a pedirle dinero y que el partido tenía con él esta relación ambigua. Y cuando inaugura su monumento a García Lorca, lo abandonan y lo ignoran…
—Tu libro empieza con ese polémico entierro de los restos de Lorca en Salto. ¿Qué pruebas hay? Porque llama la atención que es la única parte del libro en que no ponés fuentes. Como ocupa el lugar de la introducción, se saltea las fuentes.
—Yo tengo la foto aquí. Y la caja está en la foto. (Toma su celular y me muestra la fotografía ampliada del acto de 1953, donde actuó Margarita Xirgu.) Aquí está toda la gente, que incluso han llevado en autobuses, acá está la Policía, aquí está la tumba hecha a imagen y semejanza de la que pide Machado en su poema… y aquí está la caja. La medimos con una documentalista y tiene las proporciones de un osario. Y al lado está el otro monumento a Quiroga adonde él llevó los restos de Quiroga, y luego está toda la correspondencia que habla del secreto del monumento. Pero evidencias no hay, si esto es lo que me estás pidiendo, porque él no lo afirma ni yo tampoco lo afirmo. Esa es la trampa de Amorim.
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