Talento y sonrisas

Acerca de Mariana Ingold

No creo que pueda olvidar aquella noche.
El clásico escenario de la sala uno del Teatro Circular iluminándose tenuemente, Mariana sentándose al piano y cantando en forma notable “My old man”, de Joni Mitchell, dando así inicio a un recital increíble, donde, seguramente, cumplió el sueño de su vida al contar con una banda acompañante integrada por Eduardo Mateo en guitarra, Urbano Moraes en bajo y Leo Maslíah en teclados. Luego de ese inicio solista, entró Mateo y comenzó a rasguear en su guitarra, como sólo él supo rasguear en este país, nada menos que “Canción para renacer”, de su disco Mateo y Trasante. Mateo levantó la vista de su guitarra, antes de que Ingold comenzara a cantar y le dijo, simplemente: “¿Qué hacés, Mañana?”.

Eso ocurría allá por 1988, cuando yo tuve el placer de integrar junto a Mariana la primera formación de una hoy olvidada banda de rock llamada Lavanda Elástica, donde también estaban Carlos da Silveira y Gonzalo Larriera.
A esa altura Mariana ya era una solista de importancia, con varios discos editados y un montón por editar, y habiendo trabajado con ella, ya sabía lo esencial, la existencia de una talentosa tecladista, una soberbia cantante con una oreja increíble, y una muy buena autora. Sabía, también, que era una encantadora persona que nunca le negó a este mundo una permanente y luminosa sonrisa. Trabajar con ella fue un placer y un honor, porque se trata de una de las más grandes y completas artistas femeninas de este país.
Mariana Ingold Barbé nació en Montevideo el 17 de noviembre de 1958 y estudió de todo un poco: piano, música coral, música contemporánea y musicología, logrando una sólida formación.
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