Pebeta plateada por la luna
- Última actualización en 23 Noviembre 2012
- Escrito por: Fabio Guerra
Con Malena Muyala
El tango puede trasmitirse acurrucándose en su arrullo crepuscular, o despertándolo al nuevo día. Ésta es la actitud que viene prefiriendo la cantante Malena Muyala desde que ganó, en 1991, el Primer Certamen Nacional de Tango de Uruguay, y la que proveyó combustible a su viaje por 25 barrios montevideanos para relevar historias vinculadas al género.
El libro Pebeta de mi barrio (Aguilar, 2011) reúne esos testimonios e incluye un disco con diez tangos que Malena eligió del inventario popular, más una “yapa” de su autoría. Mañana festeja estos frutos, con invitados especiales, en el sodre.*
—¿En qué barrio de San José naciste?
—Viste que en San José a pocas cuadras de la plaza ya tenés campo, así que está el Centro y el resto del mundo, sin nombres. Yo viví en la zona del cementerio, en la calle Herrera.
—Hogar con música.
—Sí, mi padre fanático del tango y la música clásica, y mi vieja aficionada a los Beatles, Los Iracundos, pero ambos melómanos. Recuerdo que mi viejo escuchaba mucho una canción de Celia Cruz que decía: “Abre la puerta, querida, abre, abre, abre, que te traigo un regalito rico, rico, rico”; le preguntaba qué regalo era y él me respondía que era dulce de leche, bombones (risas). Otro disco de pasta que escuchábamos mucho era el de la “Negra” Sosa, el que tiene un dibujo de ella con poncho y bombo en la tapa.
—Cantata Sudamericana.
—Ése, y mucho Serrat, sobre todo dos temas, “Pueblo blanco” y “Balada de otoño”.
—Tu nombre honra la devoción de tu padre.
—Claro, devoto de Homero Manzi, “san” Pugliese, una lista larga. Mi mamá quería llamarme Virginia pero el que me anotó fue él. Cuando volvió del registro ya era Malena Virginia; igual a mi madre le encanta Malena. Ellos tenían una gran expectativa con respecto a mi futuro como cantante.
—¿En qué momento pasó a ser tuya?
—Siempre fue mía. Desde chica expresaba todo cantando o actuando, tendencia que conservo. Ellos fomentaron eso que yo tenía espontáneamente.
—Es raro que el tango conecte con la sensibilidad de una niña.
—Puedo hablarte de lo que me llamaba la atención en los tangos. Uno que recuerdo mucho es “Mala suerte”, de Julio Sosa. Me imaginaba representando la letra de ese tango, bueno, el género en sí se presta mucho a la teatralización. Y en la esquina de casa estaba el bar de “Quico” Nievas, centro neurálgico del barrio. Era bar heladería, entrabas y se te venía encima el mostrador de mármol, con su correspondiente hilera de parroquianos acodados. A la vuelta estaba el Club Atlético Universal, al que todos los días mamá nos mandaba a comprar un refresco. Entonces, crecí en ambientes con aroma y personajes afines al tango. Iba a escuela de monjas y por mi altura, cuando armaban las parejas para bailar el pericón, siempre me tocaba hacer de varón; una vez hice de malevo que tiraba a la percanta al suelo antes de cantarle y fue un éxito (risas).
—Tu padre disimulaba la letra de Celia Cruz pero te permitía frecuentar el bar.
—No tuvo posibilidad de oponerse porque la dictadura lo metió preso el 27 de marzo de 1976, cuatro días después de mi quinto cumpleaños. Salió cuando yo tenía 14 años; una de las anécdotas que atesora es que durante una de las visitas estábamos cantándole con mi hermano Javier, y un guardia que pasaba comentó: “Qué lindo cantan sus hijos, Muyala”.
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