Celuloide para el alma

XXVII Festival Internacional de Cine de Mar del Plata

Es una fiesta. Las playas no son muy bonitas, el clima es totalmente cambiante y no está ni cerca de lo ideal, pero el festival de Mar del Plata seguramente sea uno de los mejores y más accesibles del continente. Una inmersión profunda permite que el cronista se lleve algunos apuntes de interés y un buen puñado de películas.

 

Mar del Plata es el único festival de cine latinoamericano catalogado por la Federación Internacional de Asociaciones de Producciones de Films (fiapf) como de clase A, categoría asignada solamente a un puñado en todo el mundo. Cannes, Berlín, Locarno, Venecia, Montreal, San Sebastián, Tokio, Shangai, Karlovy Vary y El Cairo son los otros bendecidos con esta selecta calificación. Para ganarla se necesita cumplir con una serie de requerimientos: un trabajo anual sostenido, una seria selección internacional de películas y de jurados para las competencias, una especial atención a la prensa interesada (este ítem fue comprobado por Brecha), un estricto cuidado para evitar el robo o la copia ilegal de las películas a estrenar, un visible apoyo a la industria cinematográfica local, un sistema de seguros que salvaguarde a las copias participantes, además de contar con publicaciones oficiales y materiales de difusión que cumplan con los más altos estándares.
Más allá de esto, el festival es accesible por otras razones: entradas a diez pesos argentinos –menos de 40 uruguayos–, cines ubicados en un área reducida, a poca distancia uno del otro –como máximo toca caminar diez cuadras desde el Auditorium central a uno de los shoppings–, actividades varias como charlas y conferencias con expertos, toques de bandas (pop pegadizo, reggae, punk, hardcore violento). Un armatoste de metal sobre la playa perfectamente incorporado para despliegues musicales se enfrenta a una pista junto al mar, donde se desnucan permanentemente unos treinta skaters, en rampas erigidas para tal propósito.
La publicidad es un tanto desconcertante para el visitante uruguayo. Figuras de la farándula como Marta Minujín, Agustín Pichot, Dalma Maradona, Pablo Lescano, los integrantes de la banda Miranda y Mex Urtizberea promueven el festival en spots y carteles de colores saturados y estética kitsch, lo que hace inevitable verlos casi todo el tiempo; algo así como que el Piñe y Claudia Fernández publicitaran, destacando su propia frivolidad, el Festival de Cinemateca. Alguien me comenta que el fenómeno puede leerse como un peronismo aplicado a la publicidad, ya que se sostiene en la idea de llegar a sectores populares y a un público que no es el de los espectadores corrientes, ya cautivos por el festival.
Sobre los últimos días, la fugaz visita de la presidenta Cristina Fernández para hacer una
inauguración en el hotel Provincial vino acompañada de ruidosas y nutridas asociaciones peronistas que tomaron la calle y se incorporaron frente al hotel; al parecer, la siguen a donde vaya. Cristina tiene un ejército y lo sabe, los afiebrados fanáticos apalean constantemente un bombo atronador que se siente a cinco cuadras a la redonda y despliegan un cartel XXL con la figura de Néstor. Los agentes de seguridad de Cristina cortan el paso a quienes quieren ingresar al hotel, e impiden la salida de los que están alojados allí. Claro que toda esta parafernalia se diluye en el instante preciso en que Cristina se va de la ciudad a resolver otros asuntos.
Por fuera de los despliegues varios y la fanfarria ocasional, las jornadas transcurridas desde el 17 hasta el 25 de noviembre fueron una fiesta del cine. Más de 400 títulos provenientes de todo el mundo distribuidos en 12 salas, con funciones que comenzaban a las 9 de la mañana y terminaban en trasnoches que podían comenzar hasta a la 1 de la madrugada. Participaron nada menos que 78 películas argentinas, hubo un infaltable homenaje a Leonardo Favio –cineasta además encumbrado por Cristina desde su discurso– y secciones dedicadas especialmente al cine surcoreano, al cine para niños –la sección estaba provista de un jurado infantil–, al cine de terror –casi siempre en horarios trasnoche con entradas agotadas– y a las comedias, entre otras. Además de las clásicas retrospectivas.
Y es muy cierto que durante esos días Mar del Plata vive el cine, y este cronista tuvo que quedarse fuera de varias funciones, incluyendo la última película de Todd Solondz, con entradas agotadas en todas sus proyecciones. Salas atestadas y colas de más de una cuadra reflejan un entusiasmo local que, además de ser constante y reiterado, es creciente. Parejas jóvenes se sientan en las plazas a investigar los programas del festival y planificar su maratón diaria, cinéfilos de toda clase intercambian información como si fueran figuritas, que tal película es de lo mejor del festival, que tal otra no vale la pena. Esta edición batió el récord: más de 100 mil espectadores. El cineasta surcoreano Back Seung-kee, director de Super Virgin (y además protagonista) se vio atropellado a la salida de su estreno por una marabunta de fanáticos que lo buscaban para pedirle autógrafos.
Las conclusiones finales son positivas, apuntaladas por la idea de que la sobredosis fue absolutamente provechosa. Según este cronista, Mar del Plata es un festival excelente, y esto se debe fundamentalmente al riguroso trabajo de programación. Es notorio el énfasis en películas dotadas de narrativas claras o de una visible intención de mostrar realidades específicas. La diferencia de este festival con otros, orientados a la no ficción o al cine más “elevado” y quintaesencial, es que aquí uno puede ir al cine esperando que le cuenten una historia y difícilmente salga decepcionado. En Valdivia –por nombrar un ejemplo en las antípodas– abundan las películas de viajes en las que un personaje silencioso se pierde, vaga sin rumbo y no le pasa absolutamente nada, y es muy difícil encontrar, entre la sobreabundancia de películas programadas, una que cuente una historia más o menos concreta. Será por eso que aquí la sensación es la de haber asistido a un concentrado e intensivo taller, sin tiempos perdidos.
Aquí el resumen de lo mejor que se ha podido ver en esta edición, y en próximos números se reseñará alguna más que quedó afuera, con las correspondientes entrevistas a sus autores.

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