Retratos para lectores de Baricco
- Última actualización en 08 Febrero 2013
- Escrito por: Ignacio Bajter
Retratos para lectores de Baricco
La última novela de Alessandro Baricco (Turín, 1958) se tradujo en Barcelona y se imprimió en Montevideo por convenio entre la editorial Anagrama, que pronto acabará de ser absorbida por el sello Feltrinelli, y la distribuidora Gussi. Este tipo de enlaces sucede con pocos escritores extranjeros, de los que se espera una réplica, a escala local, del éxito en otros países.
Por aquí Baricco es un escritor que cruza apenas, sin desbordes, la línea de un entusiasmo que casi no se nota. Novelista y a la vez hombre de proyectos de toda clase, escritor de historias suaves con pasajes por el teatro, la ópera y el ensayo (género en el que mezcla, por la vía rápida, literatura y periodismo), en Italia es un fenómeno consumado. Un ideólogo de la literatura contemporánea, una marca de origen, una cara conocida, un copador de suplementos culturales.
Mr Gwyn es la puerta al “mundo que viene” y está ligada, desde el título, a un personaje. Abundan noticias de que la vida editorial en Europa y Estados Unidos tiene las convenciones y contraseñas profesionales (incluso antiliterarias) representadas en esta ficción acerca de un escritor inglés de prestigio. El entorno es Londres, aunque ni la ciudad ni el país en verdad importan. Un día Gwyn, “escritor de moda”, decide no oír a nadie y envía a The Guardian, donde colabora, una lista de cosas que no volverá a hacer, entre ellas escribir. Deja de lado al escritor al que la maquinaria editorial, y ocasionalmente algún lector, asedia. Renuncia a ser el blanco al que agentes literarios y editores buscan de manera constante para obligarlo a hacer un libro nuevo, tenga algo que decir o no, para llevarlo (por lo menos) a que largue el rollo y no deje, jamás, de escribir. Gwyn puede ser un personaje de Enrique Vila-Matas, un caso chistoso de negación literaria, un ejemplo de cómo cortar (sin suicidio) una carrera imparable.
Un aforismo bueno y fácil de memorizar, al principio: “Tout commence par une interruption”. Paul Valéry lo anotó en un cuaderno después de leer, quizá, a Walter Benjamin. Con tres palabras dice mucho del principio de la literatura y de la música en las que Baricco se formó, de la experiencia del tiempo en sociedades aceleradas, una “experiencia” (debería ir con mayúscula) que compartían Valéry y Benjamin. Si el lector espera que algo se desprenda del epígrafe, no habrá nada. Baricco puso un ornamento en la primera página y desbarató una intuición: todo cuanto le sucede al veterano Mr Gwyn, a página y capítulo siguiente, todo lo que comienza a interrumpirse no va más allá de la silueta del propio Gwyn (un escritor plano) y la de Baricco (ídem), de ningún modo la de Valéry en esa frase sobre lo discontinuo. En cada fragmento, venidos de su buena educación literaria, Baricco regresa a las características de su longseller Seda: escritura calculada y ritmo regular, brevedad medida, observación de lo pequeño, admiración por lo supuestamente hermoso y hermosísimo, bello, liviano y transparente, etéreo y frágil.
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