Los que no dan mucho miedo
- Última actualización en 18 Abril 2013
- Escrito por: Sofi Richero
Sobrenaturales
Sobrenatural. 11 escritores, 11 ilustradores es el primer libro enmarcado en la serie de Estuario titulada Cuadernos de Ficción y que a razón de una edición por año promete antologar relatos a partir de premisas de género o de motivos literarios consensuados con un ánimo declaradamente “lúdico”.
Para el caso de Sobrenatural, el título hace declaración de principios y es a riesgo de cada quien –el prologuista Daniel Mella, también él narrador, se desentiende deliberadamente de arriesgar elucubraciones teóricas para ilustrar sobre la especificidad del género– el cómo leer estos 11 cuentos que trafican sus historias recostadas indistintamente en lo fantástico, lo maravilloso, lo siniestro, el terror, el policial o la ciencia ficción. No le cabe un campo claro a estos disturbios ontológicos: aunque la antología sea subsumida en el concepto de lo “sobrenatural”, cada autor sigue una senda en que la perturbación se recuesta sobre límites y posibilidades bien distintas. Y de ahí que se resuma: lo sobrenatural puede ser cualquier cosa en este libro siempre y cuando contravenga las seguridades que pretende lo que llamamos “realidad” y un sacudón de desasosiego consiga hacerse de nuestro espinazo.
Juan Rulfo, por ejemplo, seguramente no encontraría herederos en este libro. Quizás sí los espectros mal o bien digeridos de Hoffmann, Poe, Stevenson o Lovecraft.
Daniel Mella, como se ha dicho, prologuista, diseña en su texto una artera forma de colarse en el partido de los 11, porque también quiere jugar, y narrar, lo dice sin ambages. Las reglas que se autoimpuso para redactar su prólogo acuerdan sobre un asunto que promete lo sobrenatural de una manera absolutamente religada a su condición de prologuista-narrador: ha decidido, en primer lugar, no investigar, teóricamente, sobre la cuestión; ha determinado que hará su prólogo con antelación al material que ha de comentar; ha decidido desechar la posibilidad de analizar los cuentos uno a uno, por separado. Y ha decidido hablar nítidamente, autobiográficamente al menos, de sus propias peripecias con fantasmas.
Que un prologuista arriesgue (dada la verosimilitud o la profesión de fe que el prólogo suele arrogarse en los libros) la propia experiencia con relación a los “espectros”, signa a este libro de una nota ya llamativamente curiosa. Lo mejor de su prólogo, lejos ya de su petición de fe, está en el comienzo. En el principio de su texto deja una imagen de lo sobrenatural que, así de abierta y desanudada, desafía ligeramente a un Todorov: “Desde que la editorial me ofreció escribir el prólogo para este libro, traté de retener la primera imagen que se asoció en mi mente con la palabra sobrenatural. Era una imagen de nieve. Había un manto nevado sobre todas las cosas: sobre los árboles y las casas, sobre nuestros cuerpos y sobre todos los mares, y contra ese delgado manto blanco descansaba el cielo, que bullía con una vida que siempre iba a estar más allá de nuestras imaginaciones más locas. El cielo hacía presión sobre esa especie de diafragma que era la nieve y hacía fuerza para perforarlo y colarse al mundo nuestro”.
El libro es desparejo. Es una pena que el orden de aparición haya sido alfabético y que comience con “Los muertos tienen derecho a un abogado”, de Daniel Baldi (Colonia del Sacramento, 1981), jugador de fútbol en Danubio, en Peñarol, Cerro y Bella Vista, entre otros cuadros, y que tiene en su haber nueve libros editados, porque no hay a la vista trama más trajinada que ésta: hombre que reconstruye un crimen a partir de apariciones en un caserón viejo (o nuevo, o viejo, o nuevo…).
Martín Bentancor (Canelones, 1979), con varios libros publicados y coescritor junto a Rodolfo Santullo (también presente en la antología) de dos novelas policiales y autor de una novela gráfica, compone sin duda el mejor cuento del libro: el paisaje, campero y costumbrista, da la talla con lo que de sobrenatural más arraiga en el libro. Notablemente escrito, de prosa refinada, alarga sentidos que entroncan con nuestra mejor tradición de “sobrenaturalidad” campestre. Y es el que de lejos, o el que más de cerca, nos invita a lo que llamamos “sobrenatural”. .. PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.

