Para leer un Brasil posible
- Última actualización en 23 Mayo 2013
- Escrito por: Alicia Torres
Graciliano Ramos en español
“Los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse”, apremiaba José Martí en Nuestra América, y aunque no aludía específicamente a la ignorancia de los hispanohablantes respecto de la cultura y la literatura brasileñas –baldón recíproco– su consigna me vino a la mente al enfrentar este libro y revivir aspectos de la barrera idiomática que desde tiempos fundacionales incomunica a nuestros pueblos.
Es verdad que cada vez hay más hablantes bilingües de español y portugués, pero estamos lejos de un escenario razonable. Por eso es bienvenida la edición de este volumen que reúne los cuatro títulos fundamentales del corpus novelístico de Graciliano Ramos, traducidos al español a efectos de favorecer vínculos y permitirnos disfrutar el duro placer de la buena literatura.
La atención de Banda Oriental al autor nordestino comenzó en 2004 con la publicación de la novela sertanera Vidas secas –la más breve, una pequeña obra de arte–, continuó en 2007 con São Bernardo y en 2010 y 2012 con las Historias de Alejandro, de raíz folclórica y regional. El libro que se presenta incluye las dos primeras novelas y una nueva traducción de otras dos muy difíciles de conseguir en nuestro medio: Angústia e Infância.*
EL NORDESTE ES EL LUGAR. Nacido en 1892 en Quebrangulo, Alagoas, y fallecido en Rio de Janeiro en 1953, Graciliano Ramos es un genuino representante de la novelística del continente en el siglo xx. De introspección rigurosa y decir lacónico, destaca en los años treinta entre los regionalistas del Nordeste (José Américo de Almeida, Rachel de Queiroz, José Lins do Rego, el primer Jorge Amado) que impusieron una forma inédita de interpretar a Brasil dejando de lado el paternalismo y el exotismo asociados tradicionalmente a la literatura regionalista, rescatando lo nacional a través de la denuncia y explorando un lenguaje nuevo.
Las reflexiones sobre la cultura brasileña suelen atravesar una dicotomía cuyo eje central es la oposición entre un Brasil rural y profundo y el urbano y cosmopolita, hegemónico desde mediados del siglo xx. Mientras Graciliano anunciaba la decadencia social del latifundio, Erico Veríssimo, en el sur del país, instalaba en su literatura la ascensión de la burguesía, el aumento de la proletarización y los dramas de las clases medias emergentes. Pero Graciliano nunca dejó de problematizar las influencias y transformaciones que genera el trasiego del campo a la ciudad: migraciones que reemplazan la miseria rural por la urbana. Más estricto y descarnado que los regionalistas del 20, incide en el regionalismo pero –sobre todo desde el empobrecido nordeste de Vidas secas– lo trasciende. Con él, y después con João Guimarães Rosa, el sertão se instala en el terreno de la alegoría. Los temas de sus novelas no se agotan en protestas contra el estado de indigencia en que vive un pueblo: interrogan el sentido de la vida. Graciliano revela la vida interior de los desposeídos a través de su relación con el medio, expone un conocimiento profundo de la miseria que produce la pobreza, muestra una gran preocupación por la forma y el estilo, pone el acento en la dicción poética. Para pintar el paisaje espiritual de Brasil se vale de una sintaxis clásica, deudora de sus lecturas de Gorki, Zola, Balzac, Machado de Assis, opuesta en buena medida a las búsquedas vanguardistas de los modernistas de San Pablo. Pero su personal lectura del regionalismo, que experimenta con la autorreflexividad y va más allá del naturalismo puro y duro, se fragua también desde el diálogo, muchas veces crispado, con esos mismos modernistas que pretendían una construcción diferente de la brasilidade. La misma que más adelante hará posible la aparición de una de las grandes obras de la literatura brasileña: Grande Sertão: Veredas (1956), de Guimarães Rosa, que combina invención verbal con realidad local.
LITERATURA, IDEOLOGÍA, CINE. Novelista, cuentista, autor de crónicas, periodista y traductor –entre otras obras, de La peste de Camus, en 1951–, Graciliano fue acusado de comunista y encarcelado en el marco de la represión desatada por el gobierno de Getúlio Vargas. En forma póstuma se publicaron los cuatro tomos de sus contundentes Memórias do cárcere, que no llegó a terminar.
Pero es sobre todo en la novelística iniciada con Caetés (1933) –que evoca la ironía de Eça de Queiroz– y completada con los cuatro relatos que reúne el presente volumen –São Bernardo, Angústia, Vidas secas, Infância– donde vuelca sus experiencias de la región natal nordestina con un lenguaje de intensa fuerza expresiva que da cuenta de su mirada ante los más desamparados y se pone al servicio de la justicia y la piedad, registros que lo llevan a fraternizar con Morosoli y Paco Espínola. En 1964 el patriarca del Cinema novo, Nelson Pereira dos Santos, conmovió al jurado de Cannes con su versión cinematográfica de Vidas secas (1963) y veinte años después dirigió Memórias do Cárcere (1984). De 1972 es São Bernardo, del también cinemanovista Leon Hirszman.
LAS NOVELAS. Varios hilos van y vienen entre estas cuatro novelas. La acción de São Bernardo (1934) ancla en la realidad del sertão nordestino, que favoreció un sistema semifeudal de latifundio agrícola. Paulo Honório es un cacique local de sentimientos duros, que narra su historia en primera persona. Después de una infancia miserable luchó con ambición para ascender en la vida aplastando todo lo que se interpusiera, crímenes que describe con cinismo y frialdad. Señor de la hacienda São Bernardo, amo de tierras, animales, hombres y mujeres, a pesar de su despotismo pretende “traer la civilización al sertão”: construye iglesia y escuela, y decide casarse con Magdalena, joven maestra de ideas liberales. Los amores son trágicos. Ella acaba suicidándose al no soportar la brutalidad y desconfianza de su marido, él se hace escritor. El acto de narrar está ligado a la frustración: la escritura como posibilidad de entender. “Esta pena es un asunto molesto. No estoy acostumbrado a pensar”, anota Paulo Honório, quien en la primera mitad de la novela relata los goces del poder y en la segunda la imposibilidad de descifrar el misterio que representa Magdalena. São Bernardo es una novela psicológica y social, que hace gala de la economía extrema de medios expresivos que singulariza la escritura del autor.
Angústia (1936) es una novela ciudadana pero las fantasías del protagonista hallan inspiración en el coraje mítico de los cangaceiros del sertão que conoció de niño. (En Vidas secas las fantasías de Fabiano provienen del mismo universo.) Luis da Silva es un mediocre funcionario público de provincia, escritor de textos por encargo. Se enamora de Marina, con quien mantiene un vínculo erótico hasta que un rico comerciante se la arrebata. Ella queda embarazada, aborta y es abandonada por el amante que termina asesinado por Luis. Después de matarlo, comienza a escribir en primera persona el libro que será Angústia. La escritura es fiel al lenguaje del trastorno: repite, contradice, hay desborde, exceso, tedio, obsesión. El crimen es un catalizador del proceso de escritura en el que convergen las contradicciones de un yo fragmentado más extremo que el de Paulo Honório. Luis da Silva narra su experiencia del desamor y del asesinato, no escatima altivez y el mundo lo humilla, termina en la cama, abatido por la angustia que lo hace delirar... PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.

