A través de las cortinas de humo
- Última actualización en 18 Julio 2012
- Escrito por: Ignacio Bajter
La historia de Koltès con el teatro uruguayo es un poco posterior, data por lo menos de 1992 y persiste. Se dio a conocer con Roberto Zucco, dirigida por Antonio Larreta, y continuó con la traducción de Margarita Musto de En la soledad de los campos de algodón, publicada en Cuadernos Agapá de la editorial Trilce en coincidencia con la puesta en escena de Ernesto Clavijo. La vuelta al desierto y Combate de negro contra perros formaron parte, luego, de dos libros de la serie Teatro Francés Contemporáneo. El cronista Jorge Arias llegó a ver una pieza del "difícil autor" en un sitio favorable: "un suburbio astroso del Cerro". La idea de llevar a Koltès al teatro Florencio Sánchez fue de María Dodera y la obra, para un solo actor, éxito en capitales de Europa desde 1977, había dejado de ser De noche justo antes de los bosques. La última noticia es de 2010, cuando Roberto Zucco fue representada en el Solís por la Comedia Nacional, con dirección de Alfredo Goldstein.
Bernard-Marie Koltès ha hecho trabajar, como se ve, a mucha gente. En estas dos décadas quizá nunca contagió sentimientos furibundos, que le son propios. En los programas de teatro se decía: murió de sida a los 41 años, vivió con entusiasmo, tuvo una inclinación natural a la literatura y pudo ser poeta si lo hubiese deseado. Escribió teatro después de ver a María Casares en Medea, de Séneca, y de enamorarse de ella a primera vista. A los 20 años había estado en Nueva York y permanecía atiborrado de existencialismo. Encontraba aliento en las obras de Jean Genet y Jean Cocteau, a los que mezcló con Salinger. Con violencia y fuerza, en una soledad radical, le daría todo al teatro. En medio escribió cartas, textos autobiográficos y una novela, que fue traducida (bastante tarde) al español. Tras conocer la Unión Soviética y afiliarse al Partido Comunista francés, en 1974 Koltès empezó a escribir La huida a caballo hacia lo profundo de la ciudad, a la que dio por terminada dos años más tarde. Según una cronología que divulga Les Éditions de Minuit, en 1975 el novelista casual estaba al límite: "Tentativa de suicidio. Droga. Desintoxicación. Koltès se instala en París". Al final de la década viaja por América Latina y África y se baja del Partido. Esta vida fuera de lo común ha merecido, hasta ahora, dos biografías.
La única novela de Koltès es un juego de ficción exasperante. Se cierra de tal manera a una época que no funciona bien en otra. La huida a caballo... hubiese tenido eco si corriera el año 1984, cuando se publicó en francés. Algunos narradores de esta región, jóvenes y libres, pudieron haberla imitado. Habla de la noche en una ciudad inmensa y sucia, de la vida del hampa, de la angustia y la persecución. Como otras veces, el ámbito es el de la transa. Las expresiones (es esta una novela de expresión) se ciñen a la oscuridad y la violencia, la marginalidad, la caída en el "agujero de la existencia". Para representar lo ilícito Koltès escribe una novela psicótica. Como en el género todo es posible, las frases pueden quebrarse y formar poemas (Heiner Müller lo ve trabajar a lo Faulkner), y los vacíos de la imaginación (constantes) pueden cubrirse con el talento de dramaturgo, algo que a Koltès le sobraba. Para cruzar las voces que dan forma al indócil relato usa recursos teatrales sin los cuales no habría novela. Las escenas son invariablemente imprevistas y las soluciones, cuando suceden, aparecen varias páginas después de abierta la digresión, la buscada ruptura de la "fijeza causal". Como novelista Koltès está varios escalones por debajo de sí mismo. 62 / Modelo para armar es el libro con el que se pueden establecer parentescos rápidos. El lector tiene el trabajo de crear el montaje. Cortázar decía en 1968, a los sorprendidos, que la "transgresión" de algo así no es tal, en todo caso "el prefijo se suma a los varios otros que giran en torno a la raíz gressio: agresión, regresión y progresión". De La huida a caballo hacia lo profundo de la ciudad puede decirse lo mismo: transgresivo, agresivo, regresivo...
En el comienzo desaparece un gato y una mujer maldice la ciudad. En la noche en la que todo sucede los personajes, cuando no alucinan, ven al gato perdido. Y todos coinciden en un lugar: la casa de Barba, que acaba de ser despedida de La Zarpa Roja. Los personajes son pocos y desgraciados: la hermana de Barba (liberada de un hospital psiquiátrico), un cafisho con carrera y un cafisho joven y rebelde (Barba no sabe a cuál querer y Koltès elige a Cassius, el segundo), policías encubiertos y capos de la noche que no es claro si son traficantes o agentes antinarcóticos. El clima es denso y borroso y hay que seguir la pista al tanteo y adivinar cómo es el fin de la noche en la Colina de los Canallas. Koltès tiene dos modelos, extremos ambos: el de quien decide narrar un día en la vida de un hombre (L Bloom, 16 de junio de 1904) y el de quien encuentra 99 variaciones de una misma situación, la de aquel "ridículo joven" abrigado, con problemas con un botón del saco, que se desplaza en ómnibus de una estación a otra en un libro famoso de Raymond Queneau.
La novela no pierde el impulso emocional, no enfría la pulsión del lenguaje, suma símbolos y, en la "huida" del título deja algo pesado por el camino. Koltès no volvió a reincidir en la narrativa (estos "ejercicios de estilo" son únicos). Dice la contratapa que el texto es "alucinógeno y fulgurante". No es, no puede ser "alucinógeno", ni siquiera lo son los poemas de Baudelaire. Sólo en páginas salteadas es "fulgurante": cuando se cuenta la historia de un ahorcado, por ejemplo, y cuando Cassius, el tipo que haría lo que fuera para conseguir 100 francos, ve gente amontonada en la noche, bailando en un antro, y piensa llevarlos al único destino que los hará decorosos: la revolución. En 1976 algo así no es posible y Koltès, sin salida, queda atrapado en una novela negra y de derrota total, un puzle al que hay que inventarle buena parte de las piezas.

